Volver al futuro

Alberto Fernández fijó el horizonte político del Frente de Todos en 2023. Con toda claridad, dijo que las candidaturas se definirán en primarias abiertas y, sin hacerlo explícitamente, manifestó su deseo de ir por la reelección. | Por Pablo Dipierri.

El presidente Alberto Fernández inauguró ayer, frente a una Plaza de Mayo colmada por organizaciones sociales, sindicales y políticas, la segunda etapa de su gobierno y se lanzó a la pelea por su reelección. Tres días después de la derrota en comicios parlamentarios con sabor a victoria por la remontada del oficialismo en Provincia de Buenos Aires y batacazos como los de Chaco y Tierra del Fuego, el Jefe de Estado dijo que “el triunfo no es vencer sino nunca darse por vencidos”, y cifró metafóricamente su anhelo por dar batalla en la próxima cita con las urnas.

Además, sostuvo que en adelante la fuerza política que encabeza resolverá colectivamente y de cara a la sociedad las candidaturas del último concejal hasta el Presidente de la Nación, despidiéndose -al menos para el ágora- de la costumbre de pugnar por la lapicera y usufructuar por la selección de postulantes a dedo. Y en la misma dirección, llamó a toda la militancia a abrir “los locales”, léase unidades básicas u otros enclaves territoriales, para robustecer la coalición gobernante, cuya traducción más ajustada realizó el domingo por la noche el gobernador Jorge Capitanich cuando destacó la necesidad de “institucionalizar” el frente durante la cobertura especial de FM La Patriada.

Ya en la reunión que mantuvo la semana previa a los comicios con dirigentes gremiales y referentes de movimientos sociales, el primer mandatario habría expresado sin ambages que pelearía por revalidarse en el cargo. Aunque diversas fuentes desmintieron la especie ante este medio, el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, dejó caer al aire, en declaraciones a Radio Con Vos, que su compañero de gabinete en los albores kirchneristas tenía derecho a volver a presentarse dentro de dos años. Lo propio pero con matices hicieron en la previa del acto que el PJ bautizó con el nombre “Todos Unidos Triunfaremos”, verso épico de la Marcha Peronista, tanto el líder del Movimiento Evita, Emilio Pérsico, como el diputado y secretario general del sindicato de Curtidores, Walter Correa.

El espaldarazo al Presidente constituye el anverso defensivo frente al avance de los grupos económicos que impulsaban bajo bocetos de incursiones televisivas o tuiteras para opositores el cercamiento político a la Casa Rosada, arrebatando la Presidencia de la Cámara de Diputados, sembrando algaradas vecinales contra la inseguridad en el conurbano o insuflando fiebre al dólar. En ese sentido, urgía un blindaje para que ni propios ni extraños convirtieran a Fernández en el clásico “pato rengo”, con dos años de mandato por cumplir.

El más audaz de los apoyos procedió del jefe de bloque de ediles del FdT en la Legislatura porteña, Claudio Ferreño, desconocido para el grueso del padrón pero curtido contertulio de Alberto en añejas aventuras del peronismo porteño. “Alberto tiene resto y respaldo político para pelear por una candidatura y ser reelecto en 2023. Allí estaremos”, sostuvo en un comunicado en el que también se presenta como presidente del partido ParTE.

La organicidad y el movimiento

Tal como venía informando esta emisora, en Olivos se masticaba desde el inicio mismo de la gestión la conformación del Frente de Todos bajo una orgánica que imprimiera dinamismo, ordenamiento y vida interna a la construcción política. En febrero de 2020, Capitanich le presentó a Fernández un proyecto escrito que versaba sobre el asunto pero la pandemia y la vorágine condenaron la iniciativa al olvido. El saldo perdidoso del escrutinio empuja ahora al gobierno a rascar el fondo de la olla y, por lo demás, cualquier derrota electoral abre en el peronismo ínfulas de deliberación a la intemperie.

Bajo ese prisma, el acto reflejo es encauzar esas discusiones y tramitarlas de forma tal que robustezcan la coalición y fortalezcan al gobierno. También la actual vicepresidenta, Cristina Kirchner, lanzó Unidos y Organizados en marzo de 2012, en el estadio de Vélez Sarsfield, para nutrir al Frente Para la Victoria con las pulsiones de las agrupaciones más silvestres que no se rendían a la incorporación de las estructuras partidarias que integraban esa experiencia gubernamental. Y de hecho, ese espacio multiplicado y expandido por todas las jurisdicciones sirvió para contener demandas y catarsis de la militancia luego de la ruptura con Sergio Massa en 2013. La institucionalización del frente en vías de desarrollo podría abrigar objetivos similares.

Quizá no resulte sencillo que las organizaciones con más volumen admitan que cada cual lleva en su mochila un bastón de mariscal, porque a pesar del empoderamiento popular que el kirchnerismo cultivó hasta 2015 no es fácil conducir bases ariscas al cabo de batallas aciagas. No obstante, el entorno de Fernández alimentó el correveidile de que el Presidente se mira en el espejo del Frente Amplio que renguea al otro lado del Río de la Plata. Al parecer, la figuración sería –graciosa pero necesaria- la de un peronismo a la uruguaya en un país que financia derechas a la chilena.

Por más moderado que parezca ese horizonte, el desfiladero no ofrece demasiada anchura. Un sindicalista combativo que propinó sendos dolores de cabeza al macrismo argumentaba en estos días que la lucha por venir será la de hacer crecer al gobierno pero desde el gaseoso centro ideológico, fetiche de consultores y timberos que apuestan a la neutralización de las pasiones argentinas.

Una pregunta parecida surgirá llegado el momento sobre los nombres de quienes se anoten en las PASO del oficialismo. Si la competencia interna abriera listas con una integración empatada que represente o sintetice a los mismos espacios en cada nomina se asistiría al mismo loteo del gabinete en parda que ralentizó la primera parte del gobierno en curso.

Abordado por cronistas después del discurso presidencial, el titular de la cartera de seguridad fue consultado acerca de la posibilidad de que sean las primarias “una herramienta para ordenar ese frente” al estilo de la república charrúa. “La primaria es la interna. La que viene hay que jugar a la interna y se terminó. ¿Tanto discutimos? Bueno, listo. Vamos y peleamos”, retrucó.

Desde ayer, el DeLorean albertista tiene la fecha puesta en junio del 23, cuando se cumplan 50 años de la tercera elección de Juan Perón, 40 años de democracia ininterrumpida y 20 años desde el ascenso de Néstor Kirchner.

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