Violencia política en Brasil en plena campaña electoral

Dos ataques contra el líder del PT y el asesinato del tesorero del partido ponen en alerta al vecino país. Bolsonaro, en modo Trump, parece dispuesto a todo. | Por Augusto Taglioni

Dentro de tres meses, habrá elecciones en Brasil pero el escenario se ha tornado más polarizado y violento. En las últimas 4 semanas, se registraron tres hechos de violencia política que aumentan las armas en el entorno de Lula y el Partido de los Trabajadores.

En junio, el ex Presidente participó de un acto de campaña en Belo Horizonte para apoyar al candidato a gobernador Alexander Kalil. Allí, un dron arrojó una bomba casera con material fecal y orina que explotó cerca del escenario.

Ya en julio, una persona se infiltró entre los seguidores del PT en un mitin de campaña en Río de Janeiro e intentó atentar contra la figura de Lula que, afortunadamente, no llegó a destino.

El último y más grave episodio de violencia política se produjo en Foz Iguazú, cuando un policía identificado con el bolsonarismo asesinó al grito “acá es Bolsonaro” a un guardia y al tesorero del PT que celebraba su cumpleaños número 50.

Bolsonaro no dijo nada hasta último momento, lo que expone su voluntad de habilitar este tipo de actitudes con el mar de fondo de un eventual no reconocimiento de los resultados de las elecciones en caso de una derrota.

Las encuestas indican eso y la distancia entre Lula y el actual presidente de Brasil se ubica entre 15 y 20 puntos, dejando al líder del PT al borde de un triunfo en primer turno. Por eso, ante la incapacidad de estabilizar la economía y frenar el alza de precios, Bolsonaro apuesta a su núcleo duro para agitar el avispero y embarrar el proceso electoral.

La semana pasada, la revista Veja filtró una reunión de militares que avalaban la teoría del fraude electoral y ponían en duda el sistema del voto electrónico. Si bien desde las institucionalidad militar aclaran que harán la venia a Lula si es electo, en el sector que forma parte del Gobierno juegan con la posibilidad de apoyar una cruzada al estilo Trump.

La violencia previa es un instrumento para eso y especialmente, como viene haciendo Bolsonaro, jugar al filo a la hora de romper con las tradiciones democráticas del país que gobierna. Aunque cuenta con una base de apoyo civil, militar y policial para hacerlo, no cuenta con un contexto internacional como espalda para legitimarse. Con lo cual, el objetivo será embarrar condiciones y perjudicar al gobierno que viene.

Esto no es nuevo, cabe recordar el ataque a balazos a la caravana del PT durante la campaña presidencial de 2018 y el asesinato de Marielle Franco, como antecedentes de violencia política en Brasil y los vínculos del bolsonarismo en este trágico hecho.

En paralelo, Lula aparece en todos los actos públicos con chaleco antibalas y decidió contratar al militar retirado Gonçalves Dias, conocido como su «sombra» durante sus dos mandatos presidenciales, a formar nuevamente parte del equipo de seguridad del PT. Con el pseudónimo de GDias, el general retirado pasó a compartir la coordinación de la seguridad de Lula con Valmir Moraes, jefe de seguridad desde 2011.

GDias estará enfocado en la seguridad personal de Lula y, en especial, en el control de los actos de campaña. Según pudo averiguar La Patriada, la preocupación no es nueva y ya hace dos meses se empezó a reforzar la seguridad del líder del PT, cuando se oficializó su candidatura en un gran evento en São Paulo.

La preocupación es máxima y el alerta está activada. Bolsonaro está dispuesto a cruzar todos los límites y eso pone a Brasil en un contexto de incertidumbre que no existe desde el retorno de la democracia.

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