Consejo del Salario: «Votamos como Funes»

La suba se oficializó hoy por Boletín Oficial pero los entretelones del acuerdo revelan una discusión más espinosa de lo que se supone. La impudicia del empresariado y la bronca sindical. | Por Darío Magranessi

Consejo del Salario votamos Funes

La reunión del Consejo del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo Vital y Móvil, suba que se oficializó esta mañana por su publicación en Boletín Oficial, dejó algo de tela para cortar. La comisión técnica comenzó pasadas las 14 del lunes 18 de agosto y entró en un cuarto intermedio durante varias horas después de la propuesta volcada por el titular de la UIA, Daniel Funes de Rioja. Puso sobre la mesa la friolera de 7150 pesos de aumento distribuido en tres cuotas homogéneas entre octubre y diciembre. Con ese aumento hubiera terminado en año en 55 mil pesos. En los cálculos de la patronal estos porcentajes superan la inflación acumulada. Es más, Funes aseguró, sin ninguna perturbación en la voz ni el semblante, que el salario mínimo ya está 11 puntos arriba de la inflación este año.

A lo largo de toda la reunión, el abogado de los empresarios dejó en claro porqué su ausencia por viaje derivó en la suspensión del consejo inicialmente convocado para el 18 de agosto. El resto de los representantes patronales carece del don del habla. Lo que no se entiende de aquella suspensión es la actitud del Ministerio de Trabajo, ya que pospuso el encuentro para,  finalmente, realizarlo de manera virtual, decisión que hubiera permitido a cualquiera de los paritarios conectarse desde cualquier lugar del mundo. El primero en contestar al planteo patronal fue Pablo Moyano, que consideró a la propuesta como “irrisoria, una falta de respeto a los laburantes”, una demostración de que “no van nunca al supermercado porque mandan a la empleada” y otras apreciaciones en la misma tonalidad. Tanto, que el aludido pidió derecho a réplica y solicitó mantener la compostura y los buenos modales pese las diferencias.

El que retrucó los números de la UIA fue el líder de una de las CTA, Hugo Yasky, que aclaró que el triunfo del salario sobre la inflación que describía Funes no se condecía con la realidad, ya que sólo tomaba en cuenta la inflación de cinco meses de año, de marzo a julio, para que le cierren los números. Lejos de esta contabilidad creativa, en las cuentas que mostró esa central  el sueldo mínimo ya se encuentra debajo del aumento de precios, aún sin contar las subas del mes en curso. En virtud de estos datos, la CTA-T hizo la propuesta de un incremento del 25 por ciento en una sola cuota desde septiembre y volver a revisar el acuerdo en noviembre. Las otras representaciones obreras, CGT y CTA-A, adhirieron a ese planteo unificando la postura sindical. Cuarto intermedio.

Al reanudar el diálogo, el Ministerio explicó que el problema principal de cualquier suma estaba más en las arcas del Estado que en la de los privados porque al SMVM estaban atados los 1 millón y pico de beneficiarios del Potenciar Trabajo. El capo de los industriales aseguró que eso lo había dispuesto el gobierno de Cristina Kirchner. Seguía flojo de datos: ese enganche se produjo en 2016 a instancias de Carolina Stanley.

Finalmente la cartera de Trabajo partió la diferencia entre 15 y 25 y propuso un crecimiento porcentual de 21 puntos, distribuidos en tres cuotas iguales, como pedían los empresarios pero un mes antes. Es decir, en septiembre, octubre y noviembre. Además, aceptó la revisión para ese último mes que pedían los laburantes. Las patronales parecían de acuerdo. La CGT dio por zanjada la cuestión incluyendo en su aceptación el voto de Moyano, expresado con dolor ante una propuesta tan exigua. La CTA-A se manifestó por la negativa. La CTA-T contrapropuso reducir las cuotas a 2, una de 14 y otra de 7 y, ante la negativa gubernamental, adelantó su abstención. Terminado el debate se pasaría al trámite de votación en la plenaria, en la que, a diferencia de la comisión técnica, participan 16 paritarios por cada parte y observadores sin voz ni voto.

Sin embargo, el trámite no fue un trámite. Los trabajadores votaron tal cual lo habían anticipado en la mesa técnica, pero, al llegar su turno,  el sector empresario dio la nota. El primero en votar, sí claro, el primero en todo, el fundador de Funes de Rioja y Asociados, hizo algo insólito. En lugar de pronunciarse en sentido positivo, negativo o abstenerse, expresó su aceptación de los montos propuesto por Claudio Moroni pero rechazó la revisión pautada para noviembre. Consideró innecesaria cualquier referencia a una nueva convocatoria y votó sólo la mitad del acuerdo.

Ricardo Peidró, de la CTA Autónoma, dijo que si se podía elegir qué parte de las resoluciones votar, ellos daban el sí a la revisión en noviembre y el no a los montos establecidos. La CGT explicó que la moción incluía los montos y la revisión de manera indisoluble. El Gobierno ratificó esa explicación. Yasky recordó que esa cláusula se ponía precisamente por el descontrolado aumento de los precios, “cuyos responsables no somos los trabajadores sino los empresarios, principalmente las grandes empresas alimenticias nucleadas en la COPAL, que preside el señor Funes de Rioja”. Vuelta a votar.

Funes persistió en votar por segunda vez con una fórmula confusa que excluía la revisión de noviembre. Uno a uno, los demás paritarios empresariales, repitieron la fórmula que, merced a su complejidad, llevó a uno de ellos a votar “en el mismo sentido que Funes de Rioja”. Otros lo siguieron. El calmo Daer estalló en un grito: “así no se vota, si no les gusta, voten en contra o absténganse”. Vuelta a empezar la ronda empresaria. El primus inter pares sorprendió con un seco: “me abstengo”. Y, detrás de él, los otros hicieron lo mismo. El gobierno interrumpió, con desesperación, una vez más, el escrutinio. Nuevo cuarto intermedio.

La cuarta fue la vencida. Con 30 votos afirmativos, un voto en contra y una abstención se aprobó el aumento del SMVM de 47.850 pesos en agosto a 51.200 en septiembre, 54.550 en octubre y 57.800 en noviembre, mes en el que se reabrirá la discusión.

Comparado con diciembre del 2021 habrá crecido nominalmente un 80,1 por ciento. Comparado con el nivel de precios seguirá por debajo. Para tener el poder de compra del 2015 debería ser de 13,800 pesos más, unos 71,600. Ni duplicándose alcanzaría el nivel de la línea de pobreza de una familia tipo calculado en 119.000 pesos.

Esta semana, según fuentes periodísticas cercanas a los representantes de empleados de comercio y gastronómicos, sectores con niveles salariales de los más bajos del mercado, consignaron la bronca de estos dirigentes con la mesa chica de la CGT y la amenaza de un portazo de abandono de la central obrera. No era por el acuerdo en el consejo del salario. Estaban indignados porque no se los consultó antes de sacar el comunicado de respaldo a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

También podés ver...

Desde Brasil alertan que «Bolsonaro no va a aceptar la derrota en las urnas»

El candidato a diputado por el Partido de los Trabajadores, Dias da Silva, alertó que luego de la inminente victoria de Lula en las elecciones del domingo, la violencia pergeñada por bolsonaristas aumentará.