La era Lasso

Por Augusto Taglioni | Guillermo Lasso es el nuevo presidente electo de Ecuador. Banquero, empresario y representante de la elite tradicional de Guayaquil, lideró una propuesta electoral que incluyó a los partidos de la derecha tradicional como el Partido Social Cristiano de Jaime Nebot y la defensa de los intereses de la banca y el empresariado alineado con Estados Unidos.

Por Augusto Taglioini.

Lasso derrotó al candidato de Unión por la Esperanza del correísta Andrés Arauz, que tuvo que ocuparse de la candidatura ante la inhabilitación de Rafael Correa.

Lasso expresa más continuidad que cambios en relación a la experiencia de Lenin Moreno, pues tanto su partido (CREO) como el PSC le brindó gobernabilidad en la Asamblea Nacional y articuló buena parte del plan económico de los últimos cuatro años.

De todas formas, el nuevo presidente tendrá desafíos muy marcados. Gobernar sin mayoría parlamentaria, implementar un modelo económico neoliberal en medio de una pandemia que afectó severamente la economía y el empleo y, por si fuera poco, cuenta con un estado de convulsión social contenida pero que tuvo su estallido en octubre de 2019.

La pregunta que se abre es: ¿qué margen tiene su gobierno para aplicar un plan económico de ajuste y privatizaciones clásico frente a un sector indígena dispuesto a movilizarse para declarar diversas reivindicaciones o resistir medidas antipopulares?

El primer camino será el de la construcción de una alianza táctica con el interbloque conformado recientemente por el sector de Yaku Pérez y la denominada "Izquierda Progresista" de Xavier Hervas.

Seguramente tendrá allí un canal de acuerdos que le permitirá contar con mas musculatura para contrarrestar lo que será una oposición férrea de la Revolución Ciudadana liderada por Rafael Correa.

En el plano regional, Lasso estará cerca de los gobiernos de centro-derecha y construirá un estrecho vínculo con Estados Unidos que tendrá que ser calibrada ante una creciente influencia económica de China.

Otra lectura de los resultados de la elección debe dirigirse hacia el sector derrotado. ¿Qué le faltó al correísmo para ganar la segunda vuelta? Lo primero que hay que decir es que el frente Unión por la Esperanza logró superar muchos obstáculos para llegar competitivo a este balotaje.

Desde la inhabilitación contra Rafael Correa hasta una serie de aspectos legales que complicaron hasta último momento la formalización del binomio entre Andrés Arauz y Carlos Rabascall.

De todas formas, el anticorreísmo y el factor indígena fueron determinantes para esta derrota. La victoria de la campaña por el voto nulo impulsada por Yaku Pérez a modo de protesta contra lo que consideraron un fraude del Consejo Nacional Electoral fue más fuerte que el importante apoyo recibido por Jaime Vargas, de la poderosa organización indígena CONAIE, semana previas a la contienda electoral.

Evidentemente, la relación con el movimiento indígena será un asunto de debate interno para que el progresismo ecuatoriano pueda pensar un nuevo sistema de relaciones para la construcción de proyectos de cara al futuro.

Ya sea por errores propios de la revolución ciudadana o manipulación de los poderes fácticos, el anticorreísmo logró aglutinarse para lograr esta victoria y ahora tendrá el desafío de gobernar con un plan económico que puede empeorar los dramas sociales generados por la pandemia. El tiempo dirá cuál es el pulso de la derecha ecuatoriana para un momento de tanta fragilidad.

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