Entre las expectativas y la realidad

Los últimos movimientos del Presidente y Guzmán, según la perspectiva de voceros y entornistas. | Por Fabián Waldman

“La 125 fue una derrota muy dura, que persiste”, señaló un funcionario con acceso al despacho del presidente Alberto Fernández, y ante la consulta del cronista para que indique otra, se reclina en el sillón y marca “la convertibilidad”. “Te doy otra aún más larga: lo que duraron las AFJP. Eso sí que fue una gran estafa y la estatización se dio recién en el año 2008 y subsistió todo el gobierno de Néstor Kirchner”.

La entrevista se dio en la Casa Rosada, durante la previa de la discusión sobre la Cumbre de las Américas que el jefe de Estado mantendría con el enviado de Joe Biden, Christopher Dodd. Allí, el primer mandatario “pateó” el tablero, exigiendo la participación plena de todos los países miembro, sin exclusiones. A ello sumó la posibilidad de una reunión paralela de la CELAC, con otros presidentes y representantes de misiones oficiales.

Primero la Gente

El 25 de mayo, el Presidente relanzó nuevamente el Gobierno. Superada casi en su totalidad la pandemia, comienza la etapa de resolver los problemas más claros. Hacia allí apunta este cambio, para mostrar todos los datos del crecimiento: obra pública, inversiones externas, empleo. Y también, la decisión de encaramar al titular de Economía, Martín Guzmán, luego del pase de Comercio a su esfera de trabajo y la designación del reemplazante de Roberto Feletti, Guillermo Hang.

«La situación interna hoy es distinta y el debate es público pero se avanzó con el camino trazado del Poder Ejecutivo”, dijo Martín Guzmán en una entrevista radial que brindara el sábado por la mañana, cuando lo consultaron sobre la interna del Frente de Todos y su lugar en el gobierno, y agregó: “lo único que importa es que se cumplan las medidas que plantea el Gobierno nacional». Guzmán está empoderado por Fernéndez y tiene toda la botonera de la economía concentrada en su despacho. Ya no es más el ministro de Finanzas, el mote que llevó hasta solucionar el tema de la deuda. Por lo demás, Alberto está convencido, y lo ha repetido en sus últimos discursos, de que Argentina tiene una oportunidad única en los próximos 15 años y no debe dejarla pasar.

Algunos, en Balcarce 50, hablan de 60 días. Otros, de 90. Pero el resultado de la política económica tendría fecha de vencimiento según el número que arroje la inflación en los próximos 2 o 3 meses.

La receta de Guzmán: baja de la inflación con más crecimiento paulatino y más puestos de trabajo. “No podés aplicar un shock distributivo y en 3 meses estar de nuevo en la misma situación”, fue otra de las contestaciones del titular de la cartera económica en la entrevista.

El viernes, mediante el decreto 277/2022, se eliminó parte del cepo para las empresas hidrocarburíferas en función del aumento de la producción. Ese crecimiento, junto a la construcción del gasoducto Néstor Kirchner, servirá para ahorrar divisas en el combustible que se produciría aquí en poco más de un año.

¿Si Fernández y Guzmán tienen razón y se produce el crecimiento sostenido, pueden ganarse las elecciones?, consulta La Patriada. “La fecha y el cronograma lo conocemos todos”, contesta la fuente, y también acota: “si siguen diciendo abiertamente que todo está mal (desde el cristinismo), van a ganar ellos (por la oposición)”.

En Gobierno son claros y marcan que Alberto es consciente de la situación cuando sustenta la trilogía que dice “en crecimiento vamos bien, en el empleo genuino no estamos muy satisfechos pero en la distribución fallamos y allí tenemos que apuntar”. “El Presidente decidió sostener a Guzmán y aferrarse a él porque, si no, se lo llevan puesto”, es otra de las especulaciones que se escuchan en estos días.

Institucionalizar es la palabra

El sábado al mediodía, Fernández se sumó al Congreso del Frente de Todos en el Chaco. Organizado por el gobernador Jorge “Coqui” Capitanich, el acto sirvió como muestra del avance del proceso de creación de mesas de discusión dentro de la coalición, en este caso en su provincia. Allí el Presidente señaló y reflotó una parte del discurso de Cristina Kirchner del 9 de diciembre de 2015, cuando dijo: «yo les pido que nos organicemos, no podemos dejar el poder en manos de ellos, van por sus derechos”. Y añadió: «tenemos que dejar de lado las diferencias que podamos tener, no discutimos los grandes temas sino por cuál camino llegar».

El debate interno pareciera tener otros cauces formales. Cerca del ministro del Interior, Eduardo Wado de Pedro, sostienen que intenta armar una mesa política y escuchar a los de afuera. Una muestra fue la participación en Mendoza del exgobernador salteño Juan Manuel Urtubey, con quien tiene muy buena relación y no sería extraño que lo propio ocurra con otros peronistas distanciados.

Han comenzado a limarse asperezas con ministros con los que han retomado el diálogo, como Gabriel Katopodis (Obras Públicas) y Juan Zabaleta (Desarrollo Social), aunque siguen distanciados de Santiago Cafiero (Cancillería), según algunas voces en Rosada. Katopodis es quien más abiertamente ha expresado la necesidad de actuación de la vicepresidenta: el 16 de mayo pasado dijo que “no estamos para escuchar la voz de Cristina sino para que participe”.

“Parece que esta frase no se terminó de entender”, desliza otro interlocutor en Gobierno, aunque para otres en este panorama aparece dentro de la coalición una luz al final del túnel que vaticina: “si esto no se rompió después de las PASO, vamos a llegar al 2023 juntos”.

Pagar impuestos con alegría

Ir a una batalla sabiendo que la vas a perder no tiene sentido, dijeron el Presidente y la portavoz Gabriela Cerruti en diferentes entrevistas. Valen la pena las peleas épicas, indica en contrario otro habitante de Casa Rosada: “habría que dar 2 o 3 batallas, ganar alguna y perder otra”. La necesidad de acumular poder y llevar una discusión adelante necesita del convencimiento de quien la realice para que se entienda y se haga carne. La posibilidad de hacerlo está siempre latente. Pudo haber sucedido cuando presentaron los bonos en el Salón Blanco Fernández y Guzmán y, en la misma conferencia, la renta inesperada: si hubiesen estado atados entre sí, ¿no habría sido una buena manera de aclarar de qué lado está cada quien en la política argentina? ¿Se hubiesen opuesto a una medida para beneficiar a los sectores más postergados? Y en caso de que así fuera, ¿cómo hubiera salido Alberto de esa situación? En los próximos días quizás se esclarezca el panorama, advierten en el entorno del Presidente.

Guzmán informó por primera vez en la entrevista radiofónica que enviará el proyecto de Renta Inesperada al Congreso en breve y espera contar con apoyo para llevarlo adelante. El importe calculado para recaudar no es suficiente: solo llegaría a $ 2oo.ooo millones, menor a lo distribuido con los últimos aportes extraordinarios a jubilados y 7.000.000 de personas en economía informal, monotributistas A y B y empleadas de casa de familia.

“Los bonos se terminan el 30 de agosto, ¿qué va a pasar en ese momento?”, se pregunta el funcionario, y se responde: “¿se vendrá el quilombo otra vez?”. Al respecto, suma: “el futuro próximo no se ve tan despejado, vamos a necesitar más dinero en el segundo semestre”.

“Si no lo hacemos estaríamos distribuyendo la injusticia”, admite el interlocutor, e ironiza con crudeza: “no existe ser humano al que le guste pagar impuestos. ¿Por qué yo, que soy un funcionario, trabajador al fin, tengo que pagar el mismo número de mierda del 35% como tributo a las ganancias al que paga una empresa?”. Y apunta a otro tema crucial que hasta ahora no ha podido ser revertido, ni siquiera durante los 12 años de kirchnerismo: la progresividad tributaria en la Argentina.

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