Nadie dijo nunca

Que el peronismo te acompaña hasta la puerta del cementerio; que una clase no se suicida; que nadie muere en la víspera. Los tres axiomas explican la delicadísima soga sobre la que hace equilibrio el Gobierno. | Por Pablo Dipierri

El presidente, Alberto Fernández, junto con el ministro de Economía, Martín Guzmán

La noticia que debía marcar la agenda del fin de semana era la absorción de la Secretaría de Comercio Interior bajo la órbita del Ministerio de Economía pero el presidente Alberto Fernández le concedió una errática entrevista a Radio Con Vos y los títulos que dejó se devoraron, incluso, el acto del relanzamiento de su propia gestión que se realizó 3 horas después. Como si hubiera decidido sabotearse a sí mismo, el Jefe de Estado “dijo en una radio lo que no pensaba decir y no dijo en el acto lo que se esperaba que dijera”, tipeó en su editorial para diario Clarín ayer Ricardo Roa, y agregó: “sabiéndolo, no fueron ni los propios”.

Durante el reportaje, mencionó tres veces el nombre de Luis Pagani, dueño de Arcor, para explicarles a sus interlocutores y su audiencia cómo enfrenta el alza del precio de los alimentos. Apeló, ya en la hipérbole de su franqueza, a la palabra “auxilio” cuando presumió que acudió al jerarca de la multinacional argentina con el objetivo de que contribuya con la desaceleración inflacionaria.

Aunque estaba previsto con antelación, las principales espadas del Frente de Todos (FdT) llamaron a la prensa, en off, a prestarle atención al mitin de Peronismo Futuro en Mendoza, organizado por la senadora Anabel Fernández Sagasti. Legisladora cercanísima a la vicepresidenta Cristina Kirchner, la joven cuyana congregó a dirigentes de las distintas tribus de la coalición oficial: desde el ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, quien planteó que se deje de hablar de cristinistas y albertistas para arracimarse bajo la identidad peronista como paraguas contenedor de todes, hasta la senadora bonaerense Juliana Di Tullio, cuyo discurso cosechó una ristra de repercusiones por pavonearse con la idea de que no hay dudas de un triunfo peronista en 2023.

La perlita del auditorio Ángel Bustelo fue la presencia de Juan Manuel Urtubey, un peronista clásico de la elite salteña que, según confirman desde el Ministerio del Interior, viene dialogando con el jefe de esa cartera, Eduardo Wado De Pedro, desde hace semanas. El embajador de La Cámpora en el gabinete nacional suma millas en el extranjero y los intestinos del peronismo, tal como lo explicara La Patriada aquí, y la semana pasada se viralizó una foto suya con el dirigente gastronómico Luis Barrionuevo. Diplomático hasta con los adversarios más acérrimos de la ex Presidenta, De Pedro traduce cotidianamente en la práctica lo que sobrevoló el discurso de apertura de la anfitriona en el plenario: ampliación y coraje. O coraje para la ampliación.

No obstante, otros movimientos tectónicos conmueven al oficialismo desde las profundidades. En los últimos días, se materializó una iniciativa que masculló un grupo de ediles en la Cámara alta, bajo la identificación de “La Peña”, para diferenciarse de los pares suyos que respondían sin trepidaciones a la conducción de la titular del cuerpo. Allí se cuecen opciones de moderada acumulación política que tributarán, o no, al ala que prevalezca en la interna del FdT pero que obedecen también a la forma en que otean el horizonte los gobernadores del PJ y la posibilidad de que cada cual adelante a piacere las elecciones en su terruño, para despegarlas de la cita nacional con las urnas. El peronismo te acompaña hasta la puerta del cementerio.

Círculo (infinito punto) rojo

La confesión de Fernández sobre su encuentro con Pagani expresa la fragilidad del Gobierno pero también la cautela del establishment frente a un escenario económico que amaga con desmadrarse. Por más que el caos sea, a la postre, otra oportunidad de negocios para la conducción política del poder económico, el empresariado vernáculo tal vez prefiera provisoriamente los anticuerpos que promueve el ministro de Economía, Martín Guzmán, antes que la vocinglería del diputado Javier Milei. Una clase no se suicida, dijo alguna vez el periodista Rodolfo Walsh, capturado, acribillado y desaparecido por el grupo de tareas 3-3-2 de la última dictadura militar. Aunque parafraseando al romántico alemán Fredrich Hölderling y su lector más célebre, Martin Heidegger, cuando postulaban que la perdurabilidad estaba del lado de los poetas, en Argentina lo permanente los instauran las empresas.

De ahí que el titular del Palacio de Hacienda reincida hoy con el tema que pretendía setear el viernes pasado entre los temas periodísticos. La reunión que mantendría hoy el funcionario más vilipendiado por los believers de la Vicepresidenta con Roberto Feletti versaría sobre como zambullirse y no errarle esta vez al control de precios. En el entorno de Guzmán le aseguraban a este medio que el titular de la Secretaría de Comercio “se lleva bien” con el ministro. Con la suerte de la Casa Rosada atada al itinerario de la macro que pregonan desde el 5º Piso del edificio emplazado enfrente -cruzando la calle Hipólito Yrigoyen-, dentro del gabinete económico aducen que se les está concediendo la fortaleza política que precisan los funcionarios para que hagan lo que saben hacer.

Fuentes cercanas a Feletti, por lo demás, deslizaron que talló cierta irritación en el despacho de la Presidencia del Senado por la mera notificación de la absorción consumada. Ex secretario de Hacienda porteño y ex diputado por el Frente Para la Victoria con cierto protagonismo en el ocaso de los mandatos kirchneristas, la cuenta que habría que hacer en este momento es si Feletti arriesga la piel de puro kamikaze o porque calcula que la hoja de ruta de Guzmán abriga todavía alguna chance de éxito. De remisiones bíblicas, cuño menemista y resiliencia peruca, la frase que reverbera en el menguado campamento que sigue esperando la vigorización del Presidente es que “nadie muere en la víspera”. Amén.

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