La derrota y la insuficiente diferenciación política

Pocas horas antes de la veda electoral, el Presidente dijo que hay dos modelos de país que compiten entre sí. Acaso la debilidad principal del mandatario y su equipo de gobierno haya sido no actuar sobre la base de esa realidad. | Por Edgardo Mocca.

Nadie previó el resultado electoral del domingo. Ni los actores políticos, ni los comunicadores, ni los encuestadores. Estos últimos no solamente no lo previeron, sino que salieron a difundir cifras patéticamente distantes a la realidad en sus sondeos a boca de urna. Es decir que un conjunto de actores políticos relevantes no pisan el terreno real en el que actúan.

El terreno de la política argentina es el de la pandemia y el de los recursos escasos. Es el encierro y la escasez. La vacuna mejora las condiciones, transmite esperanzas. Pero no circula ninguna vacuna contra el precio de los alimentos y otros artículos de primera necesidad. Y esta última es una pandemia que lleva ya cuatro años de vigencia. Es decir que se trata de una circunstancia que no es responsabilidad exclusiva del actual gobierno. Pero los platos rotos de la desesperanza colectiva los paga siempre el oficialismo. Mucho más en este caso en el que el clima creado por los medios de comunicación dominantes era todavía peor que la de por sí grave situación social.

Los votos y el ausentismo son un testimonio de descontento con la situación social argentina. Nada que pueda sorprender en momentos en que el índice de pobreza supera entre nosotros el 40%. Es decir que vivimos un 2001 sin estallidos sociales: razonablemente se puede sostener que esta vez el estallido fue en las urnas. Claro que es el gobierno en funciones el que paga el costo de la situación. Y es muy llamativo que el legítimo descontento termina abultando la cifra de votos de la coalición que es la responsable central de la situación. La fuerza política que paralizó la producción, vació al estado, endeudó de manera irresponsable y dolosa al país y agravó todos los indicadores sociales emergió como beneficiaria del descontento popular.

La explicación consiste en el antagonismo. En la Argentina hay dos bloques político-culturales claramente diferenciados y radicalmente enfrentados. No importa que esos bloques no abarquen a toda la población y comprometan solamente a sus sectores políticamente activos. No hay manera relevante de combatir a la coalición de gobierno que no pase por fortalecer a su antagonista. Claro que crecieron fuerzas como la de la derecha ultramontana y la izquierda testimonial, pero eso no altera la cuestión de la disputa efectiva del poder político (o de la parte modesta de ese poder que ejercen las autoridades constitucionales). Pocas horas antes de la veda electoral, el presidente dijo que hay dos modelos de país que compiten entre sí. Hace mucho que el peronismo realmente existente -o su parte principal, la que acompañó la experiencia de gobierno de los Kirchner reconoce esa realidad del antagonismo. Acaso la debilidad principal del presidente y su equipo de gobierno haya sido no actuar sobre la base de esa realidad.

Es decir, el gobierno tardó en reconocer el carácter real de ese antagonismo, en advertir que el tiempo de la política de adversarios mutuamente “respetuosos y tolerantes” ya no funciona entre nosotros. Y no hay que lamentar de que esa concordia (conservadora y cómplice) haya desaparecido porque la indiferenciación de los proyectos políticos es pariente directo del discurso único neoliberal impuesto en los años noventa. En la práctica ese estatus consistía en criticar al adversario en el gobierno para ganar las elecciones y hacer desde la presidencia la misma política.

Acaso el déficit que llevó a la provisoria derrota al Frente de Todos sea la insuficiente diferenciación práctica entre sus políticas y las del macrismo. La idolatría del superávit fiscal por encima de la atención a las carencias sociales es el principio central de ese déficit de diferenciación. Eso no explica, claro, la recuperación electoral del macrismo, pero el voto “contra” es característico de las elecciones de medio término. Si esto es así, el rumbo del gobierno tendría que girar en torno de esa necesidad urgente de diferenciación con las experiencias de gobiernos neoliberales.

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