El agotamiento de la subordinación

De la impugnación a la correlación de fuerzas a la resignación expectante sobre el margen de acción. | Por Pablo Dipierri

Argentina, otra vez, en la encrucijada. El restablecimiento de la conversación entre el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Kirchner emparchó la renuncia de Martín Guzmán al ministerio de Economía con la designación de Silvina Batakis pero no restañó las heridas.

A pesar del celo que impusieron ambos mandatarios a sus respectivos entornos después de la cena que compartieron el lunes, trascendió que la disputa interna sigue abierta aun cuando el Jefe de Estado fue rescatado por su compañera de fórmula después de que se lo percibiera chapoteando desesperadamente en el vacío durante el fin de semana.

Hasta donde supo La Patriada, el Presidente porfía con su propia hoja de ruta y la titular del Senado funciona, en los hechos, como líder de una coalición que, por pragmatismo y convicción, constela casi por completo bajo su órbita con el objetivo de que el universo kirchnerista no termine devorado por el agujero negro de un mercado indómito al que ya nadie confronta.

Si bien resulta agobiante el persistente retorno de los acuerdos tácitos o explícitos que permitieron la urdimbre electoral de 2019, la historia de estos días repone las preguntas jamás respondidas antes del anuncio por Twitter que realizara el 18 de mayo de ese año la actual Vicepresidenta.

La incógnita se mantuvo, primero, por imperio de la táctica sobre la estrategia para ganarle a Mauricio Macri en las urnas; más tarde, por la postergación del programa político al acuerdo con los acreedores externos; a continuación, por la supremacía de la pediatría gubernamental sobre una sociedad infantilizada en pandemia; y al final, por la subordinación ideológica a la premura por ofrecerse como alternativa interna ante la inminencia del calendario electoral de 2023.

Debate de ideas

En tal contexto, la única novedad ya acredita dos años y su autoría corresponde a la titular del Senado. Ya el 27 de octubre de 2020, mentó el problema de la economía bimonetaria y volvería sobre ese tópico en diversas circunstancias, incluida la del sábado pasado durante el acto que encabezó en Ensenada en homenaje a Juan Domingo Perón. Según se desprende de su razonamiento, habría que encaramarse hacia un país con una divisa patrón como reserva de valor y una moneda nacional para las transacciones cotidianas: dólares para la industria y pesos para comprar el pan.

Sin embargo, una salida semejante exige el acuerdo con el establishment y sus representantes en el Congreso. Hasta que exista evidencia en contra, las conductas de los legisladores que se pavonean por TV no dejan espacio para tamaña osadía.

Un diputado oficialista admitió ante la consulta de este medio que desconoce los términos de la idea que blande en público la líder del Frente de Todos (FdT). “No termina de saberse si es, por ejemplo, un desdoblamiento formal del mercado cambiario entre un dólar financiero y uno formal o si es la dolarización de algunos mercados”, confesó.

Por su parte, un economista identificado con el núcleo duro del kirchnerismo señaló que “la oposición no va a apoyar para encontrarle la solución a lo bimonetario porque son representantes de los que dolarizan las ganancias”. “Invierten un 5 por ciento y giran al exterior 95 por ciento y, para eso, precisan un flujo de dólares libres”, conjeturó, y agregó: “es necesario planificar los dólares que tenés, para el crecimiento”.

En otro campamento del FdT, uno de los especialistas que congrega habitualmente Sergio Massa le dijo a este portal que se encuentra “estudiando el tema”, y remitió la entrevista que publicara el diario La Nación el 8 de noviembre de 2020 a Horacio Tomás Liendo, uno de los creadores de la convertibilidad junto a Domingo Cavallo. En ese artículo, Liendo sostuvo que el Estado nacional está “desfinanciado” y “con un riesgo país alto”, pero “es acreedor neto del mundo”. “Los argentinos tenemos depositados en el extranjero casi un PBI, aproximadamente 400 mil millones de dólares, según las cifras del Indec a fines de 2019”, graficó.

Ante la inquietud de la cronista por las posibilidades de una dolarización local, advirtió que el obstáculo sería la falta de reservas pero concedió: “podemos hacer algo muy sencillo como declarar el curso legal del dólar y establecer un mercado totalmente libre”. A su criterio, “eso pondría al peso en competencia y  obligaría de todas maneras a tener una organización monetaria para poder emitir pesos que puedan defender su valor en este contexto en el que está compitiendo con el dólar, pero tiene que ser totalmente libre y hay que eliminar el impuesto a los créditos y débitos bancarios”.

Bajo esa perspectiva, consideró que lo central sería persuadir a los argentinos para que “traigan” sus ahorros al país. “Tenemos que pensar en un sistema financiero que tenga costo cero de entrada y salida, en donde la gente pueda tener sus recursos estacionados en el extranjero, y que pueda hacerlo sin necesidad de estar forzado a cambiarlos por pesos”, reclamó, y reconoció que frente a la escasez de divisas “habrá todo un movimiento” hasta que “se estabilicen los valores del peso y el dólar”.

El pronóstico de Liendo se basa en la suposición de que, como el Banco Central no intervendría, “no se utilizarían reservas”. “Si el Gobierno dice que seguirá creando pesos para atender necesidades fiscales sin límite, ahí habrá un problema”, completó.

La urgencia permanente

La proliferación de emergencias somete el ágora pública a una neutralización despolitizadora, al decir del filósofo italiano Roberto Espósito. Los últimos sondeos de Analogías y Zuban-Córdoba, realizados antes de la renuncia de Guzmán pero terminados durante el fin de semana, dan cuenta de que sólo un tercio de los consultados nutren la imagen positiva del primer mandatario.

Titulado “Alta desaprobación a la política económica en junio”, el informe que distribuyó a la prensa la primera de ambas firmas indica que “en materia de expectativas, el ‘optimismo’ sobre la evolución de la economía se mantuvo en niveles constantes y bajos (24%)”, mientras que  “la política económica del Gobierno nacional registró en junio, además, una alta desaprobación (69%)”.

Paola Zuban y Gustavo Córdoba, por su parte, detectaron que “un 75% de los argentinos acuerda con que el principal problema del gobierno no son sus medidas económicas sino la credibilidad del Presidente”. “La falta de un liderazgo centralizado y de narrativas que ordenen la discusión política atentan directamente contra la capacidad de generar consenso social”, argumentaron.

Así las cosas, el hartazgo más o menos extendido contra la sustancia ideológica y el confort delegativo de las decisiones en una pantalla de dirigentes on demand reduce las aristas más desafiantes para el status quo a la comparecencia dócil: una porción determinante de la sociedad asiste al descalabro político y financiero con una desilusión que expresa no solo su entusiasmo triste sino la angustia ante cosas que no comprende. La disyuntiva de estos días parece reproducir la bifurcada de otras épocas. ¿Hay que pegar un volantazo o hay que ordenar la decadencia? ¿Batakis tiene que cambiar el rumbo de forma urgente o tiene que pilotear hacia una “recesión civilizada” para desacelerar el alza de precios y la corrida financiera?

De nuevo, el encierro acota el rango de intervención. La botonera se reduce y cualquier acción desata consecuencias impensadas, porque gobernar no es tomar un tecito a las 5 de la tarde.

No obstante, la afirmación más contundente ante la incertidumbre sobre la fuerza que acredita para este desafío la flamante titular del Palacio de Hacienda no provino de la Casa Rosada o la Cámara alta sino de boca del jefe del bloque oficialista en Diputados, Germán Martínez. Ante la pregunta acerca de cuál sería el margen de maniobra, el santafecino retrucó: “todo”.

La bruma económica y la confusión política sólo habilitan a apretar los dientes y plantarse contra la tempestad financiera, el único factor que cultiva insubordinación permanente.

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