Lula en su salsa

El presidente electo ya trabaja en la articulación con los distintos bloques con representación parlamentaria, bajo el propósito de sumar voluntades y prepararse para la pulseada con el bolsonarismo. | Por Augusto Taglioni

Quien subestime a Lula no conoce su historia. Cincuenta años de vida política alcanzan para demostrar su capacidad de superar adversidades y hacerse fuerte en los momentos menos pensados.

La tercera etapa en la presidencia no será fácil, todo el mundo lo sabe. Pero Lula está en su salsa. Después de todo un año de centralidad, discursos, caminatas y cruces en una campaña de extrema tensión, el nuevo presidente se tomó una semana donde no dijo una palabra.

Su entorno aclaró que era para descansar pero, al margen de algunos días de ocio, Lula empezó a diagramar la transición y comenzar a tejer los acuerdos para gobernar. Nada que no haya hecho antes.

Dentro de los frentes bravos que le tocan al nuevo gobierno, aparecen la composición en la Cámara de Diputados y el Senado. En primera instancia, el bloque que compone el PT y aliados alcanza 139 diputados contra 197 del bolsonarismo y otros dos partidos que fueron parte de la base del gobierno saliente, como Republicanos y Progresistas. Este último es el partido del presidente de la Cámara de Diputados, Arthur Lira, que buscará su reelección en febrero. El cargo es clave: tiene la llave para abrir un juicio político (archivó 150 pedidos durante el gobierno de Bolsonaro) y manejar las mayorías para la aprobación de presupuestos y reformas.

Lira apoyó a Bolsonaro en la segunda vuelta y tiene afiliado a su partido al titular de la bancada oficialista en Diputados, jefe de Gabinete y encargado de la transición por el oficialismo, Ciro Nogueira. ¿Es posible un acercamiento con Lula en esta nueva etapa? Si hay algo que escapa a los análisis lineales es la política brasilera, sobre todo la parlamentaria. Eso explica por qué la base opositora de 197 diputados podría reducirse durante el primer año del nuevo período lulista.

Por eso, el histórico dirigente metalúrgico decidió mostrarse en público primero con Lira, para dar señales de normalización institucional pero para mostrar también que el sistema de relaciones no está grabado en piedra. Hará todo lo posible para cambiarla, aun cediendo consignas o banderas ideológicamente afines.

Siguiendo con la rosca, el PT tiene tres acuerdos en la mira, de los cuales dos ya están cerrados. El PSD y el MDB (el partido de Michel Temer) serán parte de la base de apoyo en el Congreso y juntos suman 84 escaños. En total, Lula lograría 225 escaños. El tercer partido con quien la enviada de Lula, Gelisi Hoffmann, está conversando es Unión Brasil (la fusión del Partido Demócrata y el Partido Social Liberal) y todo indica que habrá acuerdo. De esta manera, el oficialismo brasileño podría tener 282 parlamentarios, 6 más que la mitad de la composición total.

Todo este proceso de reuniones y posibles acuerdos es más importante que las precisiones económicas futuras, dado que sin una base de apoyo clara no es posible pensar el camino de las políticas públicas.

Es claro que Lula tendrá que ejercitar un pragmatismo que le dé gobernabilidad pero no lo aleje de las mejoras salariales, aumento del Bolsa Familia y avanzar en medidas que beneficien a los 33 millones de personas que pasan hambre. El resto será un equilibrio entre el fiscalismo y la heterodoxia, capaz de contener a los mercados y las bases más progresistas.

Lula está de vuelta, en su salsa, buscando convertir las adversidades en fortalezas e intentando que Brasil recupere la normalidad perdida durante cuatro años de aventura extremista.

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