Puja distributiva y dispersión por sectores productivos

El último informe de CIFRA-CTA da cuenta de la caída del poder adquisitivo de los trabajadores pero recoge diferencias en la recuperación del empleo y los ingresos según ramas de la producción. El dato podría explicar también la paciencia de los deciles más bajos a pesar de la penuria económica. | Por Pablo Dipierri

El informe sobre “Situación del Mercado de Trabajo Nº 9” del centro CIFRA-CTA reconoce que la cantidad de ocupados fue –siguiendo a la recuperación económica– significativa. Publicado esta semana bajo las firmas de Mariana González y Cecilia Garriga, afirma que “en el último trimestre de 2021 (ese ítem) resultó superior en 3,4% al nivel del mismo trimestre de 2019”, y añade que ese efecto “permitió que la tasa de desocupación retrocediese hasta ubicarse en ese mismo trimestre en 7,0% sobre la Población Económicamente Activa (PEA)”.

Aunque las economistas consignan que “el impacto de este efecto sobre el aumento de la ocupación es mínimo”, conceden que “en comparación con la situación previa a la pandemia, se observa además una composición del empleo de mayor calidad, en tanto incluye una proporción mayor de empleos asalariados registrados y un menor peso del empleo no registrado”. “Si bien las diferencias no son marcadas, representa un auspicioso cambio de tendencia”, agregan.

Al respecto, el documento postula que “en promedio, el poder adquisitivo de los ingresos laborales aumentó sólo 1,6% entre los cuartos trimestres de 2019 y de 2021”, y que “queda aún 18,1% por debajo si se compara la situación con la vigente en el último trimestre de 2017, previo a la fuerte caída que tuvo lugar al final del gobierno de Mauricio Macri”.

Por otro lado, el texto advierte que “el mantenimiento de un bajo nivel salarial implica que el proceso de recuperación se haya dado con un marcado empeoramiento en la distribución del ingreso, que profundizó el que ya había tenido lugar durante la administración de Cambiemos”. “La participación de las remuneraciones en el valor agregado, que era de 51,8% en 2016, pasó al 46,1% en 2019 y descendió al 43,1% en 2021”, completa la nutrida pieza analítica.

Sin embargo, ya se mentó aquí que CIFRA obviaría que los asalariados llegaron a apropiarse del 51% de la torta en 2015, cuando culminaba el tercer gobierno kirchnerista, pero era de 41% en 2008; 45,8% en 2009; y 44,2% en 2010. En pleno Bicentenario de la patria, los trabajadores tenían una participación similar en el PBI local a la que se consigna hoy. El número mágico contra el cual se compara la merma vigente fue alcanzado tras 12 años de gobierno nacional y popular.

Por último, González y Garriga aseguran que “persiste una importante desigualdad entre los trabajadores y se amplió la brecha entre quienes más y menos ganan”. “En el cuarto trimestre de 2017 el ingreso laboral del 10% de los ocupados con mayor ingreso equivalía a 18,4 veces el promedio del 10% con menores ingresos; en el mismo trimestre de 2021 esa brecha creció hasta 24,1 veces”, grafican, y concluyen que en contraste con la situación previa a la pandemia, el ingreso laboral del decil más alto “creció 11,8% en términos reales, mientras el estrato medio continuó cayendo y el más bajo apenas se sostuvo”.

Ese mapa tal vez coincida con la perspectiva que deslizara tras la difusión del índice de Gini el coordinador del Plan Argentina Productiva 2030, Daniel Schteingart. Dependiente de la cartera liderada por el ministro Matías Kulfas, celebró hace dos semanas a través de su usuario de Twitter la “importante mejora en la distribución personal del ingreso” en el último trimestre del año pasado.

En un hilo desplegado en esa red social, explicó que “esa clara mejora” entre 2019 y 2021 no implica que todos los estamentos se hayan impuesto a la inflación. “El 30% de menores ingresos le ganó tanto a la canasta básica como a la alimentaria y al IPC”, observó. Al mismo tiempo, admitió que “el 40% de mayores ingresos perdió contra ambas canastas y contra el IPC”, y anotó que “el 30% restante (deciles 4 a 6) le ganaron a la canasta básica total, pero no a la canasta básica alimentaria”.

El saldo de esa ilustración estadística tal vez funciona como sustento para la comprensión sobre la paciencia plebeya frente a un gobierno castigado por la opinión publicada en la prensa. Los últimos, al decir del presidente Alberto Fernández, fueron los primeros en la pospandemia.

Dispersión

Por lo demás, el mismo informe de CIFRA repasa la diversidad de escenarios por rama productiva, luego de ponderar que “el número de ocupados ya superó holgadamente el nivel prepandemia”. Entre los desequilibrios que postergan unos sectores o potencian otros, alude al “caso particular del servicio doméstico, cuyo número de ocupadas en el último trimestre de 2021 fue 25% inferior al del mismo trimestre de 2019”. También se enfoca en el rubro Hoteles y restaurantes, la rama más afectada por las restricciones que supuso el Covid19, cuya ocupación era a fines del año pasado aún 12,4% menor a la del mismo trimestre de 2019.

Según ese apartado, descollan actualmente “la industria manufacturera, que tiene 13,2% ocupados más en relación con el IV trimestre de 2019, así como los Servicios financieros, de alquiler y empresariales, la Enseñanza, la Administración pública y defensa y el Comercio”.

Si se cotejan los planos a partir de los bolsillos, las técnicas ceteístas detallan que “el grupo más desfavorecido fue el estrato medio, cuyos ingresos se redujeron en 3,5%”. Quizá este guarismo sirva también de explicación para la amplificación de la bronca catalizada en los medios de comunicación sobre el malestar de asalariados formales, sindicalizados o no.

En última instancia, CIFRA estima que “sólo el ingreso del primer estrato –definido como el 40% de los hogares con menores ingresos– tuvo un mínimo aumento, que puede vincularse tanto con la mejor evolución relativa de los ingresos laborales, como con la evolución del empleo y horas trabajadas y la implementación de políticas sociales definidas durante la actual gestión de gobierno, como el Programa Alimentar”.

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