Y sin embargo se mueve

Sin jactancias ni más elementos que la urgencia, las calles del centro porteño se poblaron de trabajadores. El porvenir dirá si se trató de una bisagra en la experiencia del Frente de Todos. | Por Pablo Dipierri

Eppur si muove es la frase que habría proferido Galileo Galilei ante el tribunal de la Santa Inquisición, donde fue juzgado por sostener la hipótesis de que la Tierra se movía alrededor del Sol.

En tiempos de quietud e incertidumbre, la movilización de las centrales sindicales, los movimientos sociales y las agrupaciones políticas demostró ayer que, a pesar de la convocatoria difusa o la dificultad para la síntesis política, la militancia tiene hambre de calle.

Por supuesto que no es suficiente y que una marcha con tintes de city tour no resuelve los problemas de la sociedad pero ayer se destapó un ratito la olla a presión. Puede que en la coalición oficialista haya actores que prefieran atajar los arrebatos de bulla y otros que se sientan más cómodos con la mística de bombos y choripanes para dinamizar la política pero lo importante es que la manifestación dejó un claro mensaje a la Casa Rosada y los dueños del Poder Real: no jodan más, podría ser la frase que lo resume.

El triunviro de la CGT Pablo Moyano fue el más claro al emplazar al presidente Alberto Fernández a que ponga lo que tenga que poner y que vaya contra los formadores de precios porque el pueblo lo va a bancar. Pero también es una novedad que sus colegas cosecretarios, Héctor Daer y Carlos Acuña, dejaran trascender que aceptarían un aumento generalizado por suma fija y, eventualmente, la reapertura expréss de paritarias.

Que sin embargo se mueve también vale para la política dentro del Frente de Todos. Porque aunque permanezca en silencio frente a las medidas antipáticas que anuncia el equipo de Sergio Massa -después de haber confrontado a Martín Guzmán por menos-, el kirchnerismo no duerme. Anoche, el ministro del Interior, Eduardo «Wado» De Pedro, participó de la cena del Consejo de las Américas en el palacete del Hotel Alvear y, frente a lo más granado del empresariado, convocó a «hablar sin intermediarios» e instó a la platea «a un acuerdo político». Remember el 9 de mayo de 2019, cuando Cristina Kirchner interpeló a la militancia para construir un nuevo contrato social de ciudadanía.

Quizá resulte ardoroso verlo en medio de una bruma espesa y pegajosa pero la historia no terminó. Es cierto que los sectores dominantes prevalecen, que el gobierno está contra las cuerdas, que las bases de sustentación están agotadas y desahuciadas y que el establishment se relame con el regreso de la oposición al sillón de Rivadavia.

Para muestra, basta un botón: ayer los portales de Clarín, La Nación e Infobae se engolosinaron con la filtración acerca de que Massa les habría confesado a los miembros de la Mesa de Enlace que no sería candidato a presidente en 2023.

En el fondo, muy en el fondo, los gerentes de la Argentina tienen pánico a que el peronismo porfíe con su capacidad de resurgir. No alcanza con que tapicen el país entero con la leyenda de que el kirchnerismo terminó… porque sin embargo se mueve.

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