El empate catastrófico que domina a la región

El empate entre progresistas y conservadores contribuye a un escenario de incertidumbre y obtura un horizonte de salida a los problemas que sumergen a la región. | Por Augusto Taglioni.

América Latina atraviesa una situación de convulsión e incertidumbre. Lejos de preanunciar ciclos progresistas o conservadores o inventar ejes de la noche a la mañana sin sustento en la realidad, la región presenta una suerte de empate catastrófico en el que nadie logra imponer condiciones.

Sucede a nivel global con una guerra en donde se expuso que la puja por la hegemonía no tiene potencias capaces de doblegar a sus adversarios ni a nadie capaz de romper las reglas del sistema. Esto profundiza un estado de descomposición que alcanza a los organismos multilaterales y financieros que miran desde una platea preferencial cómo el mundo se desmorona.

Sin meternos en el debate académico sobre multipolaridad con rasgos bipolares o bipolaridad con rasgos multipolares, lo que se puede decir es que ese empate se expresa con mucha fuerza en la dinámica sudamericana.

Vamos con algunos ejemplos de la coyuntura. Gabriel Boric acaba de asumir la presidencia de Chile y ya se encontró con problemas para gestionar. El chileno carga con muchas expectativas y ganó la elección prometiendo cambios profundos. Sin embargo, eso no será tan fácil por una razón muy sencilla: no tiene mayoría en el parlamento y necesita consensuar con sus aliados de la ex Concertación.

Esto le impide aprobar una ley de amnistía para liberar a los presos del estallido de 2019 y avanzar con un quinto retiro de las AFP. Imaginemos cómo será el debate para cambiar el sistema de pensiones y jubilaciones o la reforma del sistema de Salud.

De Chile movámonos a Ecuador. La semana pasada, la Asamblea Nacional archivó la ley de inversiones del presidente, Guillermo Lasso, que apuntaba a reformas de mercado que fueron rechazadas por Union por la Esperanza de Rafael Correa pero también por el movimiento indígena Pachakutik e Izquierda Democrática que apoyaron a Lasso en la segunda vuelta contra el corrsmo.

Tercer ejemplo. El domingo se votó en Uruguay la derogación de 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración que es, ni más menos que el programa de gobierno de Luis Lacalle Pou en materia de salud, educación, economía, trabajo y seguridad, entre otros aspectos. La oposición uruguaya liderada por el Frente Amplio consideró que la iniciativa oficial era una retirada del Estado de los asuntos públicos y un cheque en blanco para que las fuerzas de seguridad comentan arbitrariedades y juntó 800 mil firmas para someterla a referéndum.

El resultado fue ajustadísimo. El NO impulsado por el Gobierno ganó solamente por 22 mil votos. El porcentaje de menos de dos puntos entre ambos es un calco del resultado del balotaje de 2019, es decir, hay una mayoría que confía en Lacalle Pou pero ese respaldo está lejos de ser abrumador como para llevarse puesto a la oposición, además de la necesidad de seguir manteniendo unida la coalición. Y del otro lado la lectura puede ser: el Frente Amplio está vivo y competitivo pero aún no llega a la mayoría necesaria para volver al poder. Los márgenes son estrechos, un empate en el que difícilmente alguien sueñe con imposiciones.

En esta realidad también podemos sumar a Colombia en donde las últimas elecciones legislativas dejaron un parlamento repartido y sin mayorías y si bien el candidato de izquierda, Gustavo Petro, lidera las encuestas para las presidenciales de mayo, necesita una ingeniería fina para acordar con partidos tradicionales que le garanticen gobernabilidad, o Brasil en donde Lula tuvo que correrse al centro y cerrar una alianza con el ex gobernador de San Pablo para aspirar a una victoria en primera vuelta en en octubre contra el bolsonarismo.

Perú es otro caso de esta hipótesis. Pedro Castillo tuvo dos intentos de destitución del Congreso y tuvo que cambiar tres veces de Gabinete por falta de apoyo legislativo. No lo sacaron pero tampoco puede gobernar, una absoluta parálisis.

Argentina no está exenta. El Frente de Todos se encuentra en una interna a cielo abierto y sin mayoría propia en el Congreso luego de una dura derrota en las elecciones de medio término.

Es evidente que la pandemia agudizó problemas existentes y las alianzas electorales no terminan siendo del todo efectivas en el andar de la gestión. El empate frena todo tipo de reforma profunda y eso genera tensiones en la política y enojo en la sociedad que clama por esos cambios.

El desenlace es incierto, la moneda está en el aire.

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