Los 100 años del Partido Comunista chino y los desafíos del gigante de oriente

El centenario del partido gobernante fue un motivo perfecto para realizar una enorme demostración de poder que, como ocurre con las potencias mundiales, tiene más intenciones de enviar mensajes hacia afuera que fronteras adentro. | Por Augusto Taglioni.

El de China es un camino acelerado al liderazgo mundial. Un país que pasó de representar menos del 3 por ciento del PBI en la década del 90 a ser el principal exportador e importador de bienes y la primera potencia industrial, además de su poderío nuclear y contar con el ejército más numeroso del mundo.

Desde 1949 China es la República Popular creada por el Partido que hoy gobierna los destinos del país. En estos 100 años se produjeron cambios sustanciales en la sociedad china y en el propio partido que pasó de una economía de base rural y planificación centralizada de la economía a una industrialización urbana.

La liturgia y la retórica de la celebración del centenario destaca tres figuras centrales en la vida del PC. Mao Zedong como líder de la revolución y emblema de lo que fueron los primeros avances sociales y de alfabetización, Deng Xiaoping como el padre de la apertura económica y responsable directo del modelo de crecimiento económico con desarrollo que impera por estos días y el actual Jefe de Estado, Xi Jinping, cuyo pensamiento fue incluido en la Constitución y busca encarnar el proceso de liderazgo global chino.

Para que China logre ser la potencia que es hoy tuvieron que darse algunos pasos. El proceso de apertura de mercado de Deng fue el primer paso que luego fueron acompañados de otros logros institucionales como el ingreso a la Organización Mundial de Comercio.

Además de lograr un objetivo tan difícil como el de combinar crecimiento de dos dígitos con desarrollo, el gigante asiático eliminó la indigencia y más de 700 millones salieron de la pobreza en los últimos 20 años.

Dentro de los logros de las últimas décadas aparece el diseño de un modelo situado en la economía y la tecnología con empresas que compiten de igual a igual con occidente. Esto ha generado una fuerte disputa en el ámbito de la instalación de la red 5G en diferentes partes del mundo que tiene a Huawei varios pasos adelante que Estados Unidos y otras empresas europeas.

Si bien todo esto es una historia en desarrollo y la puja con Estados Unidos por el liderazgo mundial nos acompañará por varias décadas, el rol de China en la construcción de un orden multipolar fue clave.

A principios del siglo XXI construyó la Organización para la Cooperación de Shangai, que tiene a Rusia como integrante y configura un polo de poder de Eurasia en materia de seguridad, comercio y articulación política.

Años después, fue arquitecto del grupo de los BRICS junto a Brasil, Rusia, India y Sudáfrica que en su momento de mayor auge intentó construir una nueva estructura económica y financiera a la de las instituciones vigentes como el Fondo Monetario Internacional.

Esto terminó quedando a medio camino desde el punto de vista de la consolidación de un bloque contrahegemónico al de las potencias centrales que sufrieron el impacto de la crisis global de 2008, pero no impidió que la relevancia de China continúe en ascenso.

En tiempos de Donald Trump, Pekin debió abandonar el ascenso pacífico y diplomático para adquirir una actitud más confrontativa ante la narrativa antichina del norteamericano.

Con Biden cambió el tono pero no el fondo y la estrategia de la Casa Blanca es frenar en la medida de lo posible la consolidación del liderazgo en varios frentes: la diplomacia sanitaria en tiempos de pandemia que tiene vacunas chinas inmunizando a buena parte de la población mundial y neutralizar la ambiciosa propuesta de la Nueva Ruta de la Seda y sus proyectos de financiamiento en infraestructura que también tiene al Banco Asiático en Inversiones en Infraestructura que compite directamente con el Banco Asiático de Desarrollo que tiene a Estados Unidos y Japón como accionistas mayoritarios.

En el horizonte, aparecen varios desafíos. Por un lado, alcanzar el centenario de la República Popular en 2049 como el país con más población de clase media del mundo y en otro aspecto mantener tranquila su zona de influencia, especialmente en el Mar de China que concentra el 30 por ciento del comercio mundial, pero también en el Tibet y otras regiones en donde crecen las denuncias de violaciones a los derechos humanos y persecución que rebotan con fuerza en gran parte de la prensa occidental.

China busca consagrarse como potencia global y su socialismo con particularidades chinas parece haber llegado para quedarse por un largo tiempo.

Por Augusto Taglioni.

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