Ventana temporal para liquidación del agro

El BCRA dispuso que, hasta fines de agosto, los ruralistas liquiden su cosecha por un 30% de sus ventas al exterior en billetes verdes y el 70% restante en una cuenta en pesos a la vista, pero atada a la variación de la divisa norteamericana con reaseguro ante cualquier modificación del tipo de cambio. | Por Pablo Dipierri

Aunque formaba parte de la batería de iniciativas discutidas en palacio, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) sorprendió ayer a las corporaciones agroexportadoras con el anuncio de «un nuevo instrumento» con el propósito de que los productores «vendan su cosecha de soja, en la misma línea de los beneficios que reciben las industrias manufacturera, energética y del conocimiento que incrementan sus exportaciones». Tales fueron las palabras que eligió el Directorio de la entidad para comunicar esa definición.

Hasta el 31 de agosto, los ruralistas gozarán de una ventana de tiempo para liquidar los millones de toneladas de soja que estoquean en las silobolsas a cambio de entregarles un 30% en dólares (formación de activos externos) y el 70% restante en una cuenta en pesos a la vista pero atada a la variación de la divisa norteamericana y con reaseguro ante cualquier modificación del tipo de cambio. «Se permitirá que los productores realicen un depósito a la vista en las entidades financieras con retribución diaria variable en función de la evolución del tipo de cambio A3500, conocido como Dólar Link, por hasta el 70% del valor de la venta de granos», explicó la autoridad monetaria, y agregó en el mismo parte oficial: «además, por el 30% restante se permitirá la Formación de Activos Externos, al valor del dólar oficial más el impuesto PAIS y las retenciones a cuenta que percibe la AFIP».

Técnicamente, el BCRA fundamentó la medida bajo el diplomático objetivo de «equilibrar a los productores agropecuarios con los beneficios que disponen los distintos sectores productivos, entre ellos, la libre disponibilidad de divisas por el incremento de las exportaciones que se realicen respecto del año anterior que aplica a la industria manufacturera; el Régimen de Fomento de Inversión para la Exportación o el régimen para la industria del Conocimiento que permite aplicar parte del incremento de las exportaciones al pago de la masa salarial».

Políticamente, el anuncio produjo un desparramo más grande en la Mesa de Enlace que en la base de sustentación del Gobierno nacional. Los máximos referentes de la entente agraria constituida durante el emblemático conflicto por la Resolución 125/2008 habrían acordado no pronunciarse sobre el texto hasta que sus asesores no les brindaran un análisis pormenorizado de impactos y beneficios. Sin embargo, se les escapó el bueno de Carlos Achettoni, titular de la Federación Agraria, quien declaró a la señal de cable Todo Noticias (TN) que «los exportadores y los sectores concentrados podrían liquidar».

Fuentes del Ministerio de Agricultura desmintieron el fin de semana que la idea de esta resolución contemplativa para con los pooles y terratenientes hubiera sido propuesta al presidente Alberto Fernández por el jefe de esa cartera, Julián Domínguez, bajo el pretexto de que la conducción política del sector aseguraba que no venderían lo que estoquean en sus silobolsas con ningún tipo de desdoblamiento cambiario. No obstante, las estimaciones oficiosas sugieren que los 20 millones de toneladas guardadas están en manos de alrededor de 40 mil ruralistas, y esa cifra permite una apuesta a que la atomización debilite la influencia de las voces de la Sociedad Rural y Coninagro sobre ellos.

«Hasta no tener una idea clara del tema, no vamos a adelantar opinión alguna», respondían ayer a este medio desde la Mesa de Enlace, y añadían: «estamos analizando la disposición junto a nuestros técnicos y a técnicos de las entidades vinculadas a la operatoria de granos». «Hay una diversidad de casos y cada uno de los mismos tiene diferentes interpretaciones y seguramente diferente aceptación o no de la medida», concedían en off.

 

Dolor dólar

Así las cosas, existe la moderada posibilidad de que el Estado capture una pequeña pero tranquilizadora porción de dólares disponibles tras la venta de soja al exterior y se cubra provisoriamente con la manta corta para postergar los apetitos devaluatorios. Por eso, no llama la atención que las tapas de los diarios económicos siembren el ágora pública con la idea de que la ministra de Economía, Silvina Batakis, ajusta y ratifica las metas acordadas con el FMI y la vicepresidenta Cristina Kirchner la apoya.

La complejidad de la etapa no da margen para buenas noticias. Y para colmo, las malas se comunican en días de extrema sensibilidad para el peronismo, como el de la conmemoración del septuagésimo aniversario de la noche en que Evita pasó a la inmortalidad.

Pero lo peor que puede hacer un dirigente de talla en estas circunstancias es no activar los anticuerpos de la explicación que inyecte esperanza y mística en su base de sustentación. Puede, incluso, operar esas narrativas por circuitos que no sean públicos pero sí capilares para llegar con su mensaje a la militancia, abrazándola y conteniéndola, animándola e inspirándola o, fundamentalmente, conduciéndola.

Cuando no hay novedades auspiciosas, los líderes plebeyos tienen que encontrar la forma de ordenar las multitudes que constelan bajo las causas que su nombre expresa y prepararlas para la lucha, sea para avanzar o para aguantar.

Si los dueños de todo expanden la oferta del caos, el campo popular tiene que organizar la incertidumbre para fortificar su territorio. Si la derecha amenaza con la profundización de la crisis, el Frente de Todos no se puede quedar sin política. Y la política, en última instancia, es hablarse para actuar coordinadamente contra los que actúan para que no se hable más.

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