El odio es el mensaje

El atentado contra la vicepresidenta Cristina Kirchner reabrió el debate sobre la responsabilidad de los medios de comunicación en la incitación a la bronca y el desánimo. | Por Fabián Waldman

Odio: Sentimiento profundo e intenso de repulsa
hacia alguien que provoca el deseo de producirle
un daño o de que le ocurra alguna desgracia.
Definición de la Real Academia Española.

 

Nos mueve el odio y no el amor.

No, no es un error de tipeo. En Argentina y otras latitudes, de la mano del neoliberalismo y la concentración de la riqueza, el enfrentamiento y la violencia están avalados desde los medios de comunicación que defienden esos intereses.

Estos discursos calan hondo dentro de capas medias de la sociedad. Responsabilizan de su deterioro económico y las posibilidades cada vez más reducidas de una vida digna a un Estado que distribuye planes sociales, entrega computadoras, concede jubilaciones a los que “no aportaron”. Visualizan un Estado benefactor que compra las conciencias a cambio del voto, no un Estado que invierte en la sociedad para generar más justicia social y distributiva.

La concentración de la riqueza comenzó su espiral ascendente con el Consenso de Washington. En la década del 90, en Argentina de Carlos Menem y, desde 2016 -con la pandemia incluida- alcanzó su punto más elevado.

También coincidió en estas tierras con el aumento del poderío de medios de comunicación. Cuando el mandatario riojano validó a un mes de asumir, mediante la derogación del artículo 45 de la Ley Nacional de Radiodifusión dos cuestiones vedadas hasta entonces: la imposibilidad de poseer medios gráficos y audiovisuales al mismo tiempo y aquella que impedía presentarse a una nueva licencia un propietario o socio de diferentes sociedades de radiodifusión.

Este poder de fuego, luego extendido a internet, redes sociales, canales de cable o comunicaciones móviles, ha forjado una maquinaria que al unísono es capaz de propagar rápidamente fakes news muy difíciles de contrarrestar. Una vez que la noticia falsa empieza a correr la bola de nieve es imparable. A ello lo condimentan con un nutrido conjunto de descalificaciones, insultos que se sostienen en “nos quieren cercenar la libertad de expresión” y “no a la censura”.

 

Queremos odiar libremente

El texto que propuso el Frente de Todos en la Cámara de Diputados para repudiar el atentado contra Cristina Fernández de Kirchner fue modificado. En su último párrafo, llamaba a “erradicar la violencia política y los discursos de odio”.

Esta frase fue cuestionada por la oposición parlamentaria conformada por la alianza de Juntos por el Cambio. Desde ese interbloque plantearon reformarla para bajar a sus bancas. Previo a la sesión, condicionaron el desarrollo de la misma si obtenían garantías de una sesión sensata, serena e institucional.

Por otro lado, tampoco querían gente en los palcos del recinto ni en la calle.

La redacción que se aprobó finalmente expresa la más enérgica condena y repudio al intento de magnicidio de la Vicepresidenta. En definitiva, el oficialismo tuvo que eliminar del texto la palabra odio para poder concretar la sesión, una muestra más de su falta de poder en la Cámara Baja. Esas cuatro letras resultan importantes dentro del discurso de la oposición y especialmente para los sectores más radicalizados del PRO, cuya presidenta Patricia Bullrich decidió no repudiar el magnicidio.

En estos días y luego de varios años de la escalada que llevaron adelante estigmatizando no sólo a la Presidenta del Senado, se han pasado puntos extremos que resultan inquietantes. Uno de ellos fue el de las infografías que los matutinos La Nación y Clarín en sus ediciones del sábado, con recomendaciones para el uso de una pistola. Allí graficaron, paso por paso, cómo proceder para disparar con una Bersa Lusber 84 similar a la que portaba el atacante Fernando Sabbag, y no fallar en el intento.

Proveer de esa información a cientos de miles de posibles homicidas, entregar en bandeja y claramente todos los datos para que la mayor cantidad de personas sepa cómo manejarla obliga a una pregunta simple: ¿hasta dónde son conscientes de lo que están fogoneando? ¿Cuál es el límite para lo que está bien y está mal transmitir? ¿Es lícito incentivar el uso de un arma por estos medios y que pueda quitar la vida a cualquier persona por pensar diferente?

Desde el oficialismo y sectores académicos que evalúan estos discursos hace tiempo advertían su crecimiento día tras día. Esta escalada de violencia verbal o la incontinencia de un relato que vocifera cada vez más alto sus deseos también tiene al jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, como correlato cada vez que planteó un “consenso sin el kirchnerismo”, dejando de lado al 30% de los argentinos, Baby Etchecopar sostuvo que “Cristina es el cáncer de la Argentina” y Ricardo López Murphy tuiteó “ellos o nosotros”. Tampoco en la calle han faltado agravios: una mujer fue premonitoria pero no tanto, por suerte: “Necesitamos un sicario que le pegue un tiro en la nuca a esa hija de mil putas”, gritó su odio frente a un micrófono.

 

Las herramientas que tiene “este” Estado

Alberto Fernández emitió un comunicado en el cual señalaba en primera persona al diario La Nación el mismo jueves por la mañana, horas antes del episodio en Recoleta. Denunció la mentira con la que había titulado ese día el matutino, según sus palabras. El periódico denunciaba, en portada y a cuatro columnas, que tanto el Presidente como otros funcionarios del gobierno habían triplicado sus bienes en un año.

La desmentida aclaraba que “sencillamente (se debía) al cambio de valuación fiscal que se dispuso en los inmuebles con residencia en la Ciudad de Buenos Aires”. En off, cerca del primer mandatario advertían que “les pasó a todos los porteños, también a Macri, Michetti o Larreta pero sólo nos nombran a nosotros”, y remarcaban: “La Nación pasó un límite y el Presidente tiene todo el derecho a marcárselo porque cuestionan su integridad”.

El quid de la cuestión es para algunos el trato que tiene el Gobierno con los medios concentrados. Desde algunos sectores, plantean siempre la necesidad de reveer la Ley de Medios, actualizarla, agggiornarla, ponerla en valor 13 años después de haberse sancionado. Raúl Zaffaroni este sábado se expresó en el sentido de no ser partidario de la censura, pero también manifestó que debe haber límites y deberían hacerlos valer. “Hay cosas que son directamente una instigación a la agresión», y añadió queal discurso mediático hay que pluralizarlo e insistir con la Ley de Medios».

El tema de la pauta publicitaria es recurrente dentro de los sectores que pretenden una distribución equilibrada de los recursos provistos por el Estado. En los últimos días se conoció un estudio realizado por Santiago Marino y Agustín Espada donde analizan el detalle del reparto de los recursos estatales. En este análisis revelan como cayó el gasto pero aumentó la concentración en los principales grupos de medios.

Santiago Marino es Doctor en Ciencias Sociales y Magíster en Comunicación y Cultura. En su cuenta de Twitter, indicó: “No ayudaría a disminuir los discursos de odio que el Estado no entregue recursos o los disminuya a esos medios”. Marino sostiene que la solución es más diversa y compleja pues para muchos de ellos esos ingresos no son significativos.

 

¿Pautar o no pautar?

FM La Patriada consultó al Gobierno nacional sobre la pauta y su relación con los discursos de odio. Además, preguntó si estaban analizando medidas concretas para poder disminuir el poder de estas usinas de fakes news. Estamos pensando un par de cosas, pero cualquiera de ellas deberá tener gran sustento jurídico”, respondieron. Una de ellas sería dotar de más poder de fuego al ENACOM (Ente Nacional de Comunicaciones).

Por otro lado, también desde Casa Rosada descreen que las noticias falsas o el discurso de odio tenga algo que ver con la libertad de expresión.

“Tampoco el tema es la pauta”, se ataja el interlocutor. “Porque sin ella, no podés visibilizar las políticas públicas”, completa.

Allí juega una lógica perversa. Si no se dan a conocer las noticias a través de los medios hegemónicos, no los conoce la mayoría de la población. Y si se mantiene el status quo actual, no podrá mejorar ni la comunicación pública del gobierno ni se podrá incidir en diversificar el mensaje y atenuar la agresividad del mismo.

Una nueva política comunicacional es posible y en ello están trabajado diferentes actores sociales y políticos. Entre ellos, está FM La Patriada.

Finalmente, para el mismo funcionario “debería establecerse un equilibrio, el nivel al que se ha llegado es lamentable y debemos volver a lugares razonables. La crítica no es el problema, hay una tensión natural siempre entre medios y gobierno”.

Por su parte, la portavoz Gabriela Cerruti se refirió al discurso de odio luego de la sesión especial del sábado. Explicó: “el discurso de odio no es un invento del Gobierno, se ve en todo el mundo. Una cosa es cuando uno tiene un discurso vehemente, yo puedo tener ese tono”. En ese sentido, graficó que la Vicepresidenta fue convertida en un blanco móvil y la propagación de información influye en personas apelan a estas reacciones, como quien intentó asesinarla. También para la funcionaria existen periodistas que son partícipes centrales y necesarios del odio que hay en Argentina y deberían hacer autocrítica.

Por último, el vicepresidente del ENACOM, Gustavo López, le dijo a este medio que desde ese organismo elaboran guías de recomendación respecto de discursos de odio. Aclaró que se puede sancionar lo que esta específicamente establecido como sanciones y que, si se violan, pueden ser plausibles de accionar efectivamente.

 

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