Cristina Kirchner inauguró el Polideportivo Diego Armando Maradona

Acompañada por Kicillof y Ferraresi, la Vicepresidenta cargó contra la mafia del Poder Judicial, mentó la idea de su proscripción y convocó a la militancia a sacar el bastón de mariscal sin pedir permiso. | Por Pablo Dipierri

La vicepresidenta Cristina Kirchner definió hoy la próxima consigna del campo popular, durante el discurso que brindó en el acto de inauguración del Polideportivo Municipal Diego Armando Maradona, en Avellaneda. Junto al gobernador Axel Kicillof y el intendente Jorge Ferraresi, propuso que el próximo 24 de marzo se movilice la sociedad bajo la idea “Argentina y Democracia, sin mafias”, en alusión a la cooptación del Partido Judicial por parte de las mafias que responden o acumulan el poder económico en el país.

Si bien destinó los primeros minutos de su alocución a la disquisición semántica sobre su presunto renunciamiento a cualquier candidatura para el turno electoral de 2023 y la noción de autoexclusión suya que pretendieron sembrar las corporaciones mediáticas, la ex primera mandataria deslizó críticas al presidente Alberto Fernández sin nombrarlo pero, antes, pidió a los asistentes a la ceremonia que coreaban “Cristina Presidenta” que no fueran “malos”. “Vamos a hablar clarito. Porque soy peruca y hablamos clarito”, acometió, y agregó: “el único renunciamiento fue el de Eva Perón, y no hay autoexclusión, hay proscripción”.

En ese sentido, consideró que esa estrategia no es nueva. Fechó el inicio de su diseño al día siguiente del 9 de diciembre de 2015, con la Plaza de Mayo colmada por la multitud que celebraba la culminación de los tres gobiernos kirchneristas y veía el futuro inmediato con angustia. “Lo primero que hicieron fue armar un juicio con denuncias pero con una precisión y una cronología electoral francamente casi quirúrgica”, sostuvo, y completó: “luego de un juicio armado de tres años, decidieron que el juicio oral en el que me iban a sentar en el banquillo de los acusados era el 21 de mayo de 2019, 15 días antes de que cerraran los plazos electorales para que se armaran los frentes” y alianzas.

Según su perspectiva, su anuncio por Youtube de la fórmula que compartiría con el actual Jefe de Estado el 18 de mayo de aquel año “desarticuló esa maniobra proscriptiva”. Sin embargo, los artífices del lawfare estiraron los plazos para minar el próximo turno electoral.

Por eso, estimó, los argumentos de la sentencia del tribunal que la condenó a prisión en la Causa Vialidad se leerán el próximo 9 de marzo. Ese día está marcado a fuego entre las efemérides argentinas por la publicación en boletín oficial del Decreto 4161/56, la norma por la cual los militares de la Revolución Libertadora prohibían a la población pronunciar los nombres de Juan Perón y Evita e, incluso, la marcha peronista. “Un acto de disciplinamiento para que nadie se vuelva a animar a tanto”, explicó la Vicepresidenta.

 

 

Fue entonces cuando aludió a “los dimes y diretes” de los últimos días, por el fallo de la Corte Suprema en favor de la administración porteña en su litigio contra la Nación por los fondos que Fernández transfirió a la Provincia de Buenos Aires en septiembre de 2020, con el propósito de mitigar el conflicto con la Policía Bonaerense. En ese tramo de su intervención, Cristina reconoció el efecto disciplinador y lo ilustró acusando al gobierno que integra de ser la “agrupación política Amague y Recule”, dardo subrepticia pero indiscutidamente dirigido a Fernández y el albertismo nonato. Un peronista porteño recordaba por WhatsApp a este medio mientras transcurría el acto que el nombre del funcionario nacional que negociaba con Horacio Rodríguez Larreta era, paradójicamente, Eduardo Wado De Pedro, todavía ministro del Interior y embajador del kirchnerismo en un gabinete cada vez más lánguido.

Retomando el hilo de exposiciones anteriores, la Vicepresidenta atribuyó al miedo “un gran efecto disciplinador” sobre la dirigencia política y la frustración de las sociedades. “El miedo no construye nada”, indicó, y advirtió que “lleva a la insatisfacción democrática” y es a partir de allí que la política deja de gustar porque “no le soluciona los problemas a la gente”.

Y antes del cierre, propuso un simple ejercicio retórico: “Deberíamos preguntarnos todos, los peronistas y los no peronistas, ¿es sostenible un país con estos parámetros en la administración de justicia? No. Va a exigir de todos un gran esfuerzo”. Habiendo parafraseado segundos atrás a Raúl Zaffaroni acerca de que no se asiste a un hecho antijurídico sino a un hecho ajurídico, como si hubiera desaparecido el estado de derecho, señaló que “hay que salir a hablar y explicar” porque “la gente está ávida de que le hablen y que le expliquen”.

Asimismo, arengó sin ambages: “no estemos mirando los peronistas para el cielo para que alguien les diga qué hay que hacer”. Y recordó que a su generación nadie le explicaba lo que tenía que hacer.

Elíptica para su estilo pero contundente, concedió que “va a ser muy difícil”. Y aunque luego se sumergiría en una batahola de oraciones derivadas y subordinadas para explicar una metáfora futbolera que compare al Poder Judicial con un réferi bombero, mencionó al “endeudamiento externo que hemos heredado”, sin imputarle blandura u otras yerbas a los (re)negociadores del Frente de Todos, y concentró su diatriba en los jueces. “Necesitamos que vuelva a haber un árbitro en serio en el Poder Judicial”, enfatizó.

Finalmente, recordó que el año que viene se cumplirán 40 años de democracia ininterrumpida. Y más allá de la captura de sus instituciones por parte de las mafias, convocó a toda la sociedad a movilizarse bajo la bandera de “Argentina y democracia sin mafias”.

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