La última oportunidad para Venezuela

El gobierno de Nicolás Maduro y las fuerzas de la oposición comienzan una ronda de negociaciones con sede en México. Aunque los antecedentes siembran escepticismo el nuevo marco internacional abre una oportunidad para imaginar otros resultados. | Por Augusto Taglioni.

México es sede de un nuevo un diálogo entre el gobierno de Nicolás Maduro y las fuerzas opositoras. Los antecedentes no son buenos, ya que, los fracasos de las rondas de negociaciones anteriores siembran de escepticismo la posibilidad de alcanzar resultados positivos.

Sin embargo, hay quienes esta vez se muestran optimistas. Por lo pronto, las delegaciones firmaron un memorandum con 7 puntos que todos se comprometieron a respetar. Ellos son:

  1. Garantías electorales para todos.
  2. Cronograma electoral para elecciones observables.
  3. Levantamiento de sanciones, restauración de derechos a activos.
  4. Respeto al Estado Constitucional de Derecho.
  5. Convivencia política y social, renuncia a la violencia.
  6. Protección de la economía nacional y de la seguridad social.
  7. Garantías de verificación de lo acordado.

Los nombres de los que serán parte de estos encuentros son el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, el gobernador de Miranda, Héctor Rodríguez, y el diputado e hijo del presidente, Nicolás Maduro Guerra. Los tres son del núcleo madurista que ha logrado imponerse por sobre Diosdado Cabello, otro peso pesado del chavismo.

En representación de las oposiciones está el secretario general de Primero Justicia, Tomás Guanipa, Stalin González de Nuevo Tiempo, ambos leales a Henrique Capriles, y el embajador “interino” de Juan Guaidó en Estados Unidos, Carlos Vecchio.

La presencia de Vecchio generó tensiones en el chavismo porque su vínculo con el gobierno anterior de Donald Trump y en el caprilismo por no haber renunciado a su “cargo” como embajador, como sí lo hizo Guanipa en su función diplomática en Colombia.

Al margen de eso, todas las partes se comprometieron a llevar a cabo un diálogo sincero y especialmente hermético y sin filtraciones.

¿Cuáles son las razones para ser optimistas en este momento? En primer lugar, el escenario internacional. Con Biden en la Casa Blanca, Estados Unidos cambió de postura, no para defender a Maduro, pero sí para barajar otras opciones a la narrativa dura de Trump.

En ese sentido, Estados Unidos y la Unión Europea dejaron de reconocer a Guaidó como “presidente encargado” para referirse a su figura como “líder de la oposición”. Al mismo tiempo, el desmantelamiento del Grupo de Lima le da más musculatura al Grupo de Contacto Internacional que trabaja para la búsqueda de soluciones dialogadas a la crisis.

A ese cambio de condiciones internacionales hay que agregarle dos elementos locales. Por un lado, la pérdida de poder de Guaidó quien ya no reúne los consensos para ser el líder opositor y su consigna “Cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres” ha caído en saco roto.

Esto le abre espacio a otras alternativas como Capriles, que volvió a hablar públicamente en defensa de la vía electoral y el diálogo y otros de menor peso como la de Alternativa Democrática que tiene a figuras como el ex candidato presidencial,  Henri Falcón, que busca ser nuevamente gobernador de Lara en las próximas elecciones regionales.

Capriles y Falcón buscan posicionarse para el 2024 y para ello necesitan que haya elecciones transparentes y con apoyo internacional para poder tomar las regionales de noviembre como primer paso.

A su vez, Capriles ultima detalles para un diálogo con Maduro que le permita poner fin a su inhabilitación y postularse para las presidenciales. Para el presidente de Venezuela sería enterrar de una vez por todas a Guaidó y su grupo y, al mismo tiempo, atomizar a la oposición de cara a ese proceso electoral.

El otro aspecto importante es la necesidad del gobierno de Nicolás Maduro de restablecer las relaciones con una parte de la comunidad internacional y, sobre todas las cosas, terminar las sanciones para que aliviar de una vez por todas la grave situación económica de su país que hoy está en plena dolarización de facto para hacerle frente a la hiperinflación.

Todos estos elementos alimentan el optimismo y entusiasman a los que quieren que los próximos comicios sean el principio del fin de una crisis que arrastra demasiado tiempo.

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