Plata o mierda

El establishment expande la puja distributiva hacia la especulación alrededor del mercado de deuda en pesos, al tiempo que las finanzas globales se conmueven por la suba de tasas de interés de la FED. Dólar, bonos, cripto y superstición. | Por Pablo Dipierri

“Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado se vuelve profano”, escribieron Karl Marx y Federico Engels en el Manifiesto Comunista en 1848. Los autores sacrílegos del siglo XIX se referían de ese modo a la disolución inevitable de vínculos sociales o determinadas condiciones materiales de la vida para transformarse bajo el impulso de una burguesía en ascenso.

El problema es que el capitalismo no tiene rostro humano. Es, antes bien, un Frankestein político, económico y social. Así, las preguntas por las recurrentes crisis financieras y la mezcla de extrañeza y fascinación por las criptomonedas ya estaban contenidas en ese texto fechado hace 174 años.

Las tapas de los diarios de ayer y hoy dan cuenta de la zozobra argentina por los bamboleos de los bonos CER, que son títulos públicos cuyo rendimiento está atado a la inflación, y la migración de los fondos de los especuladores hacia el dólar contado con liquidación o dólar bolsa. Eso tendría dos efectos casi inmediatos: por un lado, una fuerte presión devaluatoria sobre el tipo de cambio; y por otro, un enorme desafío para el ministro de Economía, Martín Guzmán, que debe renovar letras del mercado de deuda en pesos esta semana mientras los tenedores de esos papeles pretenden tasas de interés más altas.

Sin ir más lejos, el lunes negro del que todos hablan hoy obedece a que la Reserva Federal de Estados Unidos amaga con subir la tasa de interés por la inflación récord que se registra allí. Atentos a ese movimiento en las fauces del Dios Mercado, los buitres de todas partes otean el horizonte para llevar el dinero de sus cuentas a las cuevas donde mejor les paguen.

En definitiva, lo que buscan los jugadores de esos flujos timberos en esta pampa también es ganar más con los mismos bonos que compraron antes, algunos en tiempos macristas y otros más acá del 2019. Y no es casual que esta tensión se desate cuando, sin liquidar la inflación estructural, las consultoras privadas estiman que hoy se conocería el dato oficial del IPC con una cifra que tocaría los 5,5 puntos porcentuales, por debajo de la inflación de marzo (6,7) y la de abril (6 puntos redondos). Es decir, los inversores y los dueños del capital trasladan o amplían la puja distributiva desde la yugulación del bolsillo de los trabajadores hasta el terreno de la sarasa financiera.

Pero nada de esto es nuevo. La escalada inflacionaria del 2021 y 2022 a nivel local tuvo su origen en la resistencia del Frente de Todos a fines del 2020 frente a los apetitos devaluatorios de la clase dominante, más allá de la ineficacia de los funcionarios que pasaron por el gabinete económico hasta el momento o la falta de fuerza y decisión políticas del gobierno mismo. Sin cimbronazo en la cotización del dólar oficial, los poderosos salieron a capturar la renta vía aumento de precios ante un gabinete económico desarticulado por el loteo oficial que complacía a todas las tribus internas y desconcertado por inexperiencia o inconsistencia ante las tortugas que se escabullían a velocidad crucero.

Si ya no se persigue la promesa del pleno empleo y la noción de “inclusión” proviene de las recomendaciones del Banco Mundial para “gestionar la pobreza”, ¿qué concepción de desarrollo es necesario construir para garantizar el bienestar de la población?, inquiría Natalia Romé en la edición Nº 11 de Revista Kamchatka, en julio de 2018, y añadía: “O cómo afrontar los límites del mercado interno, frente a las formas de desposesión que produce la dolarización del ahorro y la inversión, la financiarización de la vida y apropiación extractiva. ¿Cómo creer que el acceso al consumo tiene, en esta coyuntura,  las mismas consecuencias igualadoras que en los años cuarenta del siglo pasado?”.

El derrumbe de las criptomonedas de esta semana va en la misma dirección que la hipótesis marxista en 1848, se encuentre unx en Buenos Aires, Madrid o Nueva York. Un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) trabaja desde hace meses en un estudio sobre las formas en que la sociedad argentina vive su relación con las cripto. Lejos de suponer que se trata de yupis o productores de soja que vuelcan su excedente a las blockchain como si scrollearan en Facebook por distracción, son cada vez más los trabajadores que compran esos activos financieros en sumas equivalentes a 1000, 2000 o 5000 pesos. Entre la aventura y la esperanza, se juegan lo que no les sobra porque anhelan lo que no tienen.

Así como el macrismo vendió que cualquiera podía ser un empresario, los libertarios propugnan que todos pueden ser traders o corredores financieros con una computadora y conexión a internet. Un director del Banco Central de la República Argentina (BCRA) contaba la semana pasada, en off, que estuvo de visita en un centro cultural del sur de la Provincia de Buenos Aires y el referente de ese espacio, entre talleres de apoyo escolar y olla popular, ofrecía criptomonedas a los beneficiarios de programas como el Potenciar Trabajo, y esos trabajadores de la economía popular compraban como si se tratara de un billete de lotería u otros azares similares.

Tampoco se le puede escapar al buen observador que Luis Toto Caputo creó en julio de 2017 el Consejo de Inclusión Financiera. El presunto Messi de las Finanzas de la misma fuerza política que aborrece del lenguaje inclusivo, por marketing y convicción ideológica, también dejó su huella pedagógica. Mucho menos deberá llamar la atención que el área no fue disuelta con el retorno del peronismo al poder y que para todos es irrefutable que la inmaterialidad de la educación financiera llegó para quedarse. Ayer nomás, se publicó en Boletín Oficial la resolución 17/2022, firmada por el secretario de Finanzas del Ministerio de Economía, Rafael Ignacio Brigo, la designación de Francisco Silvestre como secretario ejecutivo del Consejo de Coordinación de Inclusión Financiera “con carácter ad honorem, independientemente de las funciones que actualmente desempeña como Director Nacional de Inclusión Financiera y Financiamiento Social” en la misma cartera.

Creer o reventar, decían las bisabuelas. Plata o mierda, dicen los cínicos. La época opera sobre la organización social como una avalancha desertificadora del pensamiento. Y con fervor o con angustia, las bases de sustentación esperan un acontecimiento político como un milagro. Entre la superstición y la fantasía, cada cual se abraza como fragmento ambulante de la sociedad al deseo que mejor le sienta y son cada vez más los que cuentan los días para llegar a fin de mes.

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