El álbum debut de Bob Dylan cumple 60 años

Fue grabado en tres sesiones y todo lo que se escucha en los 13 tracks es ni más ni menos que la guitarra acústica, la armónica y la voz de uno de los músicos más influyentes de la música popular.

El primer disco de estudio del músico estadounidense Bob Dylan cumple 60 años. Es un álbum de dos caras que fue publicado el 19 de marzo de 1962. Contiene 13 tracks a puro cancionero folk yankee entre los que se destacan dos temas de su autoría que fueron la primera muestra de las enormes capacidades literarias del artista galardonado con el Nobel de Literatura. 

Publicado por la compañía discográfica Columbia Records, fue grabado en tres sesiones entre los días 20 y 22 de noviembre de 1961 y producido por John H. Hammond.

Un año antes del lanzamiento del disco, Dylan llegaba a Nueva York, por su cuenta, sin dirección, like a Rolling Stone. Ofreció sus primeros conciertos en clubes y bares del Greenwich Village. Ese barrio bohemio, cuna del histórico bar Stonewall que fue testigo de la revuelta catalizadora del movimiento LGBTIQ+.

Durante uno de sus conciertos en el Village, mientras tocaba material de artistas de la escena folk como Dave Van Ronk, Fred Neil, Odetta, New Lost City Ramblers, The Clancy Brothers y algunos de sus temas propios,  Dylan capturó la atención del periodista Robert Shelton quien le dedicó una reseña en el New York Times en 1961 que fue el primer salto en la carrera del hombre de la tristeza constante.

En ella, Shelton decía que Dylan era el personaje más distintivo de la escena de Manhattan, que su música tenía la marca de la originalidad y la inspiración, que su voz era todo menos linda y que su perfo era un poco «niño corista» y un poco «beatnik».

Shelton lo vio venir. Dylan sigue siendo uno de los personas más distintivos de la música popular y no sólo en Manhattan. También es un personaje contradictorio. Publicó más de 50 discos, fue un militante zurdo, medio hippie, antiracista en los años sesenta en Estados Unidos, pero en 2009 sacó un disco navideño y durante su vida le rezó a más de un dios.

Después de leer esa reseña, Hammond lo fue a ver, lo escuchó cantar un tema y le ofreció un contrato con la disquera Columbia. Hammond era bueno encontrando nuevos talentos. Descubrió, entre otros, a Bruce Springsteen y Aretha Franklin.

Registrado al nacer como Robert Allen Zimmerman, Dylan nació en el hospital St. Mary de Duluth, en Minesota, el 24 de mayo de 1941​ y creció en Hibbing. Sus abuelos paternos, Zigman y Anna Zimmerman, emigraron desde Odessa —actual Ucrania— a los Estados Unidos a causa de un pogromo antisemita en 1905.​

Sus abuelos maternos, Benjamin y Lybba Edelstein, eran judíos lituanos que llegaron a América en 1902.​ En su autobiografía Chronicles: Volume One, Dylan escribió que el apellido de su abuela materna era kirguís y que su familia procedía de Kağızman, en la región de Anatolia Oriental al este de Turquía.

Pero por 1962 importaba menos de dónde venía Dylan que hacia dónde iba. Y desde el lanzamiento de su debut discográfico inició un camino siempre ascendente en la escena musical.

El disco

«Bob Dylan» es un disco que tiene 13 temas y dos fueron compuestos por él –Talkin’ New York y Song to Woody-. El resto es parte del cancionero folklórico estadounidense.

Todo lo que se escucha en los 13 tracks no es ni más ni menos que la guitarra acústica, la armónica y la voz de Dylan.

Al parecer, según los dichos del productor del disco, la disquera Columbia gastó algo así como 400 dólares para grabarlo.

Además del bajo presupuesto y del corto espacio de tiempo de grabación, Hammond contó que Dylan no dominaba todavía las técnicas de estudio y eso dificultó un poco su trabajo.

«Bobby restallaba cada p, silbaba cada s y se alejaba habitualmente del micrófono. Aún más frustrante era que se negaba a aprender de sus errores. Se me ocurrió en el momento que nunca había trabajado antes con alguien tan indisciplinado», dijo sobre la experiencia de grabar con Dylan.

Baby, Let Me Follow You Down, My Time of Dying, Gospel Plow, Highway 51 Blues y Freight Train Blues fueron grabadas en una sola toma porque Dylan se negó a grabar segundas versiones.

«Dije que no. No puedo verme a mí mismo cantando la misma canción dos veces seguidas. Eso es terrible», confesó años más tarde.

«Las tomas son las veces que se canta una canción. Bob Dylan sólo quería dejar las primeras, cosa que yo suscribo», afirmó el periodista y músico Leo Ronchetti.

Al disco no le fue muy bien. Pasó bastante desapercibido entre la prensa musical y no entró en ninguna lista de discos más vendidos, lo que durante un tiempo le significó a Dylan ser llamado «el capricho de Hammond» entre los productores de Columbia Records.

El disco sigue siendo el único trabajo de Dylan que no entró en ninguna lista de los Estados Unidos, aunque en el Reino Unido alcanzó el puesto 13 en 1965.​

A pesar de los malos resultados del álbum, el trabajo no supuso un problema financiero para Columbia debido a los bajos costes de las sesiones de grabación.

«Es un hallazgo para la música, es el inicio de una aventura que aún hoy con 80 años Bob Dylan sigue cantando», consideró el conductor de Cosa de Negros en FM La Patriada.

«Celebro la existencia de Dylan y le doy un feliz cumpleaños de primer álbum al querido Bob. También celebro que esté en los escenarios. El paso del tiempo no ha hecho otra cosa que mejorarlo», expresó Ronchetti.

Un Nobel para el músico

El 13 de octubre de 2016, la Academia Sueca le otorgó a Dylan el Premio Nobel de Literatura por «haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición de la canción estadounidense».​ Fue el primer músico en ganar el premio y fue considerada la elección más radical en la historia de ese galardón desde 1901.

El artista tardó más de dos semanas en responder públicamente a la misiva en la que se le comunicaba semejante reconocimiento. Tampoco se hizo presente en la premiación por «compromisos previamente asumidos». Pero sí envió un discurso que fue leído durante la gala.

«Como Shakespeare, yo también estoy a menudo ocupado en la búsqueda de mis esfuerzos creativos y tratando con todos los aspectos de los asuntos mundanos de la vida. ¿Quiénes son los mejores músicos para estas canciones?; ¿Estoy grabando en el estudio correcto?; ¿Esta canción está en la clave correcta? Algunas cosas nunca cambian, incluso en 400 años. Ni una sola vez he tenido tiempo de preguntarme: «¿Son mis canciones literatura?». Por lo tanto, doy las gracias a la Academia Sueca, por tomarse el tiempo para considerar esa misma pregunta y, en última instancia, proporcionar una respuesta tan maravillosa.»

En noviembre, Dylan publicará un libro de ensayos sobre música editado por Simon and Schuster y titulado ‘La filosofía de la canción moderna’. Es todo un acontecimiento, porque se trata de la primera publicación que el compositor y poeta realiza en casi dos décadas –su último texto editado fue Crónicas: Volumen 1, en 2004– y luego de ganar el Premio Nobel de Literatura en 2016.

«Las canciones están ahí, existen por sí mismas, están ahí esperando que alguien las escriba. Yo sólo las paso a un papel, si no lo hiciera, alguien más lo haría», dijo el autor de Blowing in the wind, Like a Rolling Stone, Don’t think twice, it’s all right y tantas otras canciones que por suerte pudo bajar a un papel en estos 60 años de trayectoria.

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