La Argentina imposible

El gobierno del Frente de Todos corcovea por las tensiones internas ante la divergencia de diagnósticos y pronósticos sobre el acuerdo con el FMI. Bajo la impotencia de la coalición oficial para el abordaje resolutivo de la inflación y la escasez de divisas, la fracción kirchnerista y el albertismo nonato asumen la configuración por adelantado del escenario 2023. | Por Pablo Dipierri.

“Si a vos te invitan a una casa y te dicen que hay peras y manzanas, ¿pedís naranjas?”, le dijo el director argentino ante el FMI, Sergio Chodos, al dirigente político que lo visitó la semana pasada para evadirse del desconcierto que sacudió al Frente de Todos (FdT) desde que el diputado Máximo Kirchner renunció a la conducción del bloque oficialista en la Cámara baja. Para colmo, Chodos se habría excusado en su profesión como abogado ante el reclamo de precisiones que, a su criterio, demandarían el conocimiento de un economista.

La escena fungiría de comprobación empírica de los pasajes más hirvientes de la carta que el líder de La Cámpora remitió al presidente Alberto Fernández para manifestarse en contra del cariz escogido en la discusión con los acreedores, como el fragmento en el que consignó que no se afrontó la compulsa por la deuda con dureza. Sin embargo, nadie tiró la toalla: tanto fuentes del Senado como voceros del gabinete nacional advierten que el partido no terminó. Hasta el flamante relevo de Kirchner en la jefatura de la bancada, Germán Martínez, explicó a FM La Patriada que el entendimiento se votaría a libro cerrado pero nada impide a los legisladores labrar las normas que crean necesarias para complemento y desarrollo de herramientas que cuiden los intereses nacionales.

Por lo demás, la dimisión de Kirchner convirtió en hojas mustias la cartografía que había trazado la Casa Rosada para el debate en el Congreso, aun cuando el primer mandatario había saboreado un agridulce sosiego tras el anuncio del preacuerdo con el organismo multilateral, sellado el 29 de enero pasado. “Esto prefigura las PASO del 23”, le dijo a este cronista una funcionaria que integra el Grupo Callao, el armado que tiene como referente al canciller Santiago Cafiero, al tiempo que se mostró confiada en que el oficialismo contará con los votos suficientes para la aprobación de la renegociación de la deuda externa en el Parlamento.

Los últimos 15 días fueron, así, presa del frenesí por los encuentros furtivos o formales para el poroteo. Los tres ediles del Frente Patria Grande, Itai Hagman, Federico Fagioli y Natalia Zaracho, se apuraron a comunicarle a la prensa su voto negativo, a las pocas horas de la conferencia que brindaran conjuntamente el jefe de Gabinete, Juan Manzur, y el ministro de Economía, Martín Guzmán. Diez días después, sobrevino el cálculo público del diputado Hagman: habría 30 abstenciones en el FdT al momento de la búsqueda de la media sanción. Si bien la nómina no es acabada, la muletilla de la paciencia hasta que aparezca la “letra chica” se volvió la contraseña evasiva entre los despachos legislativos. El zamarreo de Kirchner puso en alerta a dirigentes que se preguntan por qué deberían levantar su mano en el recinto u oprimir el botón de su escaño por la positiva cuando el representante de una fracción mayoritaria del peronismo dio un paso al costado sin decirle a nadie cómo se pronunciaría.

Mientras tanto, la militancia juega a las adivinanzas o afila la intuición para la exégesis del silencio táctico de la Vicepresidenta. Dos fuentes distintas consultadas por este medio aseguran que la gran electora del 2019 augura una derrota del gobierno en el próximo turno electoral si se rubrica este acuerdo y se mantiene este itinerario gubernamental. “Así, perdemos el año que viene”, le habría dicho a un diputado y dos gremialistas que la visitaron hace 72 horas.

Y ahí es donde se bifurcan los diagnósticos y se dividen los pronósticos. La porción del kirchnerismo que se identifica plenamente con la dirigenta de mayor peso político del país atisba un horizonte brumoso, con deterioro económico por el ajuste fiscal que aseguran exigirá el Fondo en cada supervisión trimestral. Pero, por otro lado, el Jefe de Estado y Guzmán estiman un piso bajo pero lo bastante promisorio de crecimiento como para suplir el achicamiento del déficit fiscal con incremento de la recaudación genuina, no incumplir las metas comprometidas y postergar los vencimientos para 2025. Jugarse chico, revancha y bueno al truco con timberos que marcan cartas con el jeroglífico de las calificadoras de riesgo no es recomendable pero, ante la aporía, toda acción política reclama su derecho a la esperanza.

Contra la sentencia de epílogos indulgentes o renuncias autocomplacientes, ululan diputados y funcionarios que maceran una serie de iniciativas para seguir dando batalla –dentro y fuera del recinto-. Curtidos en disímiles refriegas, no se desaniman aunque se perciba cómo se agigantan los tentáculos del gigante cefalópodo financiero y vocean o estudian búsquedas como las del ataque a la evasión fiscal que impulsa la AFIP o normas que impidan el jolgorio de la fuga con préstamos oprobiosos.

Historia sin final

Aunque la lucha continúa siempre, el kirchnerismo y el albertismo ya escribieron sus propios epitafios para una eventual lápida de la alianza gobernante y cada cual le atribuye la responsabilidad del fracaso o la defunción al otro. Los que reivindican a la ex Presidenta facturan al ex Jefe de Gabinete de los albores del Frente Para la Victoria el inexorable naufragio por subordinarse a los designios de Washington, al paso que los tributarios de la aventura peronista sin el resplandor de la Vicepresidenta que los eclipsa tipean en el aire testamentos donde acusan de conspiradores a sus socios camporistas.

No obstante, el corto plazo parece escamotearle complacencia a Kirchner. Los que frecuentan Olivos no salen de su asombro por el supuesto cálculo errado que redundaría en ganancia para Fernández: si La Cámpora votara en contra, su imagen seguiría desdibujándose frente a la sociedad por ponerle trabas a la experiencia política que integra; si se abstiene, no lograría la contención de la fuga por izquierda que algunos cuadros consultados para este artículo concedían para solazarse en la angustia tras la renuncia; y si acompañara el proyecto de Balcarce 50, la maniobra de la discordia perdería sentido. En cualquier caso, el Presidente saldría fortalecido si obtuviera la conversión del acuerdo en ley.

Asimismo, en Gobierno reconocieron que el camino es escarpado y sinuoso para todos. “La jugada fue para preservarlo a Máximo por si nos va mal”, admitieron ante este portal, y agregaron: “el acuerdo nos da tiempo pero, si no barajamos la inflación, va a ser un problema porque la gente está caliente”, lamentaron. El problema de las deliberaciones de unidad básica por Twitter o televisión es que reaparece el fantasma del 2015, y el temor a su retorno en 2023 tornan dolorosamente viva la disyuntiva marxista del 18 Brumario, entre un final terrible o un terror sin fin.

Ese panorama ensombrecido vislumbran los economistas del grupo CIFRA-CTA, a pesar de que brindaron sustento teórico a la central para el comunicado en el que destacaron que el principio de entendimiento disipaba la tormenta cambiaria en ciernes y plantearon que los trabajadores no carguen con el costo de la deuda. Similar apreciación soltó el profesor Ricardo Aronskind pero advirtió también sobre la importancia de enfrentarse al poder permanente para la recomposición del poder adquisitivo de los asalariados.

En la misma sintonía se mueve la Vicepresidenta, que no encuentra la salida del laberinto donde Cambiemos encerró al país. Cavilando en la misma impotencia que expresan sus epístolas pero sin resignarse, hasta tuvo que escuchar la demanda de quienes anhelan una mesa de discusión o añoran su conducción: “vos nos dijiste que teníamos que votar a Alberto”, le reprochó amablemente uno de los interlocutores sindicales en su propia oficina. Sin echarle tierra a su compañero de fórmula, en su respuesta habría deslizado que el hombre cree que puede sin pelearse cuando ella sabe que, en realidad, hay que pelearse para poder. Lo verdaderamente inquietante e indecible para el FdT es que parece que sus capitanes están listos para perder porque nadie está preparado para ceder.

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