Testimonios de un perito contra la impunidad

El perito Guillermo “Willy” Pregliasco narra sus cavilaciones y hallazgos para el esclarecimiento de los fusilamientos en la Masacre de Trelew | Por Fabián Waldman

Guillermo “Willy” Pregliasco es Doctor en Física por la Universidad de Buenos Aires. Estudiante de la Facultad de Ciencias Exactas durante la dictadura, participó de la construcción de la herramienta gremial de su claustro en los albores de la era predemocrática: el centro de estudiantes. En esa época ya mostraba sus convicciones claras.

Más de 40 años después, es el Director del Grupo de Física Forense del Centro Atómico Bariloche. Hace menos de un mes, su alegato fue determinante para la condena de Roberto Bravo, uno de los 4 oficiales responsables de la Masacre de Trelew y prófugo desde 1977 en los EEUU, donde la Junta Militar lo había enviado en una misión y se refugió. Desde allí, habló con La Patriada antes de su regreso, en una entrevista realizada en etapas, entre bares y aeropuertos de Manhattan.

Pregliasco sintetiza su trabajo diciendo que los llamaron para hacer un estudio de rayos gamma y terminó siendo otro muy diferente: acerca de la reconstrucción de paredes y de trayectorias de tiros, cuestiones que no pertenecen a ninguna ciencia. Y ahí está la clave, lo que a él le gusta, desarrollar herramientas para resolver esos intríngulis. Es algo en lo cual la ciencia dura no se mete, a los científicos no les gusta sentirse desnudos frente a un tema nuevo.

Y desde un bar en Queens, relata: “llegar a pensar el tema de las pinturas fue interesante. No sabía qué hacer, estaba tomando mate frente a la pintura. Una vez realizado, explicado tiene la gracia de un chiste explicado, pero que se te ocurra hacerlo no es frecuente”.

Como investigador del Conicet, cuenta también desde el aeropuerto -unas horas antes de embarcar- que aplican técnicas en espacios donde no fueron utilizadas. Su deseo no es convertirse en analizador de pinturas, sino en solucionador de problemas. “Yo no soy un especialista en nada y eso es muy mala prensa”, bromea el físico.

Junto al doctor Jorge Fondrebider, titular del Equipo Argentino de Antropología Forense, fue convocado por la ex ministra de Seguridad Sabina Frederic en el año 2021. Contribuyeron a la realización del Protocolo de Prácticas Forenses, unificando todos los existentes en uno solo para, Gendarmería, Prefectura, Policía Federal y Policía de Seguridad Aeroportuaria. El resultado fue publicado en el Boletín Oficial con la firma del presidente Alberto Fernández.

Guillermo Pregliasco ha actuado también en numerosos casos de relevancia nacional, como los crímenes de Teresa Rodríguez en Neuquén, Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en Avellaneda y Miguel Brú en La Plata.

 

La historia completa en primera persona

 

La previa del juicio en Miami

Llegué por el juicio el sábado anterior. Lo preparamos durante un año junto al CELS y los abogados en Estados Unidos que representaban a los familiares de los asesinados. Tuve reuniones periódicas durante 6 meses y se resolvió en una semana. Arrancó un lunes, el viernes fue el alegato final y el fallo.

Durante los 6 meses previos estuvimos juntando los materiales que se iban a presentar.

En el año 2008, hice la investigación para el juicio que se desarrolló a pedido del juez Hugo Sastre, responsable del juzgado federal de Rawson en ese momento. El magistrado me dijo: “vamos a hacer un juicio con libros de historia”, y me convocó. Ya habían pasado 35 años de la Masacre de Trelew.

Yo tenía dudas acerca de lo que podríamos encontrar, pero la respuesta que recibí tenía cierta lógica: “los militares siempre se pensaron tan impunes que no es al pedo ir y mirar”. Desde el CELS me dijeron que en Automotores Orletti, centro de detención en la Ciudad de Buenos Aires, seguían encontrando cosas. Así que fuimos y vimos.

 

Puede fallar

Sastre vino a una reunión en la que estaba el doctor en Física Mario Mariscotti, propietario de la empresa Thasa. Esta compañía realiza relevamientos en estructuras de hormigón. Utiliza rayos gamma, los que permiten observar el estado de los fierros desde adentro.

El planteo fue: si había balas, tal vez se pueden ver y, de esa forma, acceder a ellas y sacarlas. Pero no funcionó nada de eso, no anduvo.

En paralelo, efectuamos disparos en la mampostería con una pistola Browning 9 mm y observamos que se hacían pozos en la pared y se caían, confirmando que no iban a estar los restos de las municiones allí. En esa época, además, utilizaban pistolas PAM (Pistola Ametralladora Mediana), Colt 45 y FAL (Fusil Automático Liviano).

Realicé 2 viajes en el 2008 para hacer las pruebas con rayos gamma y, en ambos, comprobamos que no había ninguna bala en la pared. Pero pude documentar y analizar zonas más intervenidas, la pared norte del fondo del pasillo, con celdas a ambos lados.

Con el tiempo, ese lugar se transformó en una biblioteca y ahora es un gran galpón de la Obra Social de la Armada.

 

Una idea que resultó

Después de la gamagrafía fallida, armé un equipo para analizar las paredes con spots de luces y todo un equipo profesional para sacar fotos. Convoqué a Alejandra Bartolice, fotoperiodista en Bariloche, y a Marina Stuque, quien en ese momento estaba a punto de recibirse de licenciada en Criminalística.

Fuimos con un montón de cosas hasta Trelew: un calentador para mate, un caballete para mesas y pensamos: ¿qué carajo hacemos ahora? La prueba que hicimos falló.

Solamente teníamos como datos los relatos de Tomás Eloy Martínez en su libro “La Pasión según Trelew” y los testimonios de la causa. Los íbamos leyendo mientras íbamos mirando el lugar. Hasta que alguien empezó a rascar la pared y dijo: “acá hay muchas capas de pintura”. Y yo respondí: “¿Eso es interesante? Vamos a escarbar”.

Encontramos 8 capas de colores distintos en las paredes originales. Se distinguía un impregnante, un fijador, una capa de pintura cualquiera y después se veían las zonas de pintura distinta. Mientras que en otros lugares había solo 3 variaciones.

Con esto reconstruimos las secuencias de modificaciones. Los cambios se hicieron en todos los muros con el último tono que había, pero no se completaron las 5 capas que faltaban. Como en geología, si teníamos distintos estratos que marcaban una cronología, no conocíamos la línea temporal exacta, pero sí pudimos comprender el orden en que se sucedieron.

Las 8 capas de pintura debían ser la totalidad de ellas, pues la base fue inaugurada en los 50. La diferencia era muy grande. Pensamos: con 3 no estamos en el 70, pero con 8 estamos en la secuencia original. Y eso era importante.

Con eso dato detectamos lugares donde faltaban paredes y fuimos encontrando paredes nuevas con marcas en el piso.

Hallamos una sala en el lado sur. Una habitación que se usaba de oficina y tenía su piso de baldosas, como tienen los baños. Con interrupciones que estaban rellenadas con cemento y eso efectivamente nos dibujó el baño, que también tenía aún la forma del contorno del inodoro.

 

El hallazgo más importante no funcionó

Con toda esa información, pudimos reconstruir ediliciamente los calabozos y hacer un plano tal como estaba en 1972. Para mí, ese fue el mejor logro del trabajo, el que costó más laburo hacer. Porque habiendo modificado el lugar, se puede decir cualquier cosa. Pero tener un limite duro, físico, concreto lo destruía. Cuántas celdas había, dónde estaban. Tener una reconstrucción a escala no es lo mismo que tener un croquis que no tiene escala.

El croquis oficial tenia un pasillo muy, muy ancho. Inventaron cosas que no podrían haber sucedido, que eran muy inverosímiles. En un pasillo que tiene sólo 2 metros de ancho y tiene 2 filas de prisioneros mirando hacia el centro, mucho no podés avanzar. Si avanza una persona entre 2 filas de personas se choca con todo. En los croquis oficiales había toda una circulación dibujada dentro del pasillo. Esa fue la contribución más linda a la causa

Yo, como físico de buena voluntad, pensé: “apenas lo presentemos todo el mundo iba a decir: bueno, trabajamos sobre esto y tomamos testimonio sobre este material”.

¿Hago algo, lo argumento bien y todo el mundo quedará rendido ante la evidencia? Debería ser así.

Pero no fue así. Ningún testigo reconoció el plano como algo veraz porque todos reconocían los croquis oficiales y no mi presentación.

 

La zona liberada

Cuando lo presentamos en el juicio quedó bien. En 2010 viajé a Rawson, fue abierto. Se hizo en un centro cultural. Cuando terminé de declarar, el jurado me dice: “¿Usted puede mostrarnos sus hallazgos en el lugar?”. Nos subimos a unos micros y volvimos a abrir las puertas que estaban selladas.

Las paredes se acuerdan mejor que la gente donde estaban después de 35 años y eso es lógico.

  1. No era un lugar muy frecuentado por los miembros de la Armada. Los calabozos eran de castigo era para colimbas, poca gente iba ese lugar.
  2. – Quedó demostrado en el juicio que en el momento del tiroteo había solo 4 oficiales. Ellos eran el capitán Luis Emilio Sosa, los tenientes Emilio Del Real, Raúl Herrera y Roberto Bravo.  Había 2 cabos que tenían acceso al lugar. La noche del 22 de agosto a uno le dicen que terminó su turno y el otro pidió permiso porque se sentía mal. Así quedaron solos los 4 oficiales.
  3. Otra evidencia circunstancial fue que al lado existía una sala donde estaba el teléfono, que manejaban los conscriptos. Esa noche relevan del turno al que estaba de guardia, el conscripto Carlos Celi. Este declara por videoconferencia y cuenta que estaban todos durmiendo en la base y uno dice: “Che, estamos acá todos durmiendo. No hay nadie atendiendo el teléfono”.

 

El desarrollo de los hechos

Entran a la zona del calabozo, a las 2.30, los 4 oficiales. La versión oficial indica que uno de ellos pide sacar a todos los presos al pasillo. Y coinciden en que fue Sosa, quien empieza a darles un discurso aleccionador. Lo extraño del relato era que caminaba entre los presos dando el típico baile (castigo que se hacía a los conscriptos y consistía en ejercicios físicos muy exigentes).

Lo más ridículo de la versión es que Sosa sostenía su arma en la cartuchera mientras se roza y camina entre los presos. Si sospechaban que eran peligrosos no era lógico que hicieran eso.

Continúa (diciendo el relato) que cuando Sosa llega al frente, uno de los detenidos llamado Mariano Pujadas le hace perder el equilibrio, le saca el arma y realiza dos disparos en dirección a los oficiales. En ese instante todos empiezan a correr hacia la salida para escapar. Allí hacen lo que tenían que hacer, matarlos a todos.

Las observaciones a la versión más contundentes:

  1. No es verosímil, hay datos circunstanciales que comprueban que estaban preparados a realizar lo que finalmente hicieron.
  2. Esa caminata disparatada de Sosa entre los presos.
  3. Esos 19 presos se habían intentado fugar la semana anterior con una preparación, un orden. Que ellos mismos quieran profugarse, desarmados, sin plan, sin contacto con el exterior. Todo es una idea ridícula como versión.

Lo único material que lo sostenía eran los dos disparos que hace Pujadas en dirección a los oficiales.

 

Las fotos: testigos que no se pudieron chantajear

Unos días después de la Masacre, una revista llamada Así publica una versión de lo acontecido. Era un magazine con fotos grandes, en blanco y negro, que incluía una crónica sobre la presunta fuga.

Tenía solo 2 fotos. Y eran los lugares donde supuestamente habían hecho impacto los balazos que disparó Pujadas en su intento de fuga. Y en la dirección opuesta que debería que estar con, por lo menos, 70 y llena de sangre no incluía ninguna foto. Esa parecía una información un poco parcial, la versión de los militares.

La primera foto indicaba una puerta donde había 2 balazos y pude identificarla. Antes tenía un panel de vidrio en la parte superior y el balazo estaba allí pero no existe más, lo reemplazaron por una madera terciada. El otro balazo está a 90 centímetros sobre la madera de la puerta.

Hice una regla de 3, tomé las medidas de los ángulos, raspé la puerta y encontré el balazo macillado. Los abogados de la defensa de Bravo no lo podían entender. ¿Cómo estás seguro que es la misma puerta?

Les tuve que explicar 3 veces esta situación, porque todavía estaba el balazo en esa puerta. No tiene por qué no ser la misma puerta y segundo porque está en el lugar en el que dice la foto.

“¿Pero me va a decir que en 50 años no cambiaron la puerta?”, me preguntaron los abogados de Bravo. “No”, les respondí.

Esa idea para los norteamericanos era un poco extraña.

No dudaron en ocultar la evidencia por la impunidad de la que gozaban y porque una puerta no puede estar en el mismo lugar 50 años

Sacamos la pintura y la macilla con mucho cuidado. Agarramos un palito que tenía el diámetro de la bala de la 45. La puerta era de dos terciados juntos, no puertas placas. Eran suficientemente gruesos para definir la dirección. Puse el palito que entraba justo, pero se podía mover un poquito. Había una dirección en la que se podía mover más que en la otra. Entonces medí esos ángulos, repasé las fórmulas sobre superficies cónicas y sacamos las posibles trayectorias.

Eso ya decía que era un disparo de arriba hacia abajo y de derecha a izquierda.

 

Lo mejor no sucede cuando lo necesitás

Había dos fotos. Había dos balazos en la puerta, uno se podía analizar. La segunda foto era de una bisagra que no estaba en la base, no había ninguna con una forma igual. La busqué por todos lados y no la encontré. “Esto no es importante”, dije en ese momento, “seguro que es trucho”.

No le creí a la fuente, esto no sé de dónde viene y no lo pude encontrar.

Pero siempre me quedé rascando la cabeza y preguntándome “¿Por qué inventarían algo? ¿Qué sentido tiene eso?

Un día me estaba bañando. Me sorprende que las mejores ideas no ocurren cuando uno está trabajando, sino cuando uno está distraído y pensando en otra cosa.

Y bajo la ducha dije: “ya sé de dónde vine el balazo, no es otro, es el mismo”. Es el mismo balazo de la puerta, pero como adentro de la habitación había un baño, esa bisagra es la de la puerta del baño. Fue mi momento Eureka, mi momento Arquímedes. Entonces me sequé, agarré la pericia, que la tenía guardada y no fue fácil hallarla porque 8 años habían pasado. Hice lo que no había hecho antes, extender el cono hacia adentro del baño y efectivamente le pegaba a uno de los parantes de la puerta del baño. Y después volví a mirar la foto. Yo estaba muy concentrado en la bisagra y no veía una sombra. Era la creada por una puerta que no llega hasta el piso, como son las puertas del baño. Ahí me terminó de cerrar todo.

Ahora tenía dos puntos y podía definir una recta que los atravesaba.

Es cierto que el punto de la bisagra del baño no está más en la base, pero como en el piso están marcados los parantes, yo deduje exactamente dónde estaba.

La encontré después de tantos años. El cono formado entre los puntos colapsó una línea que tiene una pendiente de 14º con la horizontal, y eso indica que, si te alejás 4 metros, tenés que subir 1 para arriba para hallar la posición exacta desde donde partió el disparo.

Dependiendo la posición en la que hubiera estado Pujadas, era la altura desde la cual tendría que haber disparado. Ese resultado establecía un límite fuerte pero no alcanzaba para demostrar nada. Sí que era un poco inverosímil la historia contada por Bravo.

A los peritos que hacemos cosas materiales siempre nos reservan para declarar al final. Según el discurso académico, uno primero discute las bases y después construye sobre eso. Pero en el orden judicial lo que interesa es desamar la versión de eso. Se permite que cada uno arme su teoría y luego, cuando tienen la evidencia física, tienen que salir corriendo a arreglar las macanas que dijeron.

 

Un culpable con pocas luces

Yo declaraba después de Bravo. El represor fue soberbio, autosuficiente, tuvo la misma versión de la Armada de 1977. Y cuando entraba en contradicción decía “no sé” o “pasó tanto tiempo que me olvidé” y eso lo hacía poco creíble. Se desdecía y eso lo convirtió en un testigo muy poco creíble. En el fondo, era una estrategia mala. Porque él podía desdecirse, ya que los otros militares que fueron condenados están muertos y los 19 presos también. Sólo sobrevivieron 3 a esa fatídica noche y los mataron entre el 77’ y 78’. Los sobrevivientes habían dicho que a sus compañeros los mataron sin mediar nada de nada, que los fusilaron ahí, sin más.

Bravo fue muy impreciso en toda su declaración. Pero le preguntaron dónde estaba parado y lo marcó con una claridad meridiana. Se acordó también dónde estaba Pujadas y confirmó exactamente dónde estaba parado el detenido. Explicó la continuidad de los hechos y marcó cómo le sacó el arma a Sosa.

Y allí Bravo hace algo sorprendente. Pide permiso para bajar del estrado donde está sentado. Se para adelante y hace toda la mímica: cómo lo hace caer Pujadas a Sosa y cómo dispara Pujadas con la mano desde la cintura. Entonces, el abogado de la querella le vuelve a preguntar: “¿A qué altura estaba la mano del piso?”. La respuesta del acusado es que estaba aproximadamente entre 4 y 5 pies, bastante más alto que la cintura (NdR: 5 pies son 1.524 m).

Donde Bravo ubica a Pujadas y la actitud de tiro que da son completamente incompatibles con la trayectoria que yo había encontrado. Por la actitud del tiro y la trayectoria trazada, debería haber disparado desde 2 metros. Desde arriba de la cabeza, no desde la cintura. Y si ponía a Pujadas disparando desde la altura de la cintura como lo ubicó, la posición donde debería haber estado, era en la que estaba Bravo, que no era lo indicado por el acusado en el plano.

Ese solo argumento alcanzó para demostrar que los disparos de Pujadas estaban fraguados o la testimonial de Bravo estaba fraguada, o ambas cosas.

Ese fue el protagonismo que tomó el disparo en la puerta, que originalmente era un dato más, que lo tomé porque había documentos.

 

Pasemos a otro tema

Después de eso, toda la discusión de los abogados defensores se centró en el tema de la prescripción. Son 10 años según la ley norteamericana y acá pasaron 50. El solo hecho de que saltaran a discutir la prescripción es que todo lo anterior ya estaba ganado. Demostramos que mentía, que disparó, que era el que estaba a cargo y que fue premeditado. Además, todo eso es muy bueno porque queda pendiente el juicio de extradición. Esto quedó establecido por una Corte Federal de Miami, en los Estados Unidos.

La causa civil, tras muchas discusiones que evaluaron los criterios, no podía empezar a correr por lo menos desde antes del año 2008, que es cuando lo ubica la Interpol. Bravo no se ocultó nunca desde su llegada en 1977, pero no se lo pudo encontrar porque es un nombre común.

Entonces empezó otro debate para achicar la distancia entre 2008 y 2018. La discusión para ver esos años que faltaban tuvo que ver con el miedo.

¿Qué significa tenerles miedo a los militares en un período democrático? Cuando empezó el juicio, los demandantes entraron al programa de protección de testigos. También, luego de iniciado el juicio, desapareció Julio López.

Había motivos para tener miedo, pero contarle eso a los gringos no fue tan inmediato, nosotros lo podemos entender con cierta rapidez. Hubo que argumentarlo y fue interesante que la jueza le dio la resolución sobre la prescripción también al jurado.

Allí, los 7 miembros decidirían sobre la prescripción y, si eso no era relevante, seguirían con el resto de la pena.

Se ganó todo. El alegato del abogado Krishnan fue muy brillante, muy bueno y tan claro que el jurado, en 2 horas y media, salió con la sentencia. Esa es la historia de la demanda civil.

 

Final del juego

El juicio de extradición queda pendiente. El Estado argentino tiene que pedirla y es una decisión que toma el departamento de Justicia de los Estados Unidos. Un juez evalúa la evidencia preexistente y, parte de eso, es este juicio. La otra es llevarlo adelante en Argentina. Si bien no existe el juicio en ausencia en nuestro país, todos los que estuvieron con Bravo fueron condenados.

Así que todos esperamos que se le dé curso a la extradición. Y si se le da curso, se preparará un nuevo juicio allá. Debería pasar nuevamente por los estrados. Todo hay que pelearlo, llevará años, seguramente hasta la Corte Suprema. Se avanzó un montón en esta causa y, en esta demanda civil, se lo deja con muy poco dinero.

Hoy Pregliasco reconoce como sus verdaderos colegas no a los científicos, sino al CELS y al EEAF. Y la comparación pasa porque al CELS le interesa la causa fudamentalmente por un antecedente técnico judicial que pueda destrabar otra, iluminar otra, que implique una innovación.

El saldo se vio, por ejemplo, en un informe de la marcha de las Madres en Nicaragua o la reacción ante la represión en Bolivia, cuando fue el Golpe de Estado contra Evo Morales. Somos bichos raros y complementarios, concede.

Los fusilados el 22 de agosto de 1972 fueron dieciséis: Carlos Heriberto Astudillo, Rubén Pedro Bonet, Eduardo Adolfo Cappello, Mario Alberto Delfino, Carlos Alberto Del Rey, Alfredo Elías Kohon, Clarisa Rosa Lea Place, Susana Graciela Lesgart, José Ricardo Mena, Miguel Ángel Polti, Mariano Pujadas, María Angélica Sabelli, Humberto Segundo Suárez, Humberto Adrián Toschi, Jorge Alejandro Ulla y Ana María Villarreal de Santucho. Los sobrevivientes: María Antonia Berger, Alberto Miguel Camps y Ricardo René Haidar. Berger, Camps y Haidar, que dieron su testimonio sobre los hechos y sus responsables, fueron desaparecides por la última dictadura cívico-militar.

Bravo fue encontrado culpable de todos los cargos y deberá abonar u$s 24.250.000.000 por daños.

 

Para más informaión y detalles del juicio en los Estads Unidos, pueden dirigirse aquí.

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