Trelew tiene una hazaña

Semblanza de la tierra y el pueblo donde se produjo la fuga de militantes revolucionarios que terminó en masacre. | Por Raisa Giussi

No hay mucho que puedas contar de tu ciudad si naciste en Trelew. No tenemos muchos famoses, a excepción de algunos boxeadores que tuvieron su gloria y algún que otre deportista. Tenemos un hermoso museo paleontológico y, cerquita, tenemos mar, ballenas, lobos marinos.

Les que crecemos acá, alejades por 1500 kilómetros de la Capital Federal no solo formal sino política del país, lo hacemos con ese sentido de alejamiento de lo importante. Esa rara sensación de que la historia no pasa por acá sino que sucede allá lejos entre edificios y porteños apurados.

Por algún perverso y extraño sentido del federalismo, el horror tenía guardada su parte para cada rincón de la Argentina. Y muchos y muchas jovenxs de lxs que vivíamos en Trelew lo descubrimos en aquellos primeros actos del 22 de agosto de los que participamos con apenas 13 o 14 años. Largas caravanas hacia el aeropuerto viejo por la ruta, siempre con frío y siempre con viento, claro que sí, que arrecia fuerte ahí donde la única vegetación que hay no mide más de 50 centímetros. Caminábamos hacia esa construcción desolada y derruida llena de graffitis que nos alojaba a un puñado que todos los 22 nos juntábamos a evocar a los mártires en esa pista de aterrizaje, cortada por el cielo patagónico y la meseta y, sobre todo, a conjurar el mundo y la patria que soñaron.

Es un lugar que hasta hoy te pone la piel de gallina. El lugar desde el que podrían haberse fugado de su prisión política hace 50 años atrás las cúpulas de las principales organizaciones armadas. Pero que, por una serie de eventos desafortunados, terminó en una masacre. Y en el comienzo de la mentira, la tortura y la desaparición como política de Estado.

Pero el pueblo de Trelew no fue un espectador pasivo frente a la injusta situación de los presos políticos de la U6. Se organizó en una comisión de solidaridad, sus pobladores se convirtieron en apoderados de los presos, alojaron a sus familiares que venían a visitarles, llevaban mantas, cigarrillos, sosiego, esperanza.

La comisión la conformaban personas de todos los partidos políticos: radicales, peronistas, comunistas, socialistas, y militantes de los otros. De esos que quizás no tienen un programa o una articulación de preceptos, una estrategia para llegar al poder (y quizás no la necesiten), pero que se mueven en la vida creando redes, gracias a un enorme sentido de la solidaridad y de la justicia.

Dos meses después de que fusilaran a los presos en la Base Almirante Zar, la dictadura se llevó a 16 integrantes de la comisión, y el pueblo copó las calles y el Teatro Español frente a la Plaza principal hasta que liberaron al último de los detenidos.

De esa comisión hoy sólo quedan entre nosotres tres personas. Mejor dicho: tres mujeres.

Trelew no tendrá muchos atractivos turísticos, ni shoppings con escalera mecánica o cadenas de comida rápida. Pero tiene una hazaña. Una hazaña histórica de solidaridad, organización y coraje en épocas de terror, de la que todavía podemos y tenemos mucho que aprender.

Hace unos días atrás, se subieron a un avión de aerolíneas los familiares de todos los presos que no llegaron a subir al avión que iba al Chile de Salvador Allende, y entonaron un cantito que decía:

Compañerxs, Compañerxs

No nos pudieron vencer

Somos la memoria viva

De lxs héroes de Trelew

 

Pasaron 50 años

Y no vamos a olvidar

Que en Trelew nos enseñaron

Que el camino es la unidad

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