Pedro Castillo, el maestro que tendrá que aprender a ser el Presidente de la audacia y el cálculo

El candidato del partido Perú Libre será el nuevo presidente de Perú durante los próximos cinco años. Es una sorpresa que abre un gran signo de pregunta sobre un dirigente que hasta hace tan solo unos meses nadie tenía en el radar. | Por Augusto Taglioni.

Castillo es un dirigente sindical de base rural que comenzó su carrera política en el partido “Perú Posible” de Alejandro Toledo que lideró un gobierno de centroderecha entre 2001 y 2006 y terminó preso en Estados Unidos en 2019 por hechos de corrupción.

El salto a la fama lo logró luego de liderar una huelga docente en 2017, el mismo año en el que se afilió a Perú Libre, cuyo líder es Vladimir Cerrón, ex gobernador de Junín y dirigente nacionalista de izquierda.

En un primer momento, el candidato iba a ser Cerrón pero no fue habilitado por una condena por corrupción. Perú Libre se define a sí mismo como un partido marxista-leninista -mariateguista y su líder y fundador, Vladimir Cerrón aseguró que debido al origen "provinciano" del partido, representa al "Perú profundo”. Justamente ese sector, olvidado por la clase política fue quien permitió el triunfo de Castillo.

Los desafíos son tan grandes como la incertidumbre que rodea a su futura gestión al frente de un país castigado por la pandemia, una sociedad que votó con rabia y cansancio y un sistema político que seguirá aferrándose a sus privilegios.

Se abren varios caminos respecto de la orientación de su gobierno hasta que el mismo dirigente sindical empiece a dar señales sobre cuales serán sus prioridades. Las propuestas iniciales apuntaban a la intervención estatal, una ley que regule los medios de comunicación, retirar a jueces, desactivar el Tribunal Constitucional, estatizar "sectores estratégicos", salir del Grupo de Lima y promover una Asamblea Constituyente para una nueva Carta Magna.

Pero las cartas que exhibió el presidente electo en los últimos días difieren de las que había puesto en juego en la primera mano . Castillo dijo ante sus seguidores: "seremos un gobierno respetuoso de la democracia, de la Constitución actual y haremos un gobierno con estabilidad financiera y económica”. En el mismo sentido se expresaron sus asesores económicos. Entonces, ¿qué caminos tomará Castillo? Encontramos al menos tres caminos.

El camino de Victor Cerrón

El fundador de Perú Libre es el poder detrás del poder. Sin el partido y la estructura de Cerrón, difícilmente hubiese existido Castillo.

La postura del padrino político del nuevo presidente peruano es radical para los parámetros peruanos. Postula reformas estructurales para muchos de los problemas que arrastra el país.

En lo económico, mayor intervención, la reforma de la Constitución fujimorista y una mirada mas dirigida a la implementación de políticas destinadas a los sectores vulnerables que votaron a Castillo masivamente.

Sin lugar a dudas, el propio Cerrón y los asambleístas que le responden, presionarán a Castillo para que camine en esa dirección.

La mano de Cerrón también podrá verse en las relaciones exteriores. El dirigente considera que Perú tiene que salir del Grupo de Lima y acercarse a Venezuela y a los gobierno de izquierda y centroizquierda.

El contrapeso de la fragilidad institucional del flamante gobierno en un Congreso fragmentado, para la mirada del líder de Perú Libre, tiene que darse a través de la movilización popular.

El camino de Lula

En los últimos días, Castillo y su equipo económico mostraron signos de moderación en un contexto de caída de los mercados y suba del dólar. El equipo económico liderado por Pedro Francke publicó un comunicado que muchos asemejan a la “Carta al Pueblo brasileño” de Lula antes de asumir su primera presidencia que buscó alejar ciertos fantasmas sobre el modelo económico.

En este caso, plantearon: "Reiteramos que no hemos considerado en nuestro plan económico estatizaciones, expropiaciones, confiscaciones de ahorros, controles de cambios, controles de precios o prohibición de importaciones”.

Francke es asesor del Banco Mundial y economista que defiende el orden fiscal, las metas de inflación y muy disciplinado con la necesidad de hacer cambios al modelo, pero no bruscos sino ordenadamente. Justamente porque muchos entienden que la estabilidad económica tiene que ser mantenida pero debe convivir con políticas sociales que generar mayores niveles de igualdad.

Lula mantuvo los aspectos centrales del modelo económico de Fernando Henrique Cardoso, nombró a un técnico en el Banco Central y logró combinar ortodoxia económica con políticas sociales que lograron sacar de la pobreza a 40 millones de personas.

El camino de Ollanta Humala

Este último sería el de la claudicación. Ollanta Humala fue presidente entre 2011 y 2016 y sus orígenes son parecidos a los de Castillo. Humala es un militar nacionalista que reivindica a Juan Velasco Alvarado, otro militar nacionalista quien, siendo jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, dirigió y ejecutó el golpe de Estado  del 3 de octubre de 1968 contra  Fernando Belaúnde.

Ejerció el poder absoluto hasta 1975 y reformó la Constitución en 1979, que abrió paso para la recuperación democrática en 1980. Humala juró por esta Constitución el día que asumió.

La desconfianza de los factores de poder con Castillo son similares a la de entonces con Ollanta. El expresidente decidió pactar con los grupos económicos y los partidos políticos y avanzó en reformas de mercado a cambio de gobernabilidad. Pasó sin pena ni gloria, estuvo preso por corrupción y se volvió a presentar en estas elecciones en donde nos sacó ni el dos por ciento de los votos.

Castillo tiene todas las cartas sobre la mesa y el partido es complejo. Un partido sin mayorías que fue votado para transformar muchos de los aspectos centrales de la vida institucional peruana que nadie se atrevió a tocar en las últimas décadas. Tendrá que tomar decisiones equilibrando dosis de audacia pero sin dejar de calcular su conveniencia.

 

Por Augusto Taglioni.

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