El indulto popular

La absolución de la historia tarda más que lo que demandan las urgencias. El peronismo rumiante coteja la soledad de Cristina Kirchner en el balcón y la agitación militante en las calles bajo la posibilidad de que el candidato que entronice en 2023 se comprometa al perdón presidencial. | Por Pablo Dipierri

“Para defenderte de este Poder Judicial, no necesitás al mejor abogado sino un buen periodista”, admitió en off un juez de la Nación a La Patriada. Para ese magistrado, el coraje de la vicepresidenta Cristina Kirchner y la validez jurídica de su defensa no bastan para paliar el déficit político que atraviesa el gobierno, primero como coalición en general y luego como ejecutor de una gestión eficiente para garantizarle a la sociedad un correcto servicio de justicia.

Es en tal contexto que los grupos económicos se engolosinan con el acorralamiento de la líder del Frente de Todos, mientras ella batalla contra el veredicto de la deshonra que pretenden colgarle para que se desgrane su caudal electoral, bajo la amenaza de una condena efectiva y una proscripción formal. “No se necesita la ficción del Derecho para la proscripción, ya está impugnada por el escarnio mediático”, asevera otro jurista, y desliza que la ex Presidenta se percató “tarde” de que el diseño de su fórmula boutique para los comicios de 2019 era un acierto en las urnas pero una maquinaria gubernamental defectuosa.

Así, la apelación de la Vicepresidenta al peronismo cuando advierte que el juicio no se cierne solamente sobre su persona es, más allá de su identificación indesmentible con el movimiento justicialista, un gesto defensivo desde la soledad de su despacho. Encerrada en una situación doblemente paradojal, reclama para sí, con la frente en alto, el reproche irrefutable y la asunción orgullosa del martirio persecutorio que padece por lo que hizo a lo largo y ancho de sus mandatos, la reacción de los que se solidarizan por Twitter pero no activan los resortes del Estado para evitarle la desgracia individual y la consecuente frustración colectiva.

Incluso con resplandor menguante, sus apremios encendieron el reflejo popular, sin órdenes de las conducciones intermedias, y la militancia acudió a las puertas de su casa y las inmediaciones del Senado como quien salta en defensa de lo suyo. Aunque parezca mentira, algunos todavía no mensuraron la profundidad del amor plebeyo por la Vicepresidenta. “Las críticas u observaciones sobre la interna o el modelo de construcción pueden ser muy interesantes y circulan en ámbitos intelectuales, más de clase media, pero los compañeros de los barrios sienten que es Cristina la única que existe”, graficaba ante este medio un referente de la CTA.

Y aún con esa convocatoria que oscila entre la espontaneidad afectiva y los lazos subterráneos de organización política, la foto que la registró saludando a la multitud desde el balcón del Congreso, sobre la calle Hipólito Yrigoyen, revela tanto su entereza para enfrentarse a sus enemigos como la soledad con que juega su bravura a todo o nada.

Hasta en el radicalismo se podrían haber estremecido por compasión al verla sin el acompañamiento que, en otro balcón pero bajo asedios comparables, cosechó Raúl Alfonsín ante el levantamiento de los Carapintadas en las Pascuas de 1987. “Ya no te pido apoyos extrapartidarios, como el de Antonio Cafiero en ese momento, pero está sola”, advirtió una de las fuentes consultadas para este artículo.

Con todo, la Vicepresidenta fue implacable con la neutralización de las pruebas que presentaron, fuera de término y abonando a una nueva irregularidad, los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola en la causa que mantuvo 48 horas la prensa en vilo y suspendió la cizaña sobre el ajuste económico. Del archivo de 9 mil páginas de chat de WhatsApp extraídas del teléfono de José López, ex funcionario del Ministerio de Planificación, los verdugos recortaron los diálogos entre el titular del aparato celular y Lázaro Báez, bajo la presunción de que el operador acordaba y favorecía al empresario santacruceño por encargo de la ex Presidenta, pero ella mostró las conversaciones, registradas en el mismo documento probatorio, entre López y Nicky Caputto, el empresario al que Mauricio Macri siempre consideró el hermano de su vida. La familiaridad en los diálogos y las alusiones a pagos y retiros bancarios para obras, mucho más frondosas que el trato formal entre el titular del teléfono y Báez, revelarían que la jefa de López no era la principal acusada sino el propio Macri.

Ya el actual titular de la Cámara de Casación, Alejandro Slokar, advirtió en su fallo condenatorio contra el pintoresco tucumano que pasó a la historia por revolear bolsos por encima de las paredes de un convento, que la investigación realizada en primera instancia en esa causa había sido corta o defectuosa, lo mismo que dijo la Vicepresidenta apuntando al juez Daniel Rafecas y el fiscal del caso. Habrá que esperar que alguien recoja esta información y profundice la parte inconclusa de aquella etapa de instrucción sobre quién le dio y por qué esos 9 millones de dólares a López.

Un detalle curioso: en ese fallo de la Sala II de Cámara de Casación Penal, integrada por los jueces Slokar, Carlos A. Mahiques y Guillermo J. Yacobucci, se sentenció a López por enriquecimiento ilícito a la pena de 7 años y seis meses de prisión, multa del 60% del valor del enriquecimiento e inhabilitación absoluta perpetua. Como la condena fue ratificada el año pasado pero los hechos ocurrieron el 14 de junio de 2016, la pena estará cumplida el 14 de diciembre de 2023, cuando tal vez haya asumido un nuevo gobierno en Argentina. El destino tiene sus muecas.

Por eso, puede que la dignidad heroica pague con trascendencia bajo la divisa de la absolución de la historia pero el presente está tapizado por los afiches que dibujan a la dirigente política más importante como acreedora de un prontuario. Lo que queda es que el peronismo, que no se suicida y necesita de la base de sustentación que sólo ella tiene, cuide a la Vicepresidenta. Y para cuidarla, tiene que ganar las elecciones del 2023 pero, para alzarse con ese triunfo, precisa explicarles a sus votantes que garantizará la libertad plena de su máxima representante. Si este Poder Judicial es un impedimento y no se puede sanear, no sería ilógico que –tal como se rumorea- el presidente Alberto Fernández o quien termine coronándose como candidato oficialista comprometa eventualmente su perdón o gracia presidencial. Herbívoro o killer, el peronismo que venga deberá resolver el indulto a Cristina en nombre del fervor que todavía despierta. Y sanseacabó.

También podés ver...

Alberto Fernández advirtió que tras la pandemia hay que centrar esfuerzos en salud mental y reproductiva

El Presidente envió un mensaje durante la apertura de la 30° Conferencia Sanitaria Panamericana donde pidió cooperativismo de las Américas en la materia.