El sesgo de todos

Nerviosismo opositor por la persistencia de un oficialismo que tambaleó con su propia interna pero no se cayó. Optimismo vergonzante en un peronismo que no se anima a precisar la interpretación política de una etapa agridulce. | Por Pablo Dipierri

La última encuesta de Analogías reveló, incluso, lo que sus responsables no querían que su trabajo mostrara. Acechada por el sesgo de su mirada como cualquier actor social, la consultora explica la desgracia inercial del Frente de Todos por la caída del poder adquisitivo durante 2021 aunque concede que “no opera linealmente un determinismo entre el apoyo al oficialismo y el nivel salarial” y detecta que la adhesión al gobierno en la Provincia de Buenos Aires “orbita alrededor de los 45 puntos”.

A partir de un estudio realizado entre el 17 y el 19 de enero en las 7 secciones electorales bonaerenses, los responsables del trabajo explican que el Gobierno nacional y la administración de Axel Kicillof acreditan 3 puntos más de aprobación que al momento de las PASO 2021. “Cabe destacar que, en el período anterior, el apoyo a la coalición oficialista en la Provincia cayó desde casi 52 puntos en noviembre de 2020 a 42 en octubre de 2021”, aclaran en su presentación.

Esa persistencia de la coalición oficial, a pesar de su propia torpeza para tramitar las diferencias internas, explica también el nerviosismo opositor. El diputado Martín Tetaz fue el primero en reclamar que Juntos por el Cambio (JxC) se una con el espacio de Javier Milei para dar la disputa en territorio bonaerense. El intendente de San Isidro, Gustavo Posse, se pronunció luego en la misma dirección, en un mitin radical: reclamó a la conducción del elenco opositor el diseño de un programa con compresión política para que se pueda urdir un acuerdo que arracime los votantes de todas las vertientes antiperonistas. Y sin ir más lejos, el diario El Cronista publica hoy en portada una entrevista al ex gobernador mendocino y actual senador Alfredo Cornejo, cuyo título es un textual del dirigente radical que reza “el gobierno se mantiene competitivo y está unido para conservar el poder”.

La rareza de la época es que la derecha advierte, al igual que los metodólogos que producen mediciones sobre el humor social, que el Frente de Todos no está liquidado. La experiencia gubernamental en curso lleva ya casi dos años calculando que va a perder en los próximos comicios y dirime sus batallas intestinas con ataques de diagnosis virales que se apoderan de las fracciones en pugna y las alejan de cualquier síntesis.

En ese contexto, el peronismo ha empezado a sacudirse la modorra. Si bien el único que aparece anotado como precandidato es el presidente Alberto Fernández, para risa de muchos y revulsión de otros, gobernadores e intendentes organizan tertulias furtivas para enhebrar sus jugadas. Contra los deseos del núcleo duro del kirchnerismo, que pareció instruir al Jefe de Gabinete bonaerense, Martín Insaurralde, para que diga que no se pueden discutir candidaturas mientras opere la proscripción de la vicepresidenta Cristina Kirchner, un importante abanico de jefes municipales –y entre ellos los más acérrimos cristinistas- manifestaron su apoyo a Kicillof para ir por un segundo mandato provincial. Hasta la encuesta de Analogías les daría razones para hacerlo, por más que cause irritación en el diputado y titular del PJ bonaerense, Máximo Kirchner.

A las puertas de una posible refutación histórica a los preceptos políticos que indican que se vota con el bolsillo, es probable que la sociedad demuestre a su dirigencia que ese materialismo mal entendido subestima la conciencia y la madurez democrática de los que sufragan en defensa propia, sopesando su propia cotidianeidad laboral y comunitaria con el changuito del supermercado y el clima en el club de barrio. De a poco, los principales referentes del peronismo se sacan el chaleco inhibitorio para jactarse, tanteando el ánimo de cada recinto, de la consigna del jefe de Estado: el FdT es mejor gobierno que fuerza política.

Una clave válida radica en el mismísimo sondeo de Analogías, acerca de la algarabía por la conquista del Campeonato Mundial 2022. “Solo entre los opositores duros el sentimiento apagado supera al recuerdo alegre; entre el 73% y el 77% de los encuestados oficialistas respondieron que todavía les dura la alegría”, afirma la encuesta.

Las sanciones y el rigoreo ideológico contra el moderado optimismo se diluirán, o no, cuando se cuenten los votos. Y en cualquier caso, los que habitan las cumbres del sistema político, las unidades básicas, los sindicatos, la constelación de medios afines al oficialismo y los grupitos de WhatsApp con apetencias deliberativas deberán esculpir una nueva lengua para no repetir los términos de una agenda que no ancla en un país que todavía exhibe altos porcentajes de ebriedad futbolera por el triunfo argentino en Qatar.

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