Complicado y aturdido

El gobierno atraviesa su hora más difícil. Asediada por las corporaciones económicas, bajo el lastre del FMI y la reticencia opositora, la coalición oficialista parece inhibida de hacer lo que cree porque pocos creen que pueda. | Por Fabián Waldman

“El FMI es fiscalista e inflacionario”. Con estos dos adjetivos definió al actor responsable de la situación que atraviesa el Gobierno nacional un conocedor del paño. Atado a un plan económico que no era otro que la ruta fijada por el acuerdo con el organismo de crédito, con metas imposibles de cumplir, por un lado, y el aumento de tarifas tan postergado y exigido por el establishment, la depreciación obligada del peso frente al dólar y la inflación mundial derivada de la guerra entre Rusia y Ucrania que ha elevado como nunca el valor de los alimentos y la energía, por otro, el desfiladero se angostó.

“Cristina ubicaba el momento del choque en agosto o setiembre y creo que vamos en esa dirección”, indica ante La Patriada el mismo interlocutor, quien argumenta esto bajo dos aspectos: el aumento de la inflación que le dejó Martín Guzmán a la actual titular de Hacienda y el vencimiento de los bonos que deberá afrontar para esa fecha. Y a eso le suma uno más y no menor: que el presidente Alberto Fernández consiga a través del encuentro con Joe Biden el próximo martes su intervención a favor del perdón o “waiver” para afrontar los compromisos con el FMI en el segundo semestre.

Un funcionario con acceso al despacho del Jefe de Estado le dijo a este medio que “todo depende de ellos dos” (Alberto y Cristina). La situación económica pasa por su momento más inestable desde el 10 de diciembre de 2019. La portavoz Gabriela Cerruti comunicó ayer, luego de la reunión de Gabinete de Ministros, que se anunciarán nuevas medidas económicas después del encuentro del equipo económico o en un par de días. Una de ellas la expresó someramente y sin brindar mayores detalles el ministro de Turismo, Matías Lammens. El funcionario remarcó, a propósito de la entrada de dólares al país por medio del turismo internacional, que se venden en el mercado negro por la brecha existente entre el oficial y el blue. “Apuntamos a tener un tipo de mercado para el turista que se acerque al dólar MEP o el contado con liqui”, adelantó.

Es un momento de mucho escepticismo, agregan desde Balcarce 50. La salida de Guzmán aceleró la crisis, al decir de fuentes cercanas al primer mandatario. El ministro sostenido 100% por el Presidente, además, contaba con el apoyo del FMI y de Joseph Stiglitz, con el valor simbólico y real que representa cada uno de ellos. Lo propio ocurría con sectores empresarios. A ello se adiciona la mirada de la Vicepresidenta sobre las importaciones y la última definición de estos días: “Argentina se convierte en una misión imposible”, un juego de palabras grave por donde se lo mire.

Más claro, señala uno de los funcionarios que dialogó con este portal: “Cristina pone la lupa sobre los poderes fácticos que no dejan gobernar y suma a la Justicia”. También recuerda que en su carta del 27 de octubre del 2020 había señalado la necesidad de acordar con la oposición, concertar con los poderes fácticos y sentar a esa mesa también a los medios. También abordar el tema del bimonetarismo.

Las reuniones de la ministra de Economía con los gobernadores oficialistas y funcionarios e intendentes de la provincia de Buenos Aires no trajeron muchas novedades. En las gacetillas de los encuentros, se destacó el respaldo de los mandatarios hacia Silvina Batakis, pero luego en público no se reflejó.

La diferencia no es menor y toma las mismas características que el “modo Cristina”. Ella es garante de la gobernabilidad luego de la salida del ex ministro y como tal necesita que el gobierno se reorganice. Pero al mismo tiempo debe conservar su capital político hacia un 2023 que está bastante lejano aún, pero no tanto como para no definir qué hacer. “No se va jugar por Batakis”, refuerza el funcionario. Para él, “esa es la mirada de ella y esa mirada implica restricciones. Restricciones de lo que dice en los dos sentidos: si la apoya explícitamente, puede dañar una cosa; si habla explícitamente en contra, daña la otra. Es una situación muy difícil”.

Para un consultor político que ha frecuentado tanto al Presidente como a la Vicepresidenta altri tempi, “ella piensa resguardarse en la Provincia de Buenos Aires y no será candidata a Presidenta. La línea sería Scioli (Daniel) presidente, Kicillof (Axel) gobernador y ella senadora. Con estos candidatos recuperan algo de lo perdido en 2021 y pueden sostener la 1º y 3º sección electoral”, finaliza.

Acerca de un nuevo gobierno de Fernández, sostiene que “para Cristina no habrá nuevo mandato del Presidente y que lo mismo opinan los gobernadores e intendentes que se refugian cerca de ella”. Hace unos meses, este cronista recogió la siguiente apreciación: “los gobernadores e intendentes van primero hacia donde está el dinero primero y después adonde están los votos”. Ver para creer.

Al margen de las operaciones políticas que vuelan de lado a lado en estas horas, lo importante para el entornista es que prosiga el diálogo entre ambos. “No me imagino que se corte en estos momentos”, conjetura, y agrega: “eso pasó porque no había margen para que suceda algo diferente”.

Y si hay algo en que coinciden tanto el funcionario como el consultor es que “no hay lugar para que Cristina critique a Batakis y ella no caiga”.

Una persona que conoce a “La Griega” desde hace tiempo, tanto profesional como personalmente, afirma: “es una situación muy complicada y no tiene muchos elementos”. Sin embargo, enfatiza que “Silvina es muy fuerte, sabe porqué lo hace y no es ingenua”, dándole la derecha a la ex Secretaria de Provincias.

Por lo demás, la conducción política de la coalición oficialista se apoya en tres patas: el Presidente, la Vice y Sergio Masa. Es un Ejecutivo colegiado y a la vez frágil. Mientras que el primero ve licuarse su poder y ella se resguarda, el tercero necesita alcanzar algún lugar de mayor relevancia para poder ser competitivo el año próximo.

El 9 de julio, en Tucumán, Massa expresó: “si tiene que haber PASO, que haya PASO». También desde el entorno del tigrense advirtieron que era escaso el apoyo explícito hacia la nueva funcionaria. Y el desarrollo de la trama tributa al mismo andarivel: pocos dólares para distribuir y la cosecha gruesa sin vender, a la espera de la devaluación.

Cuanta más debilidad ven en el gobierno más aprietan el torniquete los agroexportadores. O cede el Gobierno o lo acorralan.

Fue así con Raúl Alfonsín, hasta la salida de Bernardo Grinspun. Con Carlos Menem y Fernando De la Rúa fue solamente una entrega, como la que llevó adelante Mauricio Macri. Eduardo Duhalde, por su parte, ya había devaluado cuando asumió Néstor Kirchner, quien pudo gobernar sin la espada de Damocles sobre su cabeza. Finalmente Cristina Fernández enfrentó en el 2014 una corrida cambiaria que derivó en la devaluación del 23 de enero de ese año, dispuesta por el ministro de Economía Axel Kicillof pero atenuada por la instrumentación de medidas como el Plan Progresar.

Con 2 meses por venir complicados, índices de inflación que superarán el de junio y una bola de nieve difícil de detener, el llamado de la Vicepresidenta a la oposición, los poderes fácticos y los medios de comunicación se complica día a día. Si hay algo que efectivamente no piensan los sectores más duros de Juntos por el Cambio es tender una mano al gobierno. Ellos querrían que lo “operado” por el periodista Carlos Pagni esta semana -adhiriendo a la tesis que Cristina impulsa el ajuste- fuera verdadero, para después acceder al poder con el camino despejado.

No parece creíble que esa opción esté en el menú de la titular del Senado.

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