La crisis en Nicaragua, el giro de Ortega y la presión de Estados Unidos

Luego de los arrestos contra líderes opositores entre los que se destacan cinco precandidatos para las elecciones presidenciales del 7 de noviembre, Nicaragua está en el centro del debate regional. La presión de Estados Unidos y el rol de México y Argentina. | Por Augusto Taglioni.

Las detenciones se producen bajo el paraguas legal de la ley de defensa de los Derechos del Pueblo, la Soberanía y la Autodeterminación para la paz que dice: "Todos los que lesionen los intereses supremos de la nación contemplados en el ordenamiento jurídico, serán 'Traidores a la Patria' por lo que no podrán optar a cargos de elección popular".

Pero, ¿cuándo se rompió Nicaragua? El presidente Daniel Ortega tiene una historia de revolución. Fue comandante del Frente Sandinista de Liberación Nacional que derrocó al dictador Anastasio Somoza y fue el primer sandinista en llegar a la presidencia en 1984. 

Gobernó hasta 1990 y luego perdió. Su vuelta fue en 2007 como parte del ciclo de gobiernos progresistas que protagonizaron la etapa postneoliberal en la región. Su gestión se basó en un liderazgo fuerte, carismático y con una retórica típica de su historia de lucha contra el imperio.

Paradójicamente, la relación con el imperio fue buena. De 2007 a 2015 el crecimiento de las exportaciones fue de 11 por ciento y el gobierno caribeño tiene firmados Tratados de Libre Comercio con EEUU, México, la Unión Europea y Taiwán

"Nicaragua será el cuarto país latinoamericano con mayor crecimiento y el segundo de la región", proyectaba la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) el 4 de agosto en 2017. A su vez, el FMI informaba por entonces que el país centroamericano sería la segunda economía de mayor crecimiento en los próximos años, con 4.7% en 2018.

El sector privado que invirtió cuatro mil millones de dólares a la economía desde 2008 y tuvo un papel en la atracción de inversión que robusteció el modelo de consenso pregonado por el gobierno y le garantizó una buena relación con los países desarrollados y los Organismos Multilaterales.

Ortega construyó un gobierno de unidad con la Iglesia Católica y el Consejo Superior de la Empresa hasta 2018. Luego de ganar las elecciones con más del 60 por ciento de los votos, Ortega impulsó una reforma previsional que aumentaba la edad jubilatoria. Desató una ola de protestas que fueron reprimidas.

Con el control absoluto de la Asamblea Nacional, la reforma constitucional que dio luz verde para la reelección indefinida y el manejo de las fuerzas represivas, Ortega puso toda la carne al asador para “restaurar el orden público”.

Esa situación rompió la relación con la Iglesia Católica y alejó a los empresarios que hasta hace unos meses era aliados. ¿Hay mano de Estados Unidos? Como siempre que hay chances de perjudicar a un gobierno que no está del todo alineado, la Casa Blanca jugó un papel. Reducirlo a eso sería negar el factor interno de la crisis que se arrastra.

Dentro de los elementos geopolíticos que volvieron a Nicaragua un integrante más del “eje del mal” aparece su relación con Venezuela y Cuba y, especialmente, el proyecto del Canal de Nicaragua financiado por China que buscó contrapesar el conocido Canal de Panamá que le permite a Estados Unidos monitorear buena parte del comercio centroamericano.

La situación actual es una continuidad de aquello que comenzó en 2018 agravado por el año electoral. La serie de detenciones comenzó con la periodista, Cristiana Chamorro Barrios, que es la mejor posicionada para las elecciones y fue acusada de lavado de dinero.

Luego llegaron los arrestos para otros candidatos: Arturo Cruz Sequeira por "atentar contra la sociedad nicaragüense y los derechos del pueblo"; Félix Maradiaga y Juan Sebastián Chamorro, ambos por "incitar a la injerencia extranjera en asuntos internos". 

Otro de los argumentos del gobierno es que la justicia investiga el financiamiento de Estados Unidos a los candidatos que quieren enfrentarse en las urnas, y eso no está permitido. Todo en un amañado marco legal que da luz verde para las arbitrariedades. Como la detención de Dora María Téllez, dirigente de la Unión Democrática Renovadora y ex comandante guerrillera del sandinismo en 1970, participó del primer gobierno de Ortega en 1984. Ana Margarita Vijil, Suyen Barahona,  Hugo Torres y Víctor Hugo Tinoco son los otros dirigentes presos, también sandinistas disidentes.

La izquierda regional hizo causa común con Ortega bajo la lógica “el enemigo de mi enemigo es amigo”. Todos cerraron filas o se hicieron los distraídos. Para cierta lógica, si el gobierno levanta las banderas del antimperialismo, no importa que esté decapitando osos panda en la plaza pública.

Esto es un problema porque le cede el terreno a una derecha radicalizada que lo último que quiere es resolver los problemas de un país como Nicaragua. Pasa allí como con Venezuela, entre la violencia de la derecha y la necedad de la izquierda, nadie se ocupa de abordar lo importante.

¿Qué rol ocupa Argentina? En primer lugar, el gobierno de Estados Unidos le hizo saber a Sergio Massa en su gira por el país del norte que deseaban que Alberto juegue el rol de mediador, algo que el líder del Frente Renovador aceptó con gusto. Como en casi todos los aspectos de la gestión del Frente de Todos, las contradicciones se hicieron sentir y al día siguiente el gobierno decidió abstenerse en la OEA.

El texto no tenía nada de polémico pero tanto Argentina como México decidieron oponerse a Luis Almagro, figura que hizo poco y nada para la estabilidad regional.

Luego, como una forma de dejar en claro la postura de preocupación luego de la abstención en la OEA, Argentina y México citaron a sus embajadores en Nicaragua. En la jerga diplomática, un "llamado a consulta" es una forma de expresar su disconformidad respecto a lo que ocurre. Para Argentina el límite que no se debe cruzar es el de la injerencia en las instituciones democráticas de un país que proponga desde afuera una reforma en el sistema electoral. En esta idea justifican la abstención en la OEA y la decisión de no firmar un documento de repudio que tuvo la presencia de 59 países en la ONU.

Argentina perdió la oportunidad de mediar y Nicaragua encarará un proceso electoral que gozará de muy pocas garantías con 21 personas arrestadas de las cuales 11 continúan detenidas. De las personas detenidas de forma arbitraria se destacan dos integrantes de ONG´s, 4 precandidatos presidenciales, 8 líderes de movimientos sociales y 9 personas identificadas con la oposición.

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