Georgina Orellano presentó su libro ‘Puta feminista’

La Secretaria General Nacional de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR) resaltó la importancia de la organización ante la violencia institucional y la discriminación que recibe el trabajo sexual.

La autora del libro ‘Puta feminista: Historias de una trabajadora sexual’, Georgina Orellano, manifestó que la obra es una autobiografía que realiza un recorrido donde relata su vida como trabajadora sexual durante 16 años «pero a la vez también cuenta la importancia de la organización sindical y de habitar espacios feministas».

En los estudios de FM La Patriada, relató que en su libro describe cómo fue el proceso de «sindicalización» que vivió: «En mi experiencia me acerqué al sindicato cuando empecé a tener dificultades para poder desarrollar el trabajo sexual y eso tenia que ver con la presencia de la policía, con coimas policiales que nos exigían para trabajar de manera tranquila, sumado a hostigamientos y discriminación por parte de los vecinos del barrio».

En ese contexto, Orellano, quien es la secretaria general nacional de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR) y en su cuenta de Twitter se declara «peronista, puta y feminista» además de «militante por los Derechos Humanos y Laborales de lxs Trabajadorxs Sexuales», destacó que el sindicato supo darles «una respuesta rápida y efectiva».

«El click en mi se dio cuando supe que tenía derechos», afirmó y manifestó: «Nos dimos cuenta de que todas estábamos en lo mismo, vivíamos las mismas dificultades y desigualdades».

En ese sentido, resaltó la importancia de organizarse y señaló que el capítulo ‘Sindicalizar la esquina’ hace un recorrido de cómo abandonaron «ese aislamiento social» e individualismo: «Para poder empezar a transformar nuestra realidad primero tiene que haber una organización».

De esta manera, la militante y referenta de AMMAR aseveró que debido a la «naturalización de la violencia y de la opresión» que ejercen las fuerzas policiales «no había disputa alguna» entre las trabajadoras sexuales y que el cambio se generó cuando se capacitaron sobre sus derechos.

«Vemos el diálogo que hay con nosotras (y la policía) cuando le decimos que estamos organizadas y que tenemos derechos, por lo menos para llamar a nuestros abogados», sostuvo. Sin embargo, denunció que la transformación no es total porque al día de hoy continúan enfrentándose a la violencia policial e institucional y la discriminación.

«Hay mucha resistencia a que puedan cumplir o respetar la identidad de género. Los procedimientos que se le realizan a las compañeras trans, sobre todo las del colectivo migrante, siempre las hace el personal masculino», dijo.

En ese marco, planteó: «Necesitamos que el Estado de respuestas concretas. El Estado tiene tiempos que no son los que tienen las personas, es muy burocrático».

La representación en el movimiento feminista

La secretaria general nacional de AMMAR apuntó que en los espacios feministas se encontraron con debates que «no sabían que existían».

Asimismo dijo que «había una lejanía» de las experiencias de las trabajadoras sexuales en el colectivo feminista, y señaló que «la representación era muy cercana a la victimización».

 

«Era reducir nuestras experiencias de vida y de organización todo el tiempo, y posturas donde había un borramiento a nuestra decisión. Se ponía mucho en cuestionamiento el consentimiento y sobre todo la autonomía. Había una situación constante de indagar en la vida personal de las trabajadoras sexuales», describió y ante ese escenario, remarcó: «Nos perdíamos la oportunidad de contarles lo que nos posibilitó la institucionalización».

 

Fuente: Tarde sin Fondo  – FM La Patriada

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