Las 60 del Mercosur y la cumbre con Biden

Alberto Fernández cerraría un ciclo de seis meses intensos de agenda internacional, cuando se produzca el encuentro con Joe Biden en la Casa Blanca. La 60ª reunión del Mercosur también traducirá los vaivenes políticos y económicos de la región. | Por Fabián Waldman

«Como alguien que ha ayudado a planear golpes de estado, no aquí sino en otros países, puedo decir que toma mucho trabajo», señaló el exasesor de Seguridad la Estado de Donald Trump hace unos días.

La frase sigue retumbando y corriendo las venas abiertas aún en América Latina, especialmente en Bolivia. Allí, la trama armada por los Estados Unidos junto a Luis Almagro y la OEA, la derecha boliviana encaramada en la actualmente condenada Jeanine Añez y la casi segura complicidad de Mauricio Macri obligó al escape de Evo Morales y generó decenas de asesinados y una crisis económica y social de la cual se está recuperando el vecino país de la mano del actual mandato de Luis Arce.

En este contexto, deberá realizarse el martes y miércoles próximo la reunión Nº 60 del Mercosur en Paraguay, que será la primera presencial desde diciembre de 2019. Las siguientes estuvieron condicionadas por la pandemia del Covid19 y se hicieron de manera virtual.

La Presidencia Protémpore pasará del titular del Ejecutivo guaraní, Mario Abdo, al uruguayo Luis Lacalle Pou. Desde Montevideo llegan movimientos que generan ruido dentro del Mercado Común del Sur. Fueron anticipados hace un tiempo por su primer mandatario pero van camino a cumplirse. La pretensión es comerciar por fuera de la alianza de los 4 países con China, con aranceles que violan los convenios establecidos.

La semana pasada Lacalle Pou anunció que finalizaron los trabajos para el estudio de factibilidad de un tratado de libre comercio (TLC) con China y que ahora se iniciaba el camino de negociación del acuerdo en sí mismo. “Los uruguayos están muy metidos con China y los Estados Unidos muy preocupados”, deslizan desde el Gobierno argentino.

En los últimos meses y particularmente durante la Cumbre de las Américas, la administración norteamericana dejó saber su visión acerca del tema. La penetración del gigante asiático y Japón a través de inversiones alcanzó la cifra de u$s 83.000 millones entre 2005 y 2020, según el sitio Bloomberg. No es vista con buenos ojos por el Norte. Que le ocupen parte de “su patio trasero” no les resulta agradable.

Además, el último viernes Jair Bolsonaro declaró a la prensa de su país que no asistirá a la cita. Sin dar mayores precisiones, señaló que cambió de opinión. “Dije que no voy a ir. En política, podés dar marcha atrás en algunas cosas. Pero mi decisión hasta ahora es no ir al Mercosur, a pesar del llamado de Marito” (por Abdo), y señaló que mantienen con Paraguay inversiones en común en distintos sectores.

En Brasil los medios especulan que esto se deba fundamentalmente a su raid en plena campaña electoral, donde las últimas encuestas dan como favorito al ex presidente Luiz Inácio Lula Da Silva. No es un buen momento para el líder derechista, con un discurso opuesto al de los nuevos aires en América Latina. Luego de los triunfos de Gabriel Bóric en Chile y Gustavo Petro en Colombia, además de la desaparición de PROSUR, aquella alianza generada durante la época de Mauricio Macri la derecha está en replegada.

El faltazo de Bolsonaro y la posición de Lacalle Pou anuncian discusiones en puerta y enmarcan este nuevo encuentro en un clima poco “amigable”. De allí que la decisión final sobre la presencia física de los mandatarios nacionales será tomada en el encuentro previo de los cancilleres. El mismo se realizará el miércoles, aseguran desde el Palacio San Martín, en Argentina.

También son considerados estados asociados, sin poder de voto, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú y Surinam. Bolivia está en proceso de adhesión y Venezuela suspendida desde 2017.

 

El amigo americano

Finalmente la cita será el próximo martes de 26 de julio y no el lunes 25, tal como se había anticipado. Ese día Joe Biden recibirá a Alberto Fernández en visita oficial en la Casa Blanca.

Luego de la recepción habitual a jefes de Estado en el jardín de la residencia y las palabras de bienvenida y agradecimiento mutuos, se dirigirán al Salón Oval, donde mantendrán una reunión ambos mandatarios.

Desde el retorno democrático estuvieron allí Ricardo Alfonsín con Reagan en 1985, Carlos Menem junto George Bush (Padre) en 2 oportunidades 1990 y 1991 y luego con Bill Clinton en 1996 y 1999. Después fue el turno de Fernando De la Rúa, quien también se vio con Bill Clinton en el año 2000, Néstor Kirchner con  George Bush (hijo) en el 2003 y Mauricio Macri con Donald Trump en 2017. La única que no fue invitada desde 1983 es Cristina Fernández de Kirchner.

“Estados Unidos y Argentina tienen hoy una agenda tranquila”, señalan desde la Cancillería local. La condena por parte de la administración de Fernández a la invasión rusa fue agradecida nuevamente la semana pasada por el secretario de Estado, Anthony Blinken, al canciller Santiago Cafiero en el encuentro de los Cancilleres del G20 en Indonesia. “Nos interesan sus inversiones y necesitamos revertir la balanza comercial, en la cual tenemos un déficit hoy de u$s 1.000 millones”, dicen desde el Estado nacional y agregan que lo único que solicitan es “poder sacar los dólares de esas utilidades”. Una de las cuestiones más espinosas en estos días pero que, en función de las urgencias de verdes para crecimiento, será atendida desde Hacienda.

Fernández tratará de conseguir la confirmación de la presencia de Biden en la Cumbre de la CELAC en diciembre próximo en Buenos Aires, algo que ya le había adelantado en Los Ángeles.

Y tampoco faltaría la mención a las Malvinas. Sería esperable también el pedido al mandatario norteamericano para que interceda frente al Reino Unido por este tema. Esta cuestión ha sido expresada por el embajador de EEUU, Marc Stanley, en la Cámara de Senadores el 5 de julio pasado. Allí concurrió invitado por la Comisión de Relaciones Exteriores y admitió: “me gustaría que se abra una negociación”.

La agenda bilateral está siendo consensuada entre ambos países. Desde este lado, intervienen varios actores además del ministro de Relaciones Exteriores y Culto, el embajador en Estados Unidos, Jorge Argüello, y el Secretario de Relaciones Estratégicas, Gustavo Béliz.

La energía y los alimentos estarán en el centro de la agenda del mandatario argentino. La confiabilidad como proveedor de estos productos por parte de nuestro país volverá a ser remarcada por el argentino. Y ligado a esto, la necesidad de inversiones en este momento para aprovechar al oportunidad estratégica cuando la guerra en el este europeo ha puesto patas para arriba los valores de los commodities y acecha una hambruna nunca antes conocida. La reciente visita de Biden a Arabia Saudita para asegurar la provisión de petróleo y sus derivados demuestra la preocupación reinante. El crudo invierno que se avecina en Europa por el faltante de energía que antes proveía Rusia agrava el cuadro general.

La situación económica en los EEUU se retrotrae a 40 años atrás. La inflación alcanzará el 10% anual y en las calles del país del norte esto se siente. El incremento del valor de los alimentos es constante. “La bandeja de pollo que me costaba siempre u$s 6 hoy cuesta u$s 13”, le señaló una turista en Buenos Aires hace unos días a este cronista. Y agregó: “voy a a otro barrio a cargar nafta para mi auto porque me cuesta u$s 1 más barato por galón” (NdR: 1 galón equivale a 4 litros).

En la Argentina, con una inflación en subida luego del declive de abril y mayo y que alcanzó los 5.3% en junio, se espera que supere el 7% en julio, y se pronostica un número anual del cual nadie tiene el techo. Algunos ya hablan de tres cifras. Y esto complica notablemente las previsiones pautadas con el FMI, con quien la ministra Silvina Batakis deberá sentarse a redefinir las metas y también por ello será parte de la comitiva. Este podrá ser otro de los renglones que contemple el encuentro Fernández-Biden. La posibilidad de una mediación del norteamericano frente a Kristalina Georgieva para conseguir el waiver o perdón en las próximas revisiones trimestrales del organismo para que no caiga el acuerdo formarían parte del menú.

Y de parte de la administración norteamericana es previsible aguardar también un nuevo pedido por la invasión rusa en Ucrania. El aumento sustancial de la inversión China, como se marcó unas líneas más arriba, inquieta y preferirían que no existiera. Pero está y, como lo han hecho siempre desde 1945, intervienen para defender “su territorio”.

Es por eso que desde un sector del Frente de Todos cercano a la Vicepresidenta ven con preocupación la firma faltante de Béliz para activar Atucha III. Además, la intención yanky de ingresar al proyecto CAREM, el reactor nuclear que está siendo producido por IMPSA, como señaló hace poco en su visita a Buenos Aires Ann Ganzer, la Subsecretaria de Estado Adjunta del Comité Internacional de Seguridad y no Proliferación de armas nucleares.

El eventual apretón de manos entre ambos mandatarios cerraría un ciclo albertista de seis meses de agenda internacional con cumbres presidenciales en China, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, España e India. Los países más poderosos del mundo como interlocutores en un momento álgido, con preocupaciones como una 3ª Guerra Mundial.

Y mientras tanto, fronteras adentro, las necesidades urgentes de una situación económica, política y social que no encuentra su cauce.

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