Cuando la verdad hace ley: un acontecimiento político

El movimiento feminista pone en escena, según el filósofo, Roque Farrán, la potencia de una articulación entre ética y política que está pendiente.

Por Roque Farrán*

“Una ley no tiene el poder de mejorar la sociedad pero debe tener el poder de quitar los obstáculos que impiden mejorarla”.
Natalia Guinsburg

En el campo de pensamiento en el cual inscribo mis intervenciones la verdad no es un concepto muy valorado (por el lado de corrientes posnietzscheanas), y cuando lo es se la suele distinguir de la ley o del Estado (por el lado de las corrientes postalthusserianas). Asimismo, quienes piensan en términos políticos se suelen oponer a la ética y quienes privilegian lo epistémico subordinan o bien excluyen lo político y lo ético, etc.

En contra de las tendencias que segregan y privilegian, sostengo que el pensamiento materialista no puede renunciar a ninguno de estos conceptos y dimensiones; al contrario, tiene que encontrar su anudamiento oportuno sin exclusiones, oposiciones ni subordinaciones. Entonces, si bien puede resultar extraño encontrar anudadas afirmativamente, en un mismo título, las palabras “verdad”, “ley” y “acontecimiento político”, considero que el movimiento de las mujeres ha logrado que ese anudamiento sea materialmente significativo.

Actuar sobre la realidad para transformarla y ponerse a prueba ante lo real para transformarse, no son lo mismo. Lo primero responde a la política, lo segundo a la ética. Ambas dimensiones, no obstante, son necesarias para que las transformaciones tengan efectos duraderos. La necesaria distancia, que permite la distinción y la oportunidad de intervención en cada caso, responde al saber en juego: el que emerge del goce adquirido en su mismo ejercicio, entre ética y política. Así, las dimensiones epistémicas, éticas y políticas de la práctica se anudan.

No hay saberes desvinculados de las verdades éticas y políticas que nos constituyen. Eso, claro, siempre y cuando haya acontecimientos. Acontecimiento del cuerpo, cuando se encuentra el goce en el movimiento, sea danzando, corriendo, boxeando, caminando o sentado meditando, sin que importe el fin o el resultado: puro ejercicio de sí que se gasta sin reserva. Acontecimiento de comunidad, cuando se encuentra el goce en el ser con otros, sea organizando o resistiendo, yendo o viniendo, estando o acompañando, sin que importe la clase, el color, el sexo, el género o la procedencia: puro goce de compartir y comparecer ante otros sin cálculos ni recompensas.

Acontecimiento del pensamiento, cuando se encuentra el goce en el saber que se ha adquirido con el ejercicio de lectura, escritura, meditación y prueba, cuyo costo lo evalúa el uso: puro goce de constituirse en causa de sí a través de lo que nos afecta. Quizás el acontecimiento político, propiamente dicho, suceda cuando los otros acontecimientos convergen en su disparidad regulada; una ética materialista exige seguir sus consecuencias inesperadas, reinventarse a sí mismo en cada trayecto.

Para entender esto último necesitamos también del concepto de verdad. Una verdad es universal, eterna e inmanente, pero siempre procede entre acontecimientos históricos concretos y sujetos que se incorporan a ella singularmente. La universalidad de una verdad no es una imposición para todos contraída como una obligación penosa; sino una accesibilidad abierta y dispuesta para cualquiera. La eternidad de una verdad no es una duración indefinida que aplasta cualquier suceso; sino la revocación inaudita de toda medida del tiempo, captada en un instante y reactivada en cualquier parte. La inmanencia de las verdades no es que todo dé lo mismo y que todo tenga que ver con todo, en una mezcla deshonesta de las desigualdades reales; sino la afirmación de una causalidad que conecta singularidades irreductibles y que las potencia a ser como no-todas.

Si se entienden bien los conceptos principales de una obra filosófica como la de Badiou, igual que la de cualquier filósofx materialista, también se entenderán la importancia de una ley, la conquista de un derecho, e incluso la presencia de un Estado que se juega en una relación de fuerzas históricas, desiguales y combinadas; Estado que puede ser atravesado por una verdad más acá de cualquier consigna o esquematismo de pensamiento. El entusiasmo político que puede generar la salida de una simple ley no la entenderán jamás los dogmáticos o relativistas; es un asunto político y filosófico de primer orden.

El movimiento feminista es uno de los movimientos políticos más activos y potentes de la actualidad, con militantes y teóricas que lo nutren diversamente. Sin duda, el estudio pormenorizado de las dimensiones ética y filosófica, entramadas con la política y los movimientos populares, podrían aportar a una acontecimentalidad que hace cuerpo-pensamiento-comunidad en simultaneidad. En ese sentido, sería interesante rastrear las prácticas de sí o estrategias de subjetivación no solo en los movimientos populares, como sugerí en Leer, meditar, escribir, sino también en los procesos revolucionarios (como ha hecho Dorlin con las sufragistas inglesas y sus prácticas de Jiu-Jitsu). Hacer explícitas esas formas de conducirse a sí mismo y a los otros en relación al cuerpo, los pensamientos, las situaciones de prueba y abstinencia, etc.

Prácticas concretas, no solo teorías. No sé si existe un rastreo sistemático de dichas prácticas y ejercicios, creo que en general es más bien parte del anecdotario o la idealización personal; pero desglosar y comentar minuciosamente los modos en que leían, escribían y, en general, se ocupaban de sí mismos mientras planeaban y llevaban a cabo estrategias y tácticas políticas mucho más amplias revolucionarios de la talla de Lenin, Rosa de Luxemburgo, el Che o García Linera, por ejemplo, sería muy enriquecedor. Las perspectivas teórico-conceptual, histórico-ideológica, o incluso ideal-moralista, no bastan para entender y poder transmitir algo de esos legados en su materialidad concreta, para que puedan ser reactivados y puestos en uso desde el presente.

* Psicoanalista, filósofo. Córdoba, 14 de diciembre de 2020.

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