Cristina Kirchner volvió al futuro en Pilar

La Vicepresidenta retomó el hilo de sus planteos anteriores a la designación de Alberto Fernández en 2019, con miras al 2023. | Por Pablo Dipierri

La vicepresidenta Cristina Kirchner mentó hoy la necesidad de “reconstruir el acuerdo democrático”, durante un discurso frente a trabajadores de la UOM y funcionarios de la fracción kirchnerista del Frente de Todos (FdT) congregados en el estadio municipal de Pilar. “Creo que es necesario también hablar de un nuevo acuerdo democrático en la República Argentina”, sostuvo en su primera aparición en un acto multitudinario tras el intento de magnicidio que sufriera el pasado 1º de septiembre en la puerta de su domicilio.

En ese sentido, consideró: “vivimos en una sociedad donde aparentemente todo el mundo se informa a través de un celular y nadie está informado sobre lo que realmente importa”. Habiendo tomado la palabra después de la apertura del colorido plenario por parte del intendente anfitrión, Federico Achával, y el secretario general de los metalúrgicos, Abel Furlán, la ex Presidenta expresó su anhelo para que “la violencia, una forma de hacer política que se ha constituido en el agravio y el insulto y la supresión del otro, sea eliminada”.

Con el operativo clamor para que sea candidata en 2023, cerró su intervención exclamando que tiene “un proyecto de país para recuperar la alegría”. “Voy a hacer lo que tenga que hacer para lograr que nuestro pueblo y nuestra sociedad pueda organizarse en un proyecto de país que pueda recuperar sus sueños y su alegría”, dijo bajo una especie de contraseña que alimenta las expectativas de su eventual postulación.

El único que se sustrajo al influjo de consignar su nombre para la fórmula presidencial del próximo turno electoral fue el propio Furlán, quien reivindicó al carácter político de la acción gremial y la interpretación del peronismo, encarnado bajo los gobiernos que transcurrieron desde el 2003 al 2015, pero dedicó a la Vicepresidenta un profundo “agradecimiento” como reconocimiento y concesión acerca de que ya no habría que pedirle más.

 

 

El matcheo de la líder del FdT con el 2019 emergió con claridad cuando se detuvo en las críticas de quienes le achacan responsabilidad por “el experimento del Frente de Todos” o “la fórmula que creó ella”, facturándole el fracaso de un gobierno dividido y cruzado por internas feroces. “Miren, las decisiones políticas hay que juzgarlas y evaluarlas en el momento en que estas fueron tomadas: en el 2019, cuando el macrismo había endeudado al país de una manera demencial, yo tenía la responsabilidad, como la fuerza más representativa, de tomar una decisión y garantizar que el peronismo ganara las elecciones”, explicó.

Desde esa perspectiva, puntualizó: “No me arrepiento porque pudimos lograr el objetivo, que no era votar en contra de nombres”. Considerando que había que prevalecer frente al gobierno de Cambiemos y sus políticas de endeudamiento y persecución política y judicial, precisó también: “nosotros votamos a favor o en contra de políticas, no de personas”.

Mientras en banner de fondo en el escenario, remitía a una frase del histórico dirigente metalúrgico Lorenzo Miguel que rezaba “no hay solución gremial, sin solución política”, la Vicepresidenta justificó la fórmula de 2019 en la importancia de desactivar la subordinación al FMI y los tarifazos. A más de tres años del alumbramiento de la experiencia política en curso, resulta curioso que los fundamentos que utilice para la eximición de la rendición de cuentas por los desacuerdos posteriores entre el presidente Alberto Fernández y ella misma se basen en la urgencia de desmontar los mecanismos de sometimiento al neoliberalismo sobre los cuales jamás tuvieron síntesis. Peor tal vez: nunca se sabrá si acaso charlaron el modo de resolver esos problemas.

No obstante, CFK ponderó “la necesidad de organizar y representar no solamente al peronismo sino al gran movimiento nacional, a todos aquellos que creen que es posible la construcción de una sociedad más justa”.

Para pensar semejante empresa, convidó con la asunción tardía de que ahora toca “aceptar los condicionamientos del Fondo Monetario en la política interna”, una joya discursiva que jamás se le hubiera escapado mientras el ministro de Economía era Martín Guzmán. Del mismo modo, repitió lo que un mes atrás tuiteó sobre el actual titular del Palacio de Hacienda, Sergio Massa: “el ministro de Economía está haciendo también un gran esfuerzo, administrando las consecuencias de lo que pasó”. Antes del interregno de la fugaz Silvina Batakis en el quinto piso de Hipólito Yrigoyen 250, el eufemismo de las consecuencias del macrismo se tildaba lisa y llanamente de ajuste y, se sabe, el ajuste siempre es el otro.

El eterno retorno

Aunque hubo alusiones directas a la causa que investiga el atentado en su contra, como cuando sostuvo que “esos presuntos indignados que agredían e insultaban no eran indignados”, sino que “eran gente pagada por empresarios que se identificaron con el anterior gobierno, con el macrismo, alguno de ellos funcionario que endeudó a la República Argentina”, en referencia a Luis Toto Caputo, su mensaje se centró en los desafíos en materia económica.

Luego de mencionar que el Pro había puesto a “conducir la escuela de inteligencia para la política criminal a una Miss Argentina” y que el Poder Judicial la quiere de “acusada pero no de víctima”, se refirió al par dicotómico “Productividad y salarios”. Sobre ese aspecto, reclamó la implementación de un aumento por suma fija sin desatender a las paritarias, un instrumento repuesto por el kirchnerismo en sus albores, planteó que hay un “gap” de 15 puntos entre el nivel de productividad, la renta que se quedan los empresarios, y el poder adquisitivo de los salarios.

 

 

Finalmente, conminó a los sindicatos a discutir el modelo de organización política del país, más allá de las condiciones laborales. Y tras desarrollar su idea de esculpir un nuevo pacto democrático y compartir la angustia de una dirigenta política que le comentó que su hija adolescente no podía creer lo que narraba la película 1985 sobre los crímenes de la última dictadura, manifestó su anhelo para que “las diferencias no puedan ser solucionadas a través de la violencia”, y remarcó, como cuando evocó la figura de José Ber Gelbard en la presentación de su libro Sinceramente, el 9 de mayo de 2019,  “la necesidad de un consenso económico, donde podamos discutir en la mesa no solo los partidos políticos, sino también los sindicatos y las centrales empresarias”.

En definitiva, los averíos del artefacto electoral del FdT, con fallas de fábrica que quizá no admitan madre del borrego, empujan el futuro hacia el 2019. “El pasado siempre vuelve y nos vuelve a caminar la espalda”, cantaba Iván Noble en Argentinamente.

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