Trabajar y cuidar

El incremento de la participación de las mujeres conductoras en el servicio de transporte de pasajeros UBER y la persistencia de las lógicas de la división del trabajo y el reparto de tareas al interior del hogar. | Por Marina Luz García

Las mujeres están menos representadas en el servicio de transporte de pasajeros. Los estereotipos sexistas sostienen y contribuyen a la reproducción de las desigualdades y tienen efectos contundentes en el acceso y la permanencia de las personas en el mercado de trabajo.

En Argentina, sólo 3 de cada 10 licencias de conducir están en manos de mujeres, relación que se mantiene constante en las últimas décadas. El dato pone en evidencia las desigualdades en torno al acceso a la movilidad, el espacio público, el trabajo, la educación y el pleno desarrollo de sus capacidades. Al mismo tiempo, los varones participan mayoritariamente brindando el servicio de transporte público de pasajeros.

Como tantas otras, la habilidad del manejo está desigualmente distribuida entre las personas y de acuerdo al género. La división sexual del trabajo es un proceso de larga data que ha ido configurando prácticas, saberes, discursos, habilidades y también espacios laborales masculinizados y feminizados. Esa división – cada vez más objeto de reflexión y deconstrucción-  representa un modo a través del cual las sociedades organizan el trabajo y la vida cotidiana asignando tareas y responsabilidades diferenciadas a varones y mujeres. Esos modos de organización tienen implicancias severas en el mundo del trabajo.

Históricamente, las diferencias biológicas entre los sexos y la capacidad reproductiva de las mujeres determinaron ese sistema de asignaciones. Por ejemplo, los cuidados para la reproducción de la vida se volvieron “naturalmente” tareas femeninas, a realizarse en el espacio doméstico, privado, íntimo, familiar y de manera no remunerada. Las tareas “domésticas” y de cuidados incluyen, entre muchas más, la compra y preparación de los alimentos; la gestión e higiene del hogar; el acompañamiento escolar; el cuidado de las personas enfermas. A propósito, en 2020 se conocieron datos relevantes en torno a esta cuestión, en tanto los cuidados constituyen un sector estratégico de acuerdo al importante aporte que representan en el Producto Bruto Interno del país. Cuando las tareas domésticas y de cuidados son realizadas fundamentalmente por las mujeres, se afecta su participación en el mercado de trabajo incidiendo, entre muchos aspectos más, en la percepción desigual de ingresos con respecto a los varones, en el desarrollo y progreso en sus carreras laborales y en sus niveles de autonomía económica.

 

La incorporación de mujeres a través de UBER

Desde la llegada de Uber al país en 2016, se produjo un fenómeno interesante para analizar.  De acuerdo a los datos de un estudio del CIPPEC sobre el trabajo a través de plataformas digitales (apps), el total de personas que trabajan a través de alguna app representa el 1% del conjunto de las y los trabajadores en Argentina; se trata de espacios de trabajo predominantemente masculinos, siendo que 4 de cada 5 trabajadores son hombres. Específicamente, en el caso de UBER, se calculaban cerca de 55.000 trabajadores conductores activos en el Área Metropolitana de Buenos Aires para 2019, pero las mujeres constituían el 11% de la fuerza de trabajo en esa actividad durante el primer semestre de 2018 y para junio del año siguiente esa participación se había incrementado en un 110%.

Por eso surgió la pregunta en una investigación reciente acerca de si la creciente incorporación de trabajadoras mujeres en una ocupación tradicionalmente masculina configuraba un contexto laboral más «permeable» y de debilitamiento de los procesos de segregación de género. El trabajo incluyó una serie de entrevistas a mujeres y varones conductores que desarrollaban la actividad en el Área Metropolitana de Buenos Aires, a comienzos de 2020, y la indagación respecto de la actividad que desarrollaban, los desafíos que enfrentaban, los beneficios que adquirían y sus propias lecturas sobre la modalidad independiente que las apps como UBER promueven para reclutar conductores y conductoras.

El carácter independiente que promueve el trabajo a través de las apps adquiere sentidos diferentes para varones y mujeres. Cuando remite a una percepción de libertad respecto al uso u organización del tiempo, allí coinciden conductores y conductoras en torno a las facilidades que les presenta el trabajo mediado por la aplicación. Sin embargo, mientras que para los varones la modalidad independiente representa una oportunidad para escapar de relaciones laborales típicas de dependencia y de rendir cuentas y cumplir órdenes; para las mujeres la independencia es un factor que les aliviana las dificultades cotidianas en la conciliación con las tareas hogareñas y las responsabilidades del cuidado.

María del Carmen tiene 39 años, vive con su hijo de 6 años y así relata aspectos de su organización cotidiana: “Mirá, yo… mi horario que hacía, como te decía, era dejar a mi hijo al jardín a las 9 y, de ahí, arrancar hasta las 4 y media, 5, 6, depende, o para poder retirar a mi hijo del jardín o se lo llevaba al papá, pero bueno… mi horario era de día. Y yo sé que de noche se gana mucho mejor, hacés viajes por ahí más copados, más cara la tarifa; y a la mañana, bien temprano, también. O sea, yo tengo ese impedimento. En realidad, no sé si es un impedimento, pero es lo que me toca, digamos, que es tener un niño pequeño. Entonces los horarios me los acomodo cuando no está él”.

De cara al imaginario de una soberanía absoluta respecto al uso del tiempo que se traduce en “encender y/o apagar la aplicación” a discreción de los y las conductoras, el aparente dominio sobre la app conduce a los varones a decidir jornadas de trabajo en franjas horarias más redituables, que coinciden con las rutinas que organizan la vida social en su conjunto en las ciudades: la mayor demanda del servicio coincide con los horarios de ingreso y egreso del trabajo o con las franjas nocturnas de los fines de semana.

Luego de 10 meses de atravesar una situación de desempleo, Alejandra (40 años), quien vive con su esposo y cuatro hijos, comenzó a trabajar como conductora en Uber y, de acuerdo a sus palabras, “es la única opción que tuve (…). Para mí es un rubro súper masculino, pero vas viendo que hay cada vez más chicas conduciendo, también hay más taxistas chicas, ¿entendés? O sea, por todos lados vamos como creciendo. (…) El hombre solo maneja. Y la mujer es como que va en el auto, y va pensando en los chicos, el colegio, no sé qué, los trámites que tenía que hacer, la casa, ¿entendés? Entonces es como que siempre la mujer es mucho más abarcativa en cuanto a su vida. Generalmente, no está sola. Tiene hijos, cosas de las qué ocuparse. El hombre solo va y viene a trabajar, ¿viste? (…) Ganamos lo mismo, o sea, acá lo que te estipula lo que ganás son los viajes que hagas. Entonces, si vos haces 12 horas de corrido y qué sé yo, ganás lo mismo que cualquier hombre que haga 12 horas de corrido. En eso, no hay desigualdad. Lo que digo es que para una mujer es muy difícil hacer 12 horas de corrido, ¿se entiende?”. Para las mujeres, las desventajas de origen se vuelven un obstáculo para el manejo nocturno y, en muchos casos, la percepción de la inseguridad o peligrosidad callejera las disuade de intentarlo; a la vez que los horarios estándares de los ingresos y egresos laborales en la ciudad son coincidentes con los tiempos de los ingresos y egresos escolares, responsabilidades asumidas también en gran medida por ellas.

Para Evelyn, una conductora de 46 años, de nacionalidad venezolana y con dos hijos menores de edad, trabajar en UBER “está bueno”. “Manejo mis horarios, puedo estar con mis hijos a la hora de algún problema (…). En un trabajo normal no puedo decir ‘ya vengo, tengo que ir a buscar a mi hijo..’. Entonces por eso me pareció súper buenísimo, espectacular, trabajar con Uber. Manejo mis horarios (…). A mí me ha tocado cerrar la aplicación y salir corriendo por alguno de mis hijos”, cuenta.

Según Vanesa, mujer de 43 años que vive con su esposo y tres hijos, Uber es una oportunidad perfecta para una mamá.  Su perspectiva en torno a la conciliación pone de manifiesto, como se advierte en otros relatos, que la independencia que supone la aplicación digital representa fundamentalmente aquello que el trabajo “normal” clausura: criar a los hijos en una perspectiva que supone cercanía, contacto, omnipresencia en las situaciones y escenarios típicos del cuidado y modelados socialmente como responsabilidades femeninas. “Eso es lo bueno de Uber, vos… o sea, largás y volvés de donde estés, venís o si te necesitan (…). Lo que yo siempre hice fue salir a la mañana, juntar plata, traer para la comida y hacer la comida y, después de comer, a las 5 de la tarde, salir de vuelta (…). A mí me parece súper flexible para una mujer, ¿sabés lo que es que de repente podés ir a un acto de tu hijo, podés ir al dentista, podés ir al médico, podés ir y venir, podés hacerles la comida y no te impide laburar y hacer eso? Es algo que no lo tenés en muchos trabajos, (…) yo nunca lo tuve en mi vida esto, de poder ser independiente y además tener un ingreso con el cual tengas plata todos los días, por un lado, está bueno porque tenés todos los días y la flexibilidad horaria para poder criar a los hijos (…). A mí me encanta la flexibilidad que tiene uno con Uber, para mí, para la mamá, es perfecto”.

En las experiencias cotidianas de las mujeres, el carácter independiente se inscribe en una suerte de tranquilidad, representada por la cercanía con las y los hijos y con sus cuidados.  Al mismo tiempo, sus testimonios ponen de manifiesto el reconocimiento de un conjunto de barreras materiales y simbólicas y advierten los condicionamientos de género, cuando comparan sus realidades con las de los varones dentro de la misma ocupación.

El trabajo en UBER representa para ellas una oportunidad que facilita la conciliación con los cuidados, a la vez que demanda de su parte esfuerzos desmedidos cuando esas responsabilidades recaen fundamentalmente en ellas mismas. El contexto de la pandemia dejó claramente expresados estos condicionamientos y, en muchos casos, les impidió trabajar al no contar con la escolaridad presencial. Cuando los cuidados y el proceso de conciliación recaen de modo desigual en las conductoras, persisten dinámicas que estructuran las desigualdades de género en el mundo del trabajo. La inserción de las conductoras en Uber cuestiona algunas dimensiones de la división sexual del trabajo que excluye a las mujeres de las actividades de manejo. Aun así, el modo en que desempeñan su actividad a través de la aplicación refuerza, reproduce y acentúa otras desigualdades de género.

 

  • Marina Luz García es investigadora de la Universidad Nacional de General Sarmiento  mgarcia@campus.ungs.edu.ar

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