Putas peronistas

La lealtad es con las de abajo y el peronismo es con las putas, dice la titular de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina, Georgina Orellano.

En mi casa no había biblioteca ni guita para comprar libros. Aún así se hablaba de política lo mínimo pero lo necesariamente suficiente para comprender por qué mis viejos que no tuvieron la posibilidad de terminar la primaria podían enunciar las palabras peronismo y lealtad con una sonrisa. No eran militantes y jamás pisaron una unidad básica pero aún así decidieron pasar por el registro civil ni más ni menos que un 17 de octubre.

Se casaron el día de la lealtad peronista, pocas fotos tienen de ese día pero todo un relato de por qué eligieron esa fecha. Y esa es la parte que más recuerdo y que siempre me gustó escuchar: la historia de la elección de esa fecha para pasar por el registro civil.

"Tu papá era muy peronista y amaba a Perón" me contaba mí mamá para diferenciarse. Ella amaba a Evita y todo el trabajo social que llevaba adelante desde la Fundación Eva Perón.

No crecí con un cuadro de Perón en la cocina pero si con la impronta peronista de base devenida de una familia de sectores populares que frente a cada subida de escalón tenían la conciencia de que era parte de un proyecto político y social y no de un esfuerzo individual.

Esa enseñanza me llevó a que una vez parada en una esquina ejerciendo el trabajo sexual y expuesta a constantes atropellos policiales, como también situaciones de discriminación por parte de los vecinos del barrio, me viera en la obligación de organizarme sindicalmente junto a mis compañeras.

"O nos salvamos todas o nos las vamos a pasar entrando y saliendo de las comisarías". Frente al desamparo la mejor opción para transformar la realidad fue sindicalizarnos y no armar una ONG o esperar a que otras vinieran a salvarnos, eso en parte se lo debemos al peronismo.

"Es muy argento eso de organizarte y tomar las banderas de la justicia social" nos dicen quienes vienen a conocer el modelo sindical llevado adelante por las propias trabajadora sexuales. Es peronismo , no lo entenderán.

El peronismo nos dejó servido en bandeja la posibilidad de apropiarnos de lugares que no fueron hechos para ser ocupados por los excluidos, los de abajo, los morochos, los de piel oscura. El peronismo nos enseñó a no esperar a que otro te abra la puerta sino tomar la posta e ir, habilitar e irrumpir todos los espacios para hacer oír nuestras voces y llevar nuestros reclamos.

Eso fue fundamental para las trabajadoras sexuales que pasamos de ser pensadas como objetos de estudios a construirnos como sujetos políticos, a pelear desde adentro para modificar las prácticas de los que se consideran profesionales de la política y creen que todas las respuestas están dentro de su marco teórico, muy alejadas de lo que verdaderamente sucede en el territorio y de lo que desean las personas.

Las putas somos peronistas porque somos laburantes, porque tenemos pertenencia de clase, porque no nos da vergüenza ser un colectivo emergente de los sectores populares.

Somos peronistas porque estamos convencidas de que la política es la herramienta de transformación, de ampliación de derechos, de poder vivir mejor, de mejorar la calidad de vida de la clase trabajadora.

Somos peronistas porque el peronismo nos enamoró y a pesar de las adversidades nos sigue enamorando todos los días cuando pisamos el sindicato con ganas de resolver los problemas que atravesamos las trabajadoras sexuales, de darle de comer al barrio donde trabajamos y a la vez vivimos, de seguir formándonos políticamente , de sumar a más compañeras que levanten la bandera y se sumen a la lucha por el reconocimiento del trabajo sexual.

Porque no solo comprendimos que donde hay una necesidad nace un derecho sino que para que ese derecho sea una política de Estado debemos ser las trabajadoras quienes incidamos políticamente para transformarlo todo.

El peronismo nos dio lugar de pertenencia e identidad colectiva, poder nombrarnos trabajadoras nos sacó del aislamiento social para poder construir un sindicato, aunque nuestro trabajo aún no esté reconocido.

Somos peronistas porque somos trabajadoras, porque nuestras voces tienen más validez que lo que puede leerse de nosotras en papers y libros, porque el peronismo es estar con las últimas de la fila y tender las manos para darle voz a quienes históricamente fuimos silenciadas.

La lealtad es con las de bajo, el peronismo es con las putas y el amor es comprometerse con las causas sociales cómo nos marcaron Perón, Eva, Néstor y cómo nos sigue marcando Cristina.

Por Georgina Orellano.

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