Crónica de un sentimiento

Testimonios del fervor kirchnerista en Recoleta, mientras se articulan los repudios contra la represión y las acciones políticas para defender a la Vicepresidenta. | Por Fabián Waldman

Los guardianes de Cristina permanecen todo el día en la vereda del departamento de la Vicepresidenta en el barrio de Recoleta. En las cuadras que otrora fueran la sede del sector más privilegiado de la ciudad de Buenos Aires, realizan turnos de 8 horas entre miembros de distintas agrupaciones peronistas, en su mayoría provenientes de la provincia de Buenos Aires. Es así que se cruzan los que llegan de La Plata con los que provienen del Oeste o de Avellaneda. Conforman un pasillo a ambos lados de la puerta de madera con el ventanal de vidrio, que tiene el ancho del vehículo blanco que traslada a la líder del Frente de Todos a la Cámara Alta.

Los que esperan verla llegan a las 9 de la mañana y, a medida que transcurre la jornada, va increscendo su número. Es menor la cantidad que la despide alrededor del mediodía que la que la recibe, entre las 19 y 21, cuando la jornada laboral a concluido.

Uno de los que esperaban la aparición de la ex Presidenta era Víctor. Arribó con el libro Sinceramente, luego de un viaje en tren desde San Miguel para comprar sahumerios en Once y revender más tarde. Su mujer, “fanática de Cristina” según él, le dio la misión de volver con el texto dedicado. “No me puedo ir de acá hasta que no me lo firme”, contó medio sonriente y medio en serio.

Es la séptima jornada de esta vigilia que comenzó la tarde posterior al mensaje por redes, ante la denegatoria del TOF Nº 2 a la ampliación de la declaración indagatoria en la Causa Vialidad. Se inició como reacción a la congregación de simpatizantes del fiscal Diego Luciani, que se dirigieron al edificio de Juncal para emitir cánticos contrarios a ella. La respuesta no demoró y los militantes del cristinismo se autoconvocaron para demostrar su apoyo a la dos veces Presidenta. El gobierno porteño enseguida subió al primer escalón que conduciría a la represión desatada el sábado. La orden de reprimir a la barra peronista se canjeó por la detención del diputado bonaerense Adrián Grana. Al final, sobrevendrían los episodios del sábado y los cambios de planes del Partido Justicialista decidiendo la mudanza del acto desde Parque Lezama a Recoleta por la aparición de las vallas. La represión a funcionarios nacionales y referentes porteños como así también ciudadanos identificados con el kirchnerismo se concentró especialmente en sus principales figuras, como Axel Kicillof, Andrés Larroque, Máximo Kirchner, Luana Volnovich, entre otros.

Wanda llegó desde Avellaneda. Antes de ir a trabajar, se acercó con unas amigas y advirtió a los periodistas: “ustedes van a ir a la tercera fila”. “Vine por agradecimiento, la lealtad se paga con amor, estuve todos los días”, señaló. “Gracias a eso, mi abuela se pudo jubilar como ama de casa y nos dio mucho a nosotros los estudiantes. Nadie me paga por venir”, completa.

La expectativa por la salida de Cristina se acrecienta minuto a minuto. “Todavía no llegó el chofer”, comenta un colega a las 10:40. Unos minutos más tarde, dos miembros de su custodia atraviesan el cordón humano y se acercan al umbral. “Ya sale”, se escucha decir a varios tomando ese movimiento como señal.

 

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Mientras tanto, pasan camiones, taxis y autos particulares por el carril que se mantiene despejado. El otro está ocupado por los vehículos estacionados de la ex Presidenta. El suyo propio y los dos que componen su custodia. Sobre el asfalto y detrás de ellos, se ubican la docena de medios que tienen sus cámaras enfrentadas al pórtico.

Jhonattan es de Rafael Calzada está a un metro de la puerta que se abrirá para que ella suba. “Tenía que hacer un trámite, quería ver a Cristina y es imposible que me vaya de acá sin la firma”, dice, y acota –ilusionado-: “tengo fe, un 99,99%, de poder lograrlo”.

A medida que transcurren los segundos, los organizadores de la seguridad piden espacio, con respeto y en calma. Ya hay alrededor de 200 personas arracimadas.

El bloque del FdT en la Legislatura porteña, junto al senador Mariano Recalde y los diputados nacionales Eduardo Valdés, Paula Penacca, Itai hagman y Gisela Marziotta, decidió pedir la interpelación al Jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, la renuncia del ministro de Seguridad, Marcelo D’Alessandro, y el pedido de informes sobre el accionar de la Policía local.

Cada tanto una nueva canción alentaba a los partidarios de la Vicepresidenta. Un clima frío había en la calle, pero era contrarrestado por los apretujones y las estrofas que saludaban a Cristina y dedicaban especiales epítetos contra Rodríguez Larreta.

Entre los que se acercan todas las jornadas a realizar el aguante está el abogado laboralista, exdiputado nacional kirchnerista y futuro miembro del Consejo de la Magistratura, Héctor Recalde. Como un militante más, no pide ninguna preferencia, inclusive se integra al cordón humano durante un rato. La Corte tiene que estar compuesta por 25 miembros, destaca, y acuerda que esa modificación permitirá tener especialidades para abarcar todas las ramas del derecho.

Nadie se mueve. Cada cual en su baldosa. Salir del lugar ocupado puede significar no poder regresar al mismo. Algún periodista de TV se turna con un compañero para poder ir al baño: “vení y cuidame el lugar”, le pide. La batería del teléfono de La Patriada ya pide refuerzos, pero no hay posibilidad de recargarlo.

“Yo vengo desde Flores, traje el libro para que lo firme”, cuenta otra asistente. “Mi mamá tiene la jubilación gracias a ella, yo trabajo en una universidad pública, todo lo que ellas nos dio hay que conservarlo. También mi primera casa”, sentencia.

En el Salón Eva Perón de la Legislatura porteña los representantes del Frente de Todos indicaron que el alcalde tiene que dejar de resolver la interna del PRO con la seguridad de la Ciudad de Buenos Aires. “Lo llamamos a reflexionar y no seguir escalando el conflicto. Nosotros hemos sufrido la proscripción, están los 30.000 desaparecidos de la dictadura, no puede mantener este nivel de confrontación. Siempre hemos alentado la vida y, si mantienen esa postura atemorizante, nosotros seguiremos estando en la calle, no dejaremos de luchar por nuestros derechos”, dicen los diputados.

A las 14, se produce el hecho esperado: aparece Cristina Fernández de Kirchner y emergen las decenas de libros para que ella les estampe la firma. “Cristina, Cristinaaa, Cristinaaaa”, gritos en distintos tonos y volúmenes tratan de captar su atención. Primero, va hacia la izquierda de la puerta y le entrega su saco y su cartera a quien la acompaña. A continuación atina a recibir uno de los ejemplares. “Te amo, Cristina”, “gracias por devolvernos la dignidad”, se escucha, mientras ella consulta el nombre del beneficiado con la pluma. Y así lo hará también en el otro costado de quienes custodian su salida. Luego, se subirá al auto y la comitiva partirá hacia el edificio ubicado en Entre Ríos y Rivadavia.

 

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El Congreso del Partido Justicialista definirá los próximos pasos a seguir. El acto del sábado en Merlo, con Cristina como única oradora, será otro punto de este recorrido que quizás culmine, según lo expresado por el propio presidente Alberto Fernández el pasado jueves, en un acto el próximo 16 de setiembre. Una fecha que no solo importa al acervo peronista sino que también involucra a todas las fuerzas democráticas: un nuevo aniversario de la Revolución Libertadora en 1955 y de la Noche de los Lápices en 1976.

La desconcentración tranquila se lleva los comentarios de los allí presentes y la desazón de algunos habitantes de Rafael Calzada y Merlo, que volvieron a sus pagos sin el preciado tesoro. Quizás mañana sea el día.

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