El peronismo en modo Scaloneta

La gira presidencial descomprimió la tensión interna. Los mensajes en off del círculo más cercano a Fernández se arriman a su palabra pública. El kirchnerismo pide una mesa política con representación de todas las tribus. | Por Pablo Dipierri

La proximidad del Mundial de Qatar tal vez haya insuflado una dosis de racionalidad en la discusión interna del Frente de Todos (FdT). A diferencia de lo que ocurrió después que la vicepresidenta Cristina Kirchner brindara un discurso con alto voltaje político en el acto de la UOM en Pilar, cuando el diputado Máximo Kirchner tildó al presidente Alberto Fernández de “aventurero” por jugarse la ficha verbal de su reelección y el primer mandatario le contestó que su crítica no correspondía con la de un “compañero peronista”, las palabras de un sector y otro tienden al aplomo y la serenidad, más allá de las inocultables diferencias, en vísperas del Día de la Militancia.

La mística de la Scaloneta, amable nombre de guerra de la Selección Argentina de Fútbol en la era de Lionel Scaloni como director técnico, parece haberse transferido al peronismo. Graciosa pero indiscutiblemente, hasta se podría dar por válida la comparación de la factura periodística y la enjundia tribunera contra Lio Messi por los tres subcameonatos al hilo, cayendo ante Alemania en el Mundial de Brasil y ante Chile en dos Copa América consecutivas, con la bronca de un sector de la dirigencia sindical y el pejotismo blanco contra la ex Presidenta por los traspiés electorales de 2013, 2015 y 2017, aunque cada fracción alimente caracterizaciones distintas sobre esos sucesos.

Tampoco sería desacertada la inclusión de la kirchnerización de Diego Armando Maradona y la equivalente maradonización de Néstor Kirchner. El hambre de mito es probablemente el síntoma claro del déficit político de un gobierno sin narrativa épica que no asumió en sus albores que arrancaba un partido que, con suerte y viento a favor, empataría sin goles pero masticando el sabor de la prolongada derrota cultural iniciada con el ascenso de Mauricio Macri. Bajo ese postulado, resulta tentadora la hipótesis de que la ferocidad de las tensiones en la coalición oficialista obedece, precisamente, a la falta de síntesis y la afasia que secan la fragua de un relato que contenga a todes: esa carencia de la lengua peruca actual suele suplirse con la arenga del periodismo más afín a la Casa Rosada, también surcado por la identificación fragmentaria con las diversas expresiones en pugna.

A la escuadra albiceleste la terminó ordenando la madurez de Messi con la conducción de uno de los mejores discípulos de José Pekerman. El bueno de Scaloni, cuyos atributos resaltó el año pasado hasta el mismísimo Jefe de Estado y ahora se golpea el pecho con jactancia, fue campeón juvenil en Malasia 97’ junto a gigantes como Juan Román Riquelme e interpreta nociones de equipo y ocupación del espacio dentro de la cancha que pueden pensarse en clave política.

La Vicepresidenta se sentiría cómoda en el rol de Scaloni si encontrara un rosarino imparable que manejara los tiempos en la cancha, sin achicarse ante el adversario. Y los dirigentes del FdT también intervendrían en la disputa con precisión si no les quemara la pelota en los pies por temor a una hinchada curtida en la pedagogía del aguante y el agite con eslóganes difíciles de plasmar con rivales mejor parados.

En ese trance, solo la palabra de los referentes del plantel y la paulatina concreción de resultados favorables pueden revertir la imagen de una comparsa dispersa en un plantel compacto y decidido. La calma de Fernández en el exterior para no recalentar las fricciones y las respuestas del diputado Kirchner en el Método Rebord contribuyen a ese objetivo elemental.

El líder de La Cámpora reclamó la reposición de una mesa política. Sin pedir una silla para él, aun cuando por referencia y ascendencia lo sienten después, pidió que se convide con lugares al banquete a la Vicepresidenta, Sergio Massa, Wado de Pedro, Héctor Daer y Emilio Pérsico. Allí debe leerse la solicitud de presencias que alcancen a la diseñadora de este gobierno; el gestor de una economía al borde del abismo y probable candidato; el embajador kirchnerista ante el Ejecutivo, los gobernadores e intendentes y opositores; el cosecretario de la CGT y el líder del Movimiento Evita, respectivamente.

Por lo demás, esa conversación dejó por primera vez la concesión de uno de los referentes más importantes del kirchnerismo, incluso bajo las habituales operaciones para desmarcarse, sobre la asunción de un posible golpe de mercado si Fernández no anunciaba el acuerdo con el FMI el pasado 28 de enero. “Si está tomada la decisión de acordar de cualquier manera, contemos lo que significa”, cuestionó poniendo de relieve un problema de comunicación, y agregó: “el tema deuda había que contarlo bien porque, si no, la sociedad cae en la frustración”.

Dar una explicación que contenga hubiera sido fundamental pero no solo después de la renegociación, sino desde el inicio del gobierno del FdT. Kirchner dio también un indicio de que se acompañaron decisiones que no le cerraban ideológicamente, un punto a favor suyo frente a las imputaciones que se hacen contra la vehemencia que arriesga la experiencia en curso –y que, para mayor justicia, ha suscrito quien escribe este texto, en más de una ocasión-, por el mero compromiso de ser parte.

Algo similar emergió ante el repaso del cimbronazo cambiario posterior a las PASO de 2019. Para el legislador, el por entonces candidato a presidente refrendó el dólar a 60 pesos y pagó un costo político que no debía. Hasta ayer, no había registros de que un dirigente kirchnerista tan encumbrado cuestionara públicamente esa decisión, que tampoco se tradujo hace 3 años en mensajes para el activo militante.

Asimismo, la ausencia de registros argumentales que mantuvieran la urdimbre de las organizaciones y el músculo político no fue solamente responsabilidad de Fernández. Sin embargo la afinación de un gradiente más templado en las apelaciones de este fin de semana preanuncia quizá el tono del discurso de CFK el próximo jueves: la puesta en marcha del peronismo en modo Scaloneta como única alineación para llegar con chances al 2023.

 

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