El convulsionado comienzo de Pedro Castillo en Perú

El gobierno de Pedro Castillo se puso en marcha con fuertes tensiones y operaciones cruzadas. Los sectores en pugna. | Por Augusto Taglioni.

Dos sectores pugnan por incidir en las decisiones del flamante presidente. ¿Cuáles son esos sectores? Por un lado, el ala radicalizada liderada por Vladimir Cerrón, fundador de Perú Libre y padrino político de Castillo. Este sector tiene una mirada más extrema de lo que tiene que hacer el gobierno en materia social, política y económica.

Además, proponen un alineamiento internacional más cercano a Venezuela y Cuba y eso pone nerviosa al ala moderada que buscar dar señales de tranquilidad a los mercados.

Este sector es el de Verónika Mendoza, ex candidata presidencial, congresista y líder del partido Nuevo Perú. El primer tironeo fue por los espacios en el gabinete, en donde el espacio de Mendoza solo pudo ubicar a la ministra de Mujeres, Anahí Durand, y el de Economía y Finanzas, Pedro Francke. Este último es clave para garantizar la confianza en los mercados y evitar movimientos especulativos.

Claramente, Castillo decidió con el consenso de Cerrón darle la lleve de la política económica a Francke y eso se nota en el discurso en defensa de la propiedad privada y la constante aclaración de que no habrá ningún plan de estatización, expropiación o control de capitales.

Es decir, el ministro de Economía no es neoliberal pero tiene en sus manos la tarea de detener el esquema macroeconómico que sostuvieron todos los gobiernos neoliberales de Perú con algún elemento de distribución de la riqueza como plus.

Ceder la cartera económica por parte de Perú Libre fue un acto de defensa propia, ya que, el plan original presentado en la campaña de primera vuelta era absolutamente inviable. En el mismo camino de dar señales a quienes lo miran con desconfianza, Castillo confirmó a Julio Velarde en el Banco Central, el mismo que viene ocupando el cargo desde la presidencia de Alan García en 2006.

No obstante, los chispazos se hicieron sentir con la designación de Guido Bellido, congresista de Perú Libre del riñón de Cerrón, como Presidente del Consejo de Ministros (una suerte de Jefe de Gabinete).

Bellido es conocido por su perfil conservador, antiaborto y profundamente homofóbico. Ha denunciado la “propaganda gay” y es un férreo opositor al matrimonio igualitario, al igual que Castillo.

Tal fue el descontento con la designación de Bellido que Francke estuvo al borde de la renuncia. Finalmente asumió un día después y juró a favor de la diversidad, en un claro mensaje a su compañero de equipo.

La interna no quedó ahí. Días después de la asunción de los ministros, Vladimir Cerrón impuso a su hermano, Waldemar, como jefe de la bancada oficialista. Esa decisión provocó que 11 congresistas amenazaran con presentar la renuncia.

De los 36 miembros de la bancada de Perú Libre, sin contar al titular de la Presidencia del Consejo de Ministros Guido Bellido, Waldemar Cerrón solo recibió el apoyo de 15 miembros.

El hermano del líder de Perú Libre tiene una investigación fiscal por el presunto delito de lavado de activos, junto con sus hermanos Vladimir y Fritz Elías Cerrón Rojas.

Es una figura demasiado vidriosa para liderar una bancada que necesita de acuerdos con más de 40 legisladores que no se ubican ni en el oficialismo ni en la oposición y son clave, por ejemplo, para votar a favor de una Asamblea Nacional Constituyente que cambie la Constitución de Alberto Fujimori.

Waldemar es un jugada directa de Vladimir, ya que, Castillo se inclinaba por Betsy Chávez, también de Perú Libre.

En el fondo de la discusión está el rol en las sombras de Vladimir Cerrón y su influencia es parte de un debate público que le quita poder al propio Castillo. Hay quienes sostienen que su gobierno empezará cuando pueda desprenderse del lastre que implica una figura incómoda como la de Cerrón, pero éste lo que busca es utilizar el poder que le da su influencia sobre el presidente para eliminar las condenas judiciales en su contra que datan de su época como gobernador de Junín.

De lograr eso, Cerrón podría ser funcionario y preparar el terreno para su candidatura en 2026. Mientras tanto será la sombra que opaque a un presidente que tiene mucho camino por recorrer.

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