Entrevista a Emilio Pérsico: "El que maneja la batuta es Alberto y Cristina tiene que ser parte"

El líder del Movimiento Evita manifiesta con énfasis su agradecimiento tanto al presidente Alberto Fernández “por lo que está haciendo” como a la vicepresidenta Cristina Kirchner por su “sacrificio en función de cambiar cosas”. En medio de la interna, destaca el crecimiento de las organizaciones populares, reivindica la transferencia de ingresos en favor de los sectores populares que realizó la titular del Senado durante sus mandatos, comparables a la época del primer peronismo, y reflexiona sobre el repliegue hacia terrenos conocidos por parte de todos los dirigentes y sus organizaciones. | Por Pablo Dipierri

Emilio Pérsico

“Si hablás de lo bueno, quedás como un pelotudo”, dijo Emilio Pérsico, secretario general del Movimiento Evita, en la entrevista que le concedió a FM La Patriada un día después del anuncio oficial para implementar un bono de 18 mil pesos a monotributistas, trabajadores de la economía popular y jubilados que perciben hasta el equivalente de dos haberes mínimos. Con el microcentro porteño empapelado con afiches firmados por su agrupación bajo un mensaje de agradecimiento al presidente Alberto Fernández, el dirigente social y político advirtió que el oficialismo se dedica a exaltar lo malo y esconder lo bueno de sus políticas.

Caracterización del gobierno, problematización del capitalismo actual y reivindicación de la dimensión de Cristina Kirchner sincrónica y diacrónicamente se entrelazan en una charla en la que Pérsico subrayó la obligación de que el peronismo trabaje para una victoria en 2023. Blanco de críticas propaladas desde el núcleo duro del kirchnerismo, ponderó lo que les cuesta a los humildes producir las condiciones históricas para la emergencia de cuadros como la Vicepresidenta y se niega a regar con opiniones el patio de los trapitos al sol.

¿Qué nombre o qué palabra elegirías para definir este tiempo político que le toca al gobierno?

Nosotros decimos que este gobierno es un gobierno de transición. Lo dijimos también con el gobierno de Néstor (Kirchner) o el de Cristina (Fernández). No son gobiernos que cumplan nuestros sueños ni el modelo que queremos. Son modelos que pretenden amansar el capitalismo. El capitalismo anterior, con los derechos de la clase trabajadora y el socialismo real, daba pie para capitalismo amansado. Pero este capitalismo no tiene capacidad de amansarse. Cuando lo hablás fuera de Argentina, con los sectores de poder, se ríen. Creo que son gobiernos de transición. En primer lugar, hasta que los trabajadores vayan rearmando un modelo alternativo, que hoy no tienen. Mientras la clase política vaya entendiendo que este es un nuevo capitalismo, y que cuesta más. El trabajador se da cuenta enseguida. Nosotros siempre damos un número. Cuando se murió (Juan Domingo) Perón, había 7 millones de trabajadores en el sector privado, en blanco y con derechos. En el mejor momento de Cristina, había 6,5 millones. Llegamos a tener 5,8 millones en el peor momento de este gobierno y hoy estamos en 6 millones. No hay manera de que entre a ese capitalismo el conjunto de los trabajadores. Hoy los trabajadores, en Argentina, tendrían que ser 27 millones, son 24 porque hay gente que busca trabajo pero de esos 24 millones apenas 6 millones son del sector privado. Y eso no va a cambiar. Pensar que van a entrar todos ahí adentro sería una zoncera de Jauretche.

¿Entonces se asiste a una especie de posición defensiva mientras se construye algo nuevo?

No. Defensiva, no. Los gobiernos de transición no son defensivos. Son momentos en donde avanzamos. Y nosotros creemos que cuanto mejor, mejor; no que cuanto peor, mejor. No creemos que haya que llegar hasta el subsuelo. El peor momento de la clase trabajadora es cuando pelea y logra las conquistas. El proceso de cambio es ir construyendo posiciones mejores para la clase trabajadora. Y esta situación es mejor para la clase trabajadora y la conciencia colectiva. Porque la gente también avanza en su conciencia en estos momentos. Durante el gobierno de Néstor y Cristina quizá el avance más importante no ha sido en términos económicos pero el avance de conciencia ha sido enorme. Este lugar donde estamos es una muestra de ese proceso. El Evita es un emergente de ese proceso. No es un emergente del proceso de la resistencia. Las organizaciones que fueron parte del proceso de resistencia y que derrotaron al modelo neoliberal no tuvieron continuidad. Porque estos gobiernos son procesos de transición en lo estratégico pero son reformistas y tienen la característica de que no aceptan la intermediación con los trabajadores. Es la idea de la pequeña burguesía. No saben los trabajadores cómo resolver ese problema. Entonces, vengo yo y lo resuelvo. Reniegan de la interlocución con (los dirigentes de) los trabajadores.

¿Existe un lazo afectivo más allá de lo ideológico, si es que se pudiera separar uno de otro, con Cristina y una romantización del kirchnerismo en esta etapa que hacen que las críticas a Alberto Fernández sean más furiosas?

No tienen nada que ver las críticas hacia Alberto con un problema real. No tiene nada que ver con el Fondo…

¿Con qué tiene que ver?

No tiene nada que ver con esas cosas. Lo que hay es una puja de poder, lamentablemente. Cuando este frente sale, primero, el candidato lo eligió Cristina. Yo no lo elegí. Vos tampoco. Y es seguro que no hubiéramos elegido este. Tampoco elegí a (Daniel) Scioli en su momento. Lo que está terminad, me parece, es el sistema.

El de las decisiones…

Que yo tenga que optar entre los candidatos que me proponen. Hay una crisis de la política en general. Y de una etapa. De los últimos 20 años, nosotros vamos a terminar gobernando 16. Esto tiene un hartazgo en la realidad. Y eso necesita un cambio, una generación de nuevas esperanzas, nueva agenda. La discusión pasa por un problema de poder. No creo que sea la deuda o las cosas del gobierno. Estamos discutiendo poder. Estamos discutiendo quién toma las decisiones.

Si vos estás discutiendo política o poder sobre la base de la argumentación económica, ¿cómo se sale de esa pelea feroz? Ayer se anunciaron los bonos pero estamos discutiendo quién toma las decisiones. Es muy difícil salir del atolladero de la unidad…

Es así. Es muy difícil. Cuando estás en el oficialismo, agrandás lo bueno y escondés lo malo. Cuando estás en un proceso de disputa, exagerás lo malo. Y en el oficialismo, hemos entrado en un camino así. Por ejemplo, fuga de capitales. Es un problema que viene desde que vos dejás de tener moneda fuerte y la gente se fuga hacia el dólar. En los años que gobernamos nosotros, de cada 4 dólares 1 se iba a la fuga. Y después siguió. Eso se llama dependencia, no tener moneda soberana. Es el impuesto que pagan los argentinos a la dependencia. Pero no es una cosa novedosa. Parecería que empezó ayer. Como la desigualdad o el tema del trabajo. Nos quieren hacer creer que van a entrar todos los compañeros a trabajar ahí. Laudato sí qué es. Si todos consumimos como ese sector de la clase trabajadora integrada, que son los sectores medios asalariados, hacen falta cinco planetas. Pero no hay. Entonces, es una estupidez pensar que todos vamos a consumir eso. La Capital Federal consume 600 litros de agua potable por día, por habitante. Jujuy consume 5. Nuestro proyecto es que consumamos lo que dicen las Naciones Unidas que es necesario para la vida: 120. Pero no es que todos entremos en esa fiesta. Esa fiesta es para un sector de la clase trabajadora que se transforma automáticamente en clase media. Y la inclusión que nos plantean es a partir de la renta. La única política que hay para los sectores populares es lo que nosotros llamamos derrame inducido. Es dar plata con subsidios, que pasaron de 4,5 puntos del PBI cuando se fue Cristina a 8 puntos cuando se fue Macri y 12 puntos hoy. Cuando pedimos más subsidios… cuánto más… El problema es el modelo de fondo. Este capitalismo hay que cambiarlo. Y hay que construir un modelo alternativo. Hay un pedazo de la sociedad que lo está construyendo.

Siguiendo el análisis, ni Alberto ni Cristina están discutiendo proyectos de país en los términos que lo estás planteando mientras esos problemas suceden pero al mismo tiempo se ve que la discusión pasa sobre si Alberto se anima a ejercer el poder o no y si Cristina robustece o debilita al gobierno con lo que hace o dice…

Después de que perdimos las PASO y ante todas las dificultades económicas y políticas que tenemos, con un gobierno donde un sector plantea que no es parte de las decisiones y plantea que quiere serlo… con toda esa dificultad, la actitud lógica de cualquier dirigente político y cualquier militante que haga análisis de realidad correcta cuál es… replegarte sobre lo conocido.

Rodolfo Walsh decía eso…

Los papeles de Walsh son un ejemplo de esto. Replegarse sobre lo conocido. ¿Y qué está haciendo Cristina? Venía conduciendo el conjunto y decía “no venimos para ser lo mismo, venimos para ser mejores” y nos mete a todos adentro. Cristina fue la única o, mejor dicho, su gobierno fue el proceso de transferencia de recursos más importante en este capitalismo neoliberal a los sectores más humildes. Como Perón fue, en el viejo capitalismo, el que más distribuyó ingresos. Cristina también lo fue. Si uno mira Latinoamérica o mira el mundo, yo no he encontrado. Puede ser que haya pero yo no he encontrado la transferencia de ingresos que hizo Cristina, en medio de todo este capitalismo. Y nos hizo creer de vuelta que con la política era posible cambiar las cosas. Entonces, el pueblo avanzó, se organizó y estamos en mejores condiciones organizativas. Y el haber llegado hasta el final también es un elemento muy importante porque la conciencia se guardó. No se destruyó. Si la crisis se producía durante el gobierno de Cristina, hoy estaríamos mucho peor. Cristina es un resguardo de conciencia. Todas esas cosas son lo bueno. Pero hay que seguir empujando en la escalera para subir más para arriba. Y la agenda no es la misma. Cuando ella dice eso, nos convoca a seguir subiendo. Pero cuando te dice que lo mejor es lo que hicimos y volvamos a hacer todo lo que hicimos antes, vos te refugiás sobre lo conocido. Rearmemos la estructura nuestra, replegándote a construir la parte. Es lo lógico que hace cualquier dirigente…

Por eso, no es solo ella la que lo hace…  

No, no. Lo hacemos todos. Ante una situación como esta, lo hacemos todos. Los gobernadores, los intendentes… qué te dicen: “No, che, guardemos la nuestra porque esto se va a la concha de la lora”. Ahora, los que no lo pueden hacer son los humildes, los que están sufriendo y los que van a sufrir si llegamos a perder la próxima elección.

Es que Walsh planteaba en esas cartas o esas críticas a Montoneros que el pueblo se refugia sobre terreno conocido…

No son críticas, son tesis.

Ok. Yo lo leí así, soy de otra generación, tal vez me lo enseñaron mal…

No, la izquierda lo transformó en crítica. Y es increíble porque Walsh, en realidad, hace una crítica a una posición llamémosle más centrada o más peronista de la situación, más del movimiento nacional. Y la izquierda lo tomó como bandera en la crítica. Lo que menos quería hacer Walsh era ir para el lado de la izquierda. Era más para el lado de la derecha.

Lo que quería destacar era que, por ahí, eso sirve para entender cierta tendencia a reclinarse sobre un terreno conservador pero conocido como el peronismo para los sectores populares, en lugar de ser convocados por una vanguardia a pelear por algo que en el 2023 te lleve a perder…

No, no. Yo no veo la gente en retroceso. No la vi en 2015 y no la veo ahora. Creo que la gente en 2015 estaba para más y nosotros hicimos un acto de menos desde los candidatos… No era para profundizar, sino un planteo para ir para atrás.

Ustedes objetaron la idea de que el candidato fuera el proyecto en 2015 y después dijeron que el proyecto se quedó sin candidato

Nosotros laburamos al mango para que ese candidato ganara, como ahora vamos a laburar para que el gobierno llegue en las mejores condiciones. Porque tenemos que ganar. Recorrí todo el país ahora y el reclamo de los compañeros es “qué carajo están haciendo”, “se están peleando”, “nosotros tenemos que ganar y, si no ganamos, la vamos a pasar muy mal”. Ese es el reclamo. Tenemos que tener una estrategia de victoria.

¿No ves en las elecciones del año pasado una lectura exagerada de por qué perdimos las elecciones? Por un lado, todo el gobierno enfatizó el tema de la cuarentena y el cuidado. Se priorizó la salud y se fundió la economía…

No fundimos la economía. Somos el país que más cayó pero somos el país que más recuperó. Somos el único país de América latina que superó lo que cayó. Perdimos 9 puntos y ya subimos 10,3.

Pero por qué la lectura política que se hace sobre el resultado electoral…

No, por qué la fuerza no hace esta lectura. El problema no es la sociedad. Es la fuerza nuestra.

¿Decís que la sociedad sí hace esa lectura?

Sí. Ayer vino un compañero yanqui y, si lo escuchás, somos el mejor país de América latina y uno de los primeros países del mundo. Es un país que, en el medio de todo este quilombo, bajó la desocupación, bajó un poquito la pobreza y en el conurbano la bajó el 9 por ciento. Es un montón. Y perdiendo una elección. En la puja distributiva, los salarios le ganaron por 3 puntos a la inflación, cosa que no pasaba desde el 2010…

Pero en el sector formal.

Y en los informales el 2 por ciento. ¿Dónde está el caos? Yo soy chacarero. Siempre me gustó trabajar el campo. Y cuánto se llevó el compañero que cosecha la uva, en un sector donde hay mucha informalidad: 9 mil pesos por día. Una compañera que cose, en su casa y de forma clandestina, se lleva 100 lucas. Y una que cose en un taller formal se lleva 50. Nos cayó una bomba y está la economía desordenada.

¿Estamos sobredimensionando la inflación?

La inflación no es el problema, el problema es la puja distributiva. Cristina mantuvo 20 puntos de inflación durante todo el gobierno pero la puja distributiva fue siempre a favor de los trabajadores. Y eso es lo importante. Hoy tenemos que perdimos en el año de la pandemia y ganamos un poquito el año siguiente…

Y no se recuperó lo que se perdió durante el macrismo…

Toda la subida de Cristina no llegó a ser 20 puntos y el macrismo nos bajó 20 puntos. Cada vez que vienen estos tipos nos vamos más para abajo. El serrucho es desigual, va hacia abajo. Si llegan a volver estos tipos, vamos a caer muchísimo más.

Tuve que ir a Clarín este domingo para encontrar un dato positivo de la discusión económica, en la nota de Ismael Bermúdez, página 21. Porque publica el informe de CIFRA-CTA para dar cuenta de cómo cae la participación de los trabajadores en la torta del PBI y cómo se expande la porción con la que se queda el empresariado, pero luego complejiza incluyendo datos que indican que se achica la brecha entre el decil más rico y el más pobre y que, fruto de los bonos que dio el gobierno y la recomposición a los jubilados, hace que los postergados también acorten distancia con respecto a la clase media. ¿Por qué no se puede comprender o reconocer eso?  

Ah, no. Lo malo lo estamos magnificando y lo bueno lo ocultamos. Somos el mago Fafá: lo hacemos desaparecer. Nadie habla de lo bueno. Porque, aparte, quedás pelotudo si hablás de lo bueno.

Albertista…

No sé si albertista. Yo empecé criticando a todos los políticos estos. Así que albertista o kirchnerista…

Pero en la charla esta hacés una reivindicación también de lo realizado por Cristina…

Las cosas buenas.

Y aprovecho para preguntarte por la conciencia que se generó durante el kirchnerismo. Volviendo sobre lo ideológico y lo afectivo, ¿no hace que los compañeros del Evita conserven esa identificación con ella más que con Alberto?

Eso no sé. Es muy difícil de saber. Lo concreto es que, si vos mirás, la imagen positiva de nuestros dirigentes ha caído muchísimo. Porque estas democracias liberales están hechas para la alternancia. Este capitalismo tiene un modelo político. Es una democracia donde la representación es casi de espuma. Desaparece rápidamente. No es una representación como el peronismo, con los pies en el barro y el protagonismo de los trabajadores. Es una cosa brumosa. Es una cosa que hoy la tenés y mañana no la tenés. No hay partidos políticos. Hablamos de radicalismo y peronismo pero quiénes son los peronistas. Es una democracia de dirigentes, set de televisión y no organización en los barrios. En los barrios nos dejaron solos. No hay más punteros. Para qué voy a sostener al puntero ahí si lo que necesito es dar bien en el set de televisión, buena ortografía y un trabajo bueno en las redes. Es eso la política hoy. ¿Cuándo se dan los cambios sociales? Cuando lo social y lo político se unen. Entonces, el 17 de octubre significó eso también. La pelea social y la pelea política estaban unidas. Eso pasa en algunos momentos de la historia, que es cuando los pueblos avanzan y se llevan puestas muchas cosas. En los 70’ pasó lo mismo.

¿Estamos lejos de la posibilidad de un acontecimiento así?

No.

¿Por qué?

Porque el desgaste del sistema político es muy grande y la organización popular es muy grande. Y eso es muy bueno. Yo acabo de recorrer todo el país. Me da miedo estar parado sobre la organización en la que estoy parado. Voy a un pueblito de no sé dónde mierda y encuentro compañeros discutiendo política. Negros, productores, obreros organizándose. En algún momento se va a expresar en la política.

¿Y por qué se demora?

Son los tiempos políticos. El día antes del 17 de octubre Perón le manda una carta a Evita diciéndole “negrita, vamos a vivir al sur, estos son unos hijos de puta, nos van a cagar”. Y después de eso, dijo “trabajadores, organícense y vamos a ir para adelante”. Únanse, que vamos a ganar. Se unieron, ganaron y durante 30 años fueron un factor importante en la vida política.

En 2020 fuiste uno de los primeros que planteó la necesidad de la reelección de Alberto Fernández. ¿Lo seguís sosteniendo?

El gobierno tiene que llegar en las mejores condiciones. Si llega mal, es un acabose. Tenemos que llegar con el mejor gobierno que podamos. Por eso somos oficialistas. Nuestro objetivo es ganar. No hay resguardo de la fuerza. El Evita no se puede resguardar. Porque su base social le exige que no. Si yo digo “muchachos, vamos a replegarnos sobre nosotros, construyamos el Evita porque esto se va todo a la mierda”, los compañeros van a decir “qué hacés, ¿antes de dar la batalla te estás bajando del caballo?”. Tenemos que ir a ganar. ¿Necesitamos a todos? Necesitamos a todos. Y si no están todos, con todos los que quieran ganar…

¿Cómo se hace cuando hay un sector del Frente de Todos que está convencido de que se va a perder?

Demostrás que vamos a ganar, con hechos. Se dicen muchas cosas. Se venía diciendo que íbamos a una política de ajuste. Y vamos a redistribuir en dos meses lo mismo que todos los planes sociales: 234000 millones de pesos para 13 millones de personas. Cosas nuevas que no estaban en el presupuesto, la política ni en ningún lado. Esa es la política de ajuste. Un ajuste raro.

¿Se hace política con la sospecha?

No. Se hace política. Y yo no condeno a nadie. Porque creo que la actitud lógica es replegarse sobre lo conocido. Nadie se suicida en política. Ahora, yo voy a tratar de ganar.

¿Pero no puede ocurrir que del otro lado también digan Cristina o La Cámpora que quieren ganar pero tienen diagnósticos distintos?

Bueno. Pero yo quiero la Cristina que me diga que vamos a hacer un gobierno mejor que el anterior. Eso es lo que me prometieron aparte. Yo no lo elegí a Alberto. Ahora lo quiero, lo conocí, le agradezco muchísimo lo que está haciendo. Porque es otra de las características de nuestro pueblo, que es agradecido. Tenemos que ser humildes y agradecidos. Entonces, yo le agradezco mucho a Cristina. Siempre lo he dicho. Le agradezco todo el sacrificio que ha hecho en su vida, en función de cambiar cosas. Y le agradezco muchísimo a Alberto, le agradezco mucho lo de ayer. Lo primero que tenemos que decirle a Cristina es “gracias, Cristina”. Lo primero que tenemos que decirle a Alberto es “gracias”.

Pero da la sensación que con ese “gracias” hacés que capitulen o terminen su función en la política…

No. Para nada. Cristina no va a terminar su función en la política nunca. No me animo a decir nada. Aparte al pueblo le cuesta muchísimo generar dirigentes. A los humildes les cuesta muchísimo generar gente que los entienda, los represente, discuta y haga política. No tenemos ningún derecho. Y Cristina lo tiene clarísimo: no va a abandonar ni abajo del agua. Y está bien porque, si no, es una pérdida para los sectores populares, donde hay un proceso de acumulación detrás de eso. Puedo estar de acuerdo o no con las decisiones que toma pero eso es una discusión y una discusión que no la quiero dar públicamente. Porque creo que eso es un error. Los mejores años de esta democracia fueron los que vivimos junto a Cristina y Néstor. Y eso es una conciencia en la sociedad y no hay que ir en contra de eso. Es una locura.

¿Podría decirse, entonces, que mientras se da esa pelea poder a los sectores populares se le plantea la dificultad de ver dónde pueden acumular? ¿O los sectores populares tienen claro dónde tienen que acumular?

Están acumulando, están creciendo. El poder popular está creciendo a lo loco. Vayamos a cualquier barrio y todos los días hay un pibe que se levanta y pone un ladrillo.

Pero eso no se traduce en el sistema político…

No, todavía no. Tampoco es el momento. Hoy hay que seguir subiendo la escalera y el que maneja la batuta es Alberto Fernández. Y Cristina tiene que ser parte de ese proceso.

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