La fe en la democracia

El establishment pretende vedarle al peronismo hasta la religión de sus bases, mientras el Gobierno se aferra al milagro o la redención de los dólares para purgar el pecado original de la representación que prometió. | Por Pablo Dipierri

“La violencia se pone fría y te espera sentadita en el cordón”.
Reggae de Rojo y Negro,
Los Piojos.

Aunque el 93 por ciento de los encuestados por la consultora Zuban Córdoba admitió estar informado sobre el atentado contra la vicepresidenta Cristina Kirchner, la interpretación de los hechos es objeto de disputa. Según el último trabajo difundido por la firma, el 55 por ciento cree que el atacante fue parte de una organización o conspiración y solo un 15 por ciento adhiere a la tesis del “loco suelto” pero un 71 por ciento no tiene confianza en que la investigación judicial esclarezca los acontecimientos.

Un guarismo similar arroja la pregunta acerca de la necesidad de un acuerdo político que normalice la vida en democracia. Sin embargo, la mitad de los consultados no cree que el atentado contra la ex Presidenta constituya una afrenta contra el sistema erigido desde 1983.

En ese sentido, el ataque de Fernando Sabag Montiel no constituyó un punto de inflexión de ninguna índole sino que, antes bien, confirmó y profundizó el antagonismo entre dos lenguas de madera, sin chances de fundirse en una discusión pública honda. “Cuando se le pregunta a la sociedad por la responsabilidad y la madurez de los distintos sectores políticos ante el atentado, la mayoría responde de acuerdo a sus sesgos e identificaciones partidarias: quienes votaron por el FDT ven en el oficialismo más madurez y quienes votaron por JxC tienen el mismo sesgo hacia sus representantes”, advierte la consultora cordobesa, y agrega en sus palabras preliminares: “solo un dato puntual parece romper esta inercia. Cuando se le pregunta a la opinión pública qué sector influye positivamente para neutralizar y disminuir los discursos de odio, la primera opción en aparecer es ‘ninguno’ con un 32%”.

Ante el traslado de la inquietud sobre qué sector tiene más responsabilidad en la generación de este clima, un 36,6 por ciento apunta contra el oficialismo; un 24,2 por ciento contra los medios de comunicación y los periodistas; un 12,5 por ciento contra Juntos por el Cambio; y un 11,1 la atribuye a las redes sociales. Este croquis encaja casi calcado con las preferencias electorales medidas según intención de voto si los comicios fueran hoy: un 33,5 por ciento votaría a la entente de macristas, radicales y lilitos, mientras que un 25,9 por ciento lo haría por el oficialismo. El dato alarmante, otra vez, es que los libertarios que se identifican con Javier Milei sitúan al economista en una para nada desdeñable cosecha de 24,6 por ciento de las preferencias totales.

Asimismo, la desagregación de la titularidad de los sembradíos de odio en base a los comicios del 2019 da cuenta de que sólo el 5 por ciento de los que optaron entonces por Mauricio Macri ven a la prensa como instigadora; mientras que esa postura es adoptada por el 35 por ciento de los que se inclinaron por Alberto Fernández y el 14 por ciento de los que lo hicieron por Roberto Lavagna. Y entre quienes señalan al Gobierno nacional como depositario de la responsabilidad por la diseminación de resentimiento puede verificarse el apoyo de tres cuartas partes de los que votaron a la fórmula que compuso el ex Presidente con el auditor Miguel Pichetto; el 53 por ciento de los que metieron la boleta del ex ministro de Economía de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner;  y el 13 por ciento de los que eligieron al actual primer mandatario.

 

Rezo por vos

Tal vez por eso no resulte extraño que la Casa Rosada se encomiende a la palabra de Dios para salir de este atolladero. Más allá de lo problemático o frustrante de que la experiencia gubernamental en curso deba hincarse frente a un altar para defender la democracia, los dueños del país no están dispuestos a concederle ni una misa al peronismo declinante.

Mientras parece que la estrella del Frente de Todos se apaga paulatinamente a pesar de los esfuerzos por hacer los deberes y cumplir con los verdugos, la discusión del fin de semana en los principales medios se tramitó sobre la impertinencia del oficialismo por congregarse en la Basílica de Luján. Ni la redención de los embajadores del cielo en la tierra parece permitida para el alicaído hecho maldito del país burgués.

 

Hasta allí fueron representantes de diversas tribus del FdT, Fernández hasta el gobernador Axel Kicillof y el ministro del Interior, Eduardo de Pedro. Y para Clarín y La Nación, la Iglesia pasó a ser el blanco de sus críticas: que el arzobispo Jorge Sheinig es K o que el Papa Francisco digitó todo desde Roma y que ahora la cúpula eclesiástica se despegaría de ese tributo militante que la Casa Rosada imaginó ecuménico pero las mezquindades de un sistema político subordinado a los apetitos de las corporaciones empresarias pretendió partisano.

Esto es así porque, bajo el revestimiento político del odio, el escarnio mediático que promueve la deshonra del kirchnerismo y el asedio judicial contra la vicepresidenta Cristina Kirchner, se escamotean y trafican los intereses económicos de la oligarquía diversificada: la que tiene campos pero también enclaves en las cadenas de valor industrial, bonos de deuda de la timba financiera y un entramado aceitado para hacerse de dólares cada vez que el Estado nacional termina a upa del FMI.

Ayer, el colega Alfredo Zaiat publicó un excelente artículo en Página 12, donde revisa los comunicados de las cámaras o asociaciones empresarias argentinas para ver el tenor de sus condenas al atentado contra la ex Presidenta. No sólo encuentra palabras amarretas o fórmulas sintácticas ambiguas sino que da cuenta de cómo la conducción política del poder económico apuesta a que el peronismo caiga por la frustración de su electorado ante el incumplimiento de sus promesas de campaña en 2019 o que se docilice tanto que no se distinga entre su propuesta y la de una derecha ultraliberal.

Frente a ese escenario, Sergio Massa busca el apoyo de inversores, una fracción del gobierno estadounidense y la titular del Fondo, Kristalina Georgieva. La película de siempre, con menos tiempo y menos recursos. El Gobierno contiene la respiración, cruza los dedos y reza padrenuestros, a la espera del milagro, la carambola y los dólares.

 

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