La gira de Alberto y el equilibrio necesario entre los dos grandes polos

El Gobierno ante el desafío de consolidar una relación estratégica con Rusia y China y mantener el equilibrio con Estados Unidos. | Por Augusto Taglioni.

Alberto Fernández cerró una gira internacional que dejó varias aristas para el análisis. La envergadura de los países que visitó, los líderes con quien se reunió y el contexto en el que se produjo forman parte del debate abierto en torno a lo positivo, riesgoso y negativo de la gira.

Vamos por partes. Alberto logró la foto con Vladimir Putin y Xi Jinping en una muestra del interés de las dos potencias de Oriente de reforzar la Asociación Estratégica Integral con Argentina en el marco del multilaterialismo y la autonomía estratégica.

Además, cerró acuerdos millonarios (en el caso de China será de 23 mil millones de dólares) que permiten que el país acceda a financiamiento que, en caso de concretarse, significaría un alivio notorio en un momento en que el urge el ingreso de divisas.

La incorporación a la Nueva Ruta de la Seda, el mega proyecto chino para financiar obras de infraestructura en buena parte del mundo, es un anticipo de nuevas inversiones asiáticas que llegarán a territorio nacional.

Para ello, el Gobierno necesitaba llegar a las dos reuniones bilaterales con el acuerdo con el FMI cerrado y el frente interno controlado. El primer objetivo se logró, el segundo comenzó con un incendio y, si bien hubo acciones para mitigarlo, todavía huele a quemado en el quincho del Frente de Todos.

Hasta ahí podemos observar un saldo positivo del viaje, pero eso no expresa la totalidad de la ecuación. El Gobierno está obligado a construir un fino equilibrio que le permita capacidad de maniobra con los grandes jugadores del oren internacional. Hablamos de Estados Unidos, China y Rusia, y en menor medida la Unión Europea.

Argentina debe poder trabajar seriamente con todos ellos y alcanzar acuerdos beneficiosos que le permiten acceder a dólares y generar inversiones que impulsen el crecimiento y el empleo.

El dinero chino al que accederá Argentina se efectivizará en dos tramos. El primero, que ya recibió la aprobación, constará 14 mil millones de dólares bajo el mecanismo del DECCE, Diálogo Estratégico para la Cooperación y Coordinación Económica.

Mientras que el segundo será por 9.700 millones de dólares aproximadamente, con propuestas que la Argentina presentará en el Grupo Ad Hoc creado en el marco de la adhesión a la Franja y la Ruta de la Seda.

El Frente de Todos tiene figuras para eso en el mundo de la diplomacia e incluso embajadores políticos como Jorge Arguello, Daniel Scioli, Eduardo Zuain o Sabino Vaca Navaja que operan como insumo para Santiago Cafiero en esa misión.

Sin embargo, Alberto transita un camino escarpado a riesgo de caerse para uno de los lados. Frases como “Argentina tiene que ser la puerta de entrada de Rusia a la región” o visitar la sede de Huawei (principal competidor de Estados Unidos en la carrera por controlar la red 5G en el mundo) son gestos que pueden herir susceptibilidades en un momento donde se necesita tener el frente externo tranquilo.

En el caso ruso, el Comando Sur viene alertando con consenso de las Fuerzas Armadas de Brasil el riesgo que implica la presencia de Moscú en Venezuela, sobre todo en materia militar. En ese punto, ¿a qué se refiere el Presidente cuando se ofrece como puerta de entrada? ¿A la distribución de Vacunas? ¿Bases militares? ¿Inversión en sectores claves? ¿Diversificar las exportaciones? Esto último no estará mal dado que solo le vendemos manteca y maní.

Respecto de la visita a la empresa de tecnología Huawei en China, es harto conocido que existe una disputa abierta con Estados Unidos y darle luz verde a China en este sector es lago que a Washington le quita el sueño.

Hoy, esta disputa en América Latina se están dando en Brasil y Chile que ya tienen abiertas las licitaciones para implementar la red 5G. Esa discusión, en el mejor de los casos, llegará a Argentina a fines de 2023. ¿Para que adelantarnos con gestualidades innecesarias?

Alberto Fernández tiene el hábito de sobreactuar gestos y eso, en el delicado mundo de la diplomacia puede generar algunos problemas. También es cierto que la compleja situación interna en el Frente de Todos obliga al Presidente a mostrarse más cerca de los adversarios de la Casa Blanca para contener a los heridos que quedaron luego del acuerdo con el FMI.

Aunque no se quiera reconocer, el gobierno de Joe Biden jugó un papel fundamental para destrabar un acuerdo que el propio directorio del FMI considera que no fue lo esperado. La reunión de Cafiero con Blinken fue determinante para destrabar el interminable análisis técnico.

En Cancillería consideran que “mientras haya consensos en 4 o 5 temas y no nos metamos en temas muy sensibles, no habrá problema con Estados Unidos”.

Todo tiene que ver con todo y, como dijo recientemente el representante argentino ante el FMI, Sergio Chodos, “acordar con el FMI es acordar con Estados Unidos, China y la Unión Europea”.

Esto no quiere decir que haya que pedirle permiso a Estados Unidos para tomar decisiones ni mucho menos sino de ser estratégicamente inteligente y no anticipar conflictos que pueden evitarse o, al menos, postergarse.

De todas formas, la gira estuvo lejos de incomodar a nadie e incluso, en lo que pareció una política de control de daños, el jefe de gabinete Juan Manzur tuvo un fructífero encuentro con el embajador de Estados Unidos, Marck Stanley.

Es un acierto del Gobierno jugar sus cartas con autonomía y será un desafío consolidar el equilibrio y el pragmatismo y evitar señales que compliquen más de la cuenta.

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