Fuego

La disputa por la narrativa de la movilización del sindicalismo y la falsa querella entre suma fija o paritarias continúa. La urgencia de mitigar la pérdida de poder adquisitivo, mientras se planifica la salida de la crisis. | Por Mariano Denegris

La marcha de los trabajadores encabezada por Saúl Ubaldini.

Las interpretaciones de la calle

¿Un desfile sin despliegue en sus carrozas ni claridad en sus consignas? ¿Una demostración de la tonicidad del músculo callejero de la CGT oficial? ¿O, al revés, una derrota de esa cúpula que intentó suspender la marcha desde el día después de su anuncio y no pudo? ¿Fortaleza del gobierno para actuar ante los formadores de precios con el respaldo que da el movimiento obrero organizado o debilidad para su política de seducción del círculo rojo?

Antes, durante y después de la movilización del miércoles 17 de agosto, hubo una disputa abierta por el sentido de este evento difícil de encontrar en sus grados de masividad y organicidad en latitudes ajenas a la Argentina. Lo que no se puso en duda, una vez acontecida, fue la masividad de la movida. Muchos magullaron que la distancia entre el dicho y el hecho de la marcha era precisamente para evitar su concreción.

En ese lapso, hubo pujas por evitar la marcha y la marcha atrás. Entre los primeros, se ubican sectores que amagaron iniciar una seguidilla de retiradas tras el anuncio de repliegue de los maquinistas de La Fraternidad y rumores circulados cerca de los gordos de una posible suspensión como gesto al nuevo ministro plenipotenciario de Economía. Entre los segundos, el Frente Sindical que conducen camioneros y mecánicos, la Corriente Federal y la CTA-T, hicieron la marcha del 26 de julio y varios plenarios masivos en Capital, Rosario, Mar del Plata, La Plata y varias regionales del conurbano apostando a mantener la iniciativa.

Estos entretelones no tenían pronóstico de trascender las páginas gremiales. Sin embargo, el gran diario argentino metió la cuchara con avidez por remarcar las divisiones del sindicalismo. El día después, en uno de esos títulos que a fuerza de repetición dejan de sorprender por su desapego a los manuales periodísticos, resumió la acción como un “masivo reclamo de la CGT por la inflación y contra un aumento de suma fija”. Es decir, según este medio, los trabajadores no se movilizan contra la inflación y sus responsables sino contra un posible aumento salarial. En las tres carillas del documento de esa central se mencionan, quizás a instancias de Pablo Moyano, a los formadores de precios y quienes especulan con una devaluación como blanco de las críticas de la marcha, pero no se menciona como motivo de la medida de fuerza el rechazo al aumento de suma fija.

La idea fija

Es cierto, que se logró instalar una falsa antinomia entre el incremento por suma fija como los que decretó en su tiempo Néstor Kirchner y las paritarias que, de paso, también se recuperaron sin ninguna contradicción con los primeros en aquellos años de kirchnerismo. Sin embargo, dirigentes de las distintas centrales desecharon esta oposición y la posibilidad de saldarla con un bono que, fiel a la “épica del mal menor”, es mejor que nada para los bolsillos de la clase trabajadora. Las cámaras que representan a los grandes empresarios fijaron posición temprano contra la suma fija y después, pillos, prefirieron que otros den la pelea diaria. En el lejano julio, respondiendo a la propuesta que hizo la vicepresidenta Cristina Kirchner en Ensenada mientras renunciaba Martín Guzmán, el presidente de la UIA sin industrias, Daniel Funes de Rioja, anticipó su desagrado ante la medida.

En adelante, la posición empresarial fue defendida por sectores de la CGT y los medios de comunicación patronales. No sólo en la superficie de Clarín, también en el contenido de La Nación. Para el novelista Pañi, el aumento de suma fija “plantea muchas dificultades. La más evidente es que no todas las empresas pueden otorgarla. Además, nadie garantiza que, una vez pagado ese adicional, el sindicato no plantee otro tipo de reclamos”. Por ejemplo, que sea incorporado a paritarias. Por eso, Omar Plaini y Roberto Baradel dijeron que el nexo coordinante entre suma fija y negociación colectiva debe ser “y” en vez de “o”. El ex docente de la Universidad de Boloña y el Instituto Raviñani, cita además en su guión cinematográfico la frase en off de un redactor del plan de Mauricio Macri para la Reforma Laboral, esa que chocó con la resistencia de una parte del movimiento obrero en diciembre de 2017. Según este experto, “Para él (Macri) este cambio es esencial. Cree que el modelo sindical es incompatible con el desarrollo. Piensa que con los gremialistas hay que hacer lo que se hace con los caballos cuando tienen una lesión incurable: sacrificarlos con el menor sufrimiento posible”. Ante ello, qué importa si la unidad duele mucho, poco o nada. A propósito, el de la frase del dolor de la unidad fue precisamente otro representante gremial, Ricardo Piñanelli (acá termina el homenaje), del SMATA.

Más mínimo que vital

Todos los que se movilizaron en aquel diciembre y la mayoría de los que lo hicieron en este agosto no tienen representación en el gran acuerdo convocado en el Consejo de las Américas por el embajador Marc “Spruille” Stanley, el mismo día de la marcha. Recogió el guante del amigo Horacio, que fue el primero en ponerle porcentaje a la propuesta. Pero el consejo del texano le puso, además de tiempo, “no esperen al 2023”, contenido al consenso, “hagan lo que hicieron para firmar el acuerdo con el FMI”. El 70 por ciento de la representación política lo está esperando.

El problema de las franjas de porcentajes representativos del arco político es que sus fronteras son porosas. E incluso móviles. Lo sabe el creador de la “ancha avenida del medio” que se le fue convirtiendo en un pasaje cuando todos iban eligiendo una vereda o la otra en 2015. El empate es la imposibilidad de las veredas de ensancharse gobernando. Dilema del que no se puede salir si se sigue atado a la idea de que gobernar, como piensa Pagni, aunque no es el inicio, es pagar costos. El problema es quién es el acreedor de esos costos, si el “poppolo minuto” o los “grandi signori”. Deben ponerse en la columna de los costos tanto la pérdida de votos, que según Pagni es lo que mueve a CFK a defender la idea de aumentos de suma fija, como las persecuciones judiciales como represalia a la afectación de intereses que no son los de los votantes. Gobernar quizás sea, entonces, elegir la índole de los costos que se pagan.

Volviendo a los bolsillos. Por un viaje de un “grande signore”, el ya nombrado Funes de Rioja, se suspendió una semana el Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo Vital. La pomposidad del nombre no bastó para que se realizara a pesar del faltazo de uno de los componentes patronales. El haber mínimo legal que puede percibir un asalariado formal por la jornada laboral de 48 horas semanales es hoy de 47.850 pesos. Eso, gracias a que se adelantó el aumento porcentual de 49,5 previsto recién para diciembre. Con este incremento, en términos reales quedará 36 puntos por debajo de lo que valía en 2015. Para ponerlo en ese nivel y recuperar lo perdido durante el gobierno de Macri, debería alcanzar el mes que viene 71.600 pesos. Y para no perder con la inflación estimada para el año, llegar a unos 77 mil pesos en diciembre. Si tuviera que empatar a la canasta de pobreza de una familia tipo, debería ser de 119 mil pesos. A esta suma están atados los programas “Potenciar Trabajo”, que se establecieron en la mitad del SMVM.

El Informe del Centro CIFRA con los datos que la CTA llevará al Consejo muestra cómo, en términos reales, el poder adquisitivo del salario mínimo creció fuertemente en los primeros años del kirchnerismo, se estabilizó con leves sumas en el primer gobierno de CFK y siguió estable, aunque con leves descensos en su segundo mandato, para luego desplomarse en el período macrista. Durante el actual gobierno, se mantiene estable en los bajos niveles en que los dejó Cambiemos sin recuperarse sustantivamente.

Que los salarios más bajos empiecen a recuperar lo que les come semana a semana la inflación no deja de participar de la épica del mal menor. Y sin embargo, sería un avance ante la posibilidad de que siga cayendo. El investigador de Ecología de Humedales de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, Roberto Bo, dice acerca de la quema de pastizales en el Delta del Paraná y de los 12 proyectos que esperan su tratamiento desde hace años en el Congreso Nacional: “debemos trabajar pensando en el cambio climático, en la prevención y no en ir por detrás, como los bomberos, apagando el fuego”. Esa lógica debería aplicarse también a la política salarial y otras áreas del gobierno de la economía. Pero, mientras tanto, el fuego hay que apagarlo.

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