La épica del mal menor

El gobierno se limita a plantarse contra el apetito devaluatorio del establishment, luego de que se haya producido una brutal transferencia de ingresos por efecto de la inflación. Frente al asedio, escasean anuncios que apunten a mitigar la caída del poder adquisitivo. | Por Mariano Denegris

Las tres son mujeres tozudas. Llevan años sin rendirse. Se ponen al hombro a sus mundos público-privados, a sus comunidades barriales, familiares, políticas.

Teresita se propuso parar la olla de las 35 familias que compartían la vivienda temporaria en las que el Gobierno de la Ciudad las alojó hace más de 15 años. A comienzos de 2020, cuando en medio de la pandemia nadie podía salir a changuear, abrió de la nada un comedor en Nueva Pompeya y hasta le hicieron notas en la tele destacando su labor solidaria. Eran notas de color. Pasada la cuarentena, se fueron destiñendo. Pero ella siguió adelante y hace unos días le llegó el reconocimiento de Desarrollo Social para Rinconcito de Amor como comedor comunitario Además, conformó una cooperativa de vivienda.

Norita lleva décadas militando en el Barrio Padre Mujica, ex Villa 31. Para su merendero La Amistad, como para tantos centros comunitarios en ese y otros barrios, atravesar la muerte y las muertes en los peores meses del COVID no fue lo mismo que para los barrios de clase media alta que están a 10 minutos de caminata de su casa. Migrantes, hábitat, producción textil, educación, limpieza, género. En todos esos frentes Nora milita y es una promotora capacitada. Aunque el registro estadístico la tenga como informal o desempleada, según los períodos.

Analía se vino de La Matanza para Soldatti, escapando de las golpizas de su ex pero también del destino de su madre. Para esto último, logró lo más importante: hacerse cargo de sus hijos. No sólo es la jefa de familia, también de un grupo de vecinas para las que compró tres máquinas de coser y una estampadora con sus ahorros.

En la última reunión de agrupaciones barriales de la CTA, Teresita hizo  su diagnóstico breve pero certero. “No vamos a decir que trabajo no hay, ahora hay. Pero lo que ganás no te alcanza ni para la comida del mes porque todo aumenta”, describe el crecimiento sin distribución de los últimos dos semestres sacudidos por la inflación. En el mismo encuentro de referentes territoriales, Norita reclama unidad a los referentes del Frente de Todos, “que se dejen de joder con las peleas de cúpula porque los que pagamos el pato somos nosotros”. Analía no pudo ir a la reunión. Pidió disculpas al día siguiente: “otra vez terminé en la guardia con ese dolor en el pulmón y la dificultad para respirar. El médico me dice que es algo nervioso. Lo que pasa es que la señora que me alquila me dice que me aumenta a 35 mil ahora y 40 mil a partir de fin de año. Estuve toda la semana buscando y no tengo donde ir”. El subsidio habitacional del gobierno porteño no cubre ni la mitad. Y además, los alquileres en villa no ofrecen ningún papel como para comprobar los aumentos y que eso se replique en el subsidio.

Sin la unidad, no se puede pero sólo con la unidad no alcanza. Y al revés. Para qué debiera alcanzar la unidad. La frase análoga atribuida al presidente Alberto Fernández donde el nombre de Cristina ocupaba el lugar de la palabra unidad era más precisa. No alcanzaba para derrotar al gobierno de Macri, decían algunos. O para gobernar después del triunfo electoral, aseguraban otros. Ahora para qué se necesita la unidad. Para llegar con chances a la elección de 2023 o para resistir un golpe de mercado que haga estallar al Frente de Todos antes de finalizar su mandato. Para lo primero, puede que no alcance. Para lo segundo, puede que sí. En un artículo reciente de La Patriada se afirmó que la única manera que tiene el poder fáctico de revertir la situación de empate que permite movimientos cortos es la fabricación de una crisis de la envergadura de la hiperinflación del siglo pasado, para que cualquier política de shock se vuelva aceptable y los sectores dominantes avancen en la guerra de posiciones. Eso es lo que buscan los movimientos devaluatorios y desestabilizadores de acá a fin de año. Y eso es lo que busca evitar el acuerdo entre las principales partes del Frente de Todos que derivó en el encumbramiento de Sergio Massa a cargo del manejo económico del gobierno nacional.

El ex subsecretario de Energía Juan José Carbajales asegura que Argentina no es totalmente deficitaria en materia energética. En un clásico radiofónico de los sábados a la mañana, advirtió que “mientras se autoabastece en petróleo crudo e incluso exporta, en el caso del gas natural se autoabastece durante 9 meses del año”. El famoso “pasar el invierno”. Por eso, el diputado nacional Hugo Yasky afirmó que se asiste a los dos meses más difíciles del año, porque la presión devaluatoria de los exportadores de granos que retienen sin liquidar divisas se une temporalmente a este déficit energético. La presión de los silobolsistas tiene dos objetivos solidarios entre sí: aumentar sus ganancias por efecto de la devaluación perseguida y jaquear al gobierno con la corrida inflacionaria que esto generaría. Ganar-ganar para estos empresarios. Los exportadores, los grandes fabricantes de insumos difundidos, las alimenticias tienen por delante un horizonte de éxitos y se relamen desde este presente de crisis.

Para hacer frente al General Invierno contra el que fracasaron los emperadores más poderosos de su época, el Gobierno nacional no tenía un comandante sino un delegado que no pudo cambiar durante los primeros dos años de su mandato a excepción de los primeros meses de la pandemia. Pasado ese período, predominó una inverosímil épica del mal menor.

El Tigre del Delta llega para hacer algo parecido. Impedir lo peor. Pero cuando lo peor está tan cerca, el tinte épico se hace más verosímil.

El último informe del Centro Cifra de la CTA junto a FLACSO analiza pormenorizadamente la evolución de la distribución funcional del ingreso en Argentina entre 2016 y 2022 y concluye que, entre los tres últimos años de la gestión macrista y los dos primero del Frente de Todos, los asalariados formales e informales transfirieron a los sectores del capital unos 70 mil millones de dólares. Con caída del producto durante el gobierno neoliberal o con crecimiento, particularmente  en el 2021, el aumento de la productividad del trabajo llevó a que millones de trabajadores tengan cada vez menos de la torta que producen y los empresarios cada vez. Además de las desigualdades al interior de los mundos del capital y del trabajo que hacen que no todos los empresarios hayan ganado y no todos los laburantes hayan perdido por igual, es interesante dilucidar cuál fue el principal instrumento que identifican los autores de la investigación como responsable de la extraordinaria transferencia: la inflación. A contramano de  los economistas que relativizan la puja distributiva, el trabajo de CIFRA encuentra el destino del proceso inflacionario en el aumento fenomenal del excedente empresario.

Pero detener la inflación no sólo es una necesidad económica para el Gobierno nacional. Es, ante todo, una condición de supervivencia política. Si lo logra, podrá construir el tiempo para algo más que un mal menor. Por ahora, intentó mostrar que tenía de dónde rascar la olla para pasar el invierno: 7 mil millones de dólares que asegura tener bajo la manga y el ahorro por aumento de tarifas energéticas. Pero para los que perdieron en los últimos cincos años con la transferencia de ingresos de 70 mil palos verdes, hay sólo anuncios difusos. Aumento a las jubilaciones, bonos a los beneficiarios de programas de empleo, incremento al sector de asalariados que gana entre 50.000 y 150.000 pesos y revisión del esquema de asignaciones familiares.  Un sector del movimiento obrero que no se sienta en la mesa chica de la CGT viene planteando que es urgente recomponer los ingresos de los trabajadores con salarios medios y bajos que fueron esquilmados con el apriete inflacionario y especulativo de las últimas semanas. Para ello, dicen, es imprescindible el otorgamiento por decreto de un aumento salarial de suma fija como los que dispuso Néstor Kirchner en 2003 y 2004, y el propio Fernández en enero de 2020. La suma fija no es en oposición a las paritarias, porque sería a cuenta de las paritarias. El aumento por decreto acelera los tiempos de la recomposición y llega a todos por igual. Al ser el mismo monto, levanta a los de más abajo. Después, la paritaria los absorbe de acuerdo a escalas y otros conceptos.

Sobre la cuestión de las asignaciones familiares que mencionó Massa sin mucha repercusión en su conferencia de prensa se escuchó poco. Sin embargo, se trata de uno de los componentes de ingresos más progresivos, ya que ayudan a quienes más lo necesitan y constituyen una diferenciación salarial positiva por apuntar a un sector, la infancia y la adolescencia, cuyos índices de pobreza son superiores al resto de los segmentos etarios.

En la actualidad, estos conceptos del salario atraviesan dos problemas. Por un lado, como los montos se actualizan por trimestre pero los topes se actualizan anualmente, disminuye la cantidad de beneficiarios a lo largo del año por efecto de la inflación y el aumento del RIPTE. Se estima que, entre marzo de 2022 y marzo de 2023, 900.000 niñxs perderían el beneficio.

Por otro, los topes no son sólo por Ingreso Familiar sino también por cada uno de los miembros; si uno de ellos supera el 50 por ciento del ingreso máximo deja de percibirlo. Esto genera inequidades. Si una familia tiene ingresos totales brutos por 300 mil pesos, percibe esta asignación. En cambio, si uno de los miembros recibe 160 mil y el otro 40 mil -aunque sumen 200 mil brutos, es decir 166 mil de bolsillo-, no lo perciben. Y también se perjudican las familias con un solo ingreso que supere los 158 mil pesos brutos, alrededor de 130 mil pesos netos. Aunque el tema no se terminó de colar en la agenda ni con la mención del flamante ministro, afecta a más de 4 millones de niños, niñas y adolescentes a través del salario de sus familias.

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