Deliberación elegante entre los Fernández

En el acto oficial por el centésimo aniversario de YPF, la vicepresidenta Cristina Kirchner volvió a exponer sus argumentos en demanda al presidente Alberto Fernández para que ejerza con más decisión las facultades de su cargo, mientras que el Jefe de Estado se nutrió de su exposición para neutralizarla sin contradecirla. | Por Pablo Dipierri

YPF fue la prenda de unidad para que el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Kirchner volvieran a cruzarse en escena(rio), que no es otra cosa que la unidad de tiempo y espacio en una narración. Al cumplirse 100 años desde la creación de la petrolera estatal por impulso del presidente radical Hipólito Yrigoyen, ambos mandatarios coincidieron en la ceremonia y casi todo el sistema político estuvo pendiente en las horas previas y durante el desarrollo del mitin por el voltaje que condensa la interna del Frente de Todos.

En ese contexto, el primer orador del panel fue el titular de la hidrocarburífera de bandera, Pablo González, quien desmenuzó los avatares de la empresa desde su fundación hasta la actualidad mentando los estragos producidos después de cada golpe de estado o mercado y la ciclópea tarea de cada gobierno popular que recompuso las condiciones de exploración, explotación y crecimiento en el rubro. La clave de su intervención se cifró en la concesión de que se puede debatir el futuro energético de la Argentina bajo la disyuntiva entre la consideración del petróleo como “commodity o bien estratégico nacional”.

A su turno, la Vicepresidenta apeló a un tono pedagógico y sereno para una exposición en la que manifestó las mismas perspectivas que señaló durante su discurso en la Universidad Nacional del Chaco Austral, cuando le otorgaron el premio Honoris Causa en esa casa de estudios. “Venía pensando, porque tuve una hora de viaje (tránsito insoportable pero es buena señal), que de esto, de cosas como estas se trata la política. No son promesas de futuro mejor. No son eslogan ni marketing. Si yo me pongo a pensar en Vaca Muerta y todo lo que puede producir, esa política no la construimos ahora sino el día que recuperamos YPF”, arremetió de entrada.

Luego de distinguir la privatización de la desnacionalización, rememoró la forma en que Néstor Kirchner, como gobernador de Santa Cruz, cuidaba los intereses de su provincia como accionista de la petrolera comprando, incluso, acciones para aumentar la participación de su jurisdicción en el capital de la firma. “Ante la adversidad, pecho y coraje”, sostuvo para reivindicar que es posible plantarse aun en situaciones desventajosas.

También objetó “la crítica permanente acerca de que no hay una dirigencia política, que no hay gente que piense lo estructural, que nunca se hizo nada en 30, 70 o 100 años”. Entonces, leyó los pasajes de un artículo publicado por un profesor de la Facultad de Derecho que sancionaba las conductas de los dirigentes que viven pendientes de la selfie o el marketing, y aprovechó para anunciar la proyección de un video con las declaraciones del ex ministro de Hacienda macrista Nicolás Dujovne, cuando explicó que el kirchnerismo había dejado una ratio de deuda con respecto al PBI realmente baja. “Algunos problemas los habíamos solucionado”, dijo la ex Presidenta.

Bajo ese enfoque, recordó que los salarios habían crecido 78 por ciento en 12 años y medio y que la participación del ingreso de los trabajadores trepaba a 51 por ciento contra 49 del capital. “Gobernar es también administrar las tensiones”, enfatizó, y añadió con destino específico a su compañero de fórmula: “el que quiera gobernar la Argentina sin tensiones que se postule par presidente de Suiza”.

Cada vez más punzante pero sin correrse del tono que a menudo le reclaman sus detractores, precisó: “tenemos que entender que las decisiones que responden a los intereses de las mayorías encuentran siempre muchos escollos”, y agregó: “el futuro se construye en el presente (pero) no se construye porque apelemos o lo enunciemos verbalmente”. “Yo tengo una gran esperanza que Argentina se convierta en una gran productora de energía para un mundo que la necesita pero eso no es magia”, alertó.

En ese sentido, detalló: “tampoco creamos que vamos a salvarnos porque vamos a tener 33 mil millones de dólares de exportaciones de Vaca Muerta”. “Tenemos también que comenzar a exigir”, expresó en clara alusión a las reuniones que el primer mandatario mantuvo con el dueño de Techint, Paolo Rocca, en ocasión de la negociación para el desarrollo del gasoducto Néstor Kirchner, y sugirió que se le pida que traiga a estas pampas la infraestructura para la producción de la chapa laminada que la multinacional vernácula fabrica en Brasil. “Te pido que a la lapicera la uses”, concluyó interpelando sin ambages a Fernández.

Finalmente, el Presidente arrancó su discurso opinante que el hecho de “que YPF esté en manos del Estado no es garantía de nada. Porque en política no todo es lo mismo. ¿Y qué quiero decir? Quiero decir que puede haber una YPF del Estado en manos de los que llaman estrafalarios a los que no quieren endeudarse”. “Como bien dijo Cristina, gobernar es administrar la realidad, y en la realidad hay tensiones y conflictos”, concedió.

En ese instante, recordó que en los albores del kirchnerismo le regaló a la Vicepresidente el libro de Chantal Mouffe “En torno a lo político”, y hasta se permitieron reír ambos hablando de Ernesto Laclau, el filósofo cuya lectura de cabecera atribuían a la propia líder de aquel gobierno. “En toda sociedad hay intereses que entran en tensión y la política implica resolver qué intereses se quieren defender. Hay quienes quieren defender los intereses populares y hay quienes quieren defender los intereses de unos pocos”, definió Fernández.

Por otro lado, se refirió a la forma en que la gestión de Cambiemos estranguló la exploración y la explotación hidrocarburífera a pesar de que YPF había sido recuperada en 2012 y sus indicadores eran positivos a diciembre de 2015. “¿Qué fue lo único que creció en YPF?, preguntó para hacer una breve pausa retórica y continuar con la obvia respuesta: “adivinaron, la deuda”.

Ahí fue cuando citó lo que le decía el propio Kirchner en 2003: “cuando estás endeudado, perdés libertad”. “Y si encima, el endeudamiento es para que algunos pícaros hagan negocio y se fuguen la plata y no quede ni un puente, es muy trágico”, remarcó.

A modo de cierre, quiso parafrasear al flaco Luis Alberto Spinetta, reconociendo que la Vicepresidenta no comparte su hipismo. “No me vengan con que todo tiempo pasado es mejor. Mañana es mejor”, subrayó el Presidente sin dejar de atender a la importancia de no olvidar la historia.

La última línea de su discurso, una exposición mechada entre lo que llevaba escrito y las reflexiones a las que se animó para completar lo que dijeron quienes lo habían antecedido, se basó en la contundencia de la consigna de una Argentina justa, libre y soberna. “Como la que soñaron Perón y Evita, Cristina y Néstor y como la que sueño yo”, completó.

Sin demasiadas novedades a la vista en la relación de la dupla que conduce la coalición gobernante, es innegable que nadie se baña dos veces en el mismo río. Tanto como que quizá todavía deba correr mucha agua bajo el puente antes que la unidad se zambulla sin naufragios.

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