Claves de la puja distributiva

Detalle de las dotaciones y resultados parciales en la batalla contra la inflación. Perspectivas, tácticas y propuestas de las organizaciones sindicales para alinear precios y salarios. | Por Mariano Denegris

A casi 80 días de comenzada la guerra contra la escalada de precios, el ejército antiinflacionario tiene pocos triunfos para mostrar. La disparidad de los contendientes es manifiesta.  El armamento es precario e insuficiente desde que la Secretaría de Comercio Interior fue vaciada de inspectores y profesionales idóneos por parte del gobierno de Mauricio Macri, que cuando no ponía al zorro a vigilar el gallinero dejaba la puerta abierta y al perro dormido. Encima, a los cambios de coroneles al frente de ese organismo se suma la paradoja de que, más arriba, en la mesa del generalato, se sentó a uno de los máximos representantes del oligopolio de empresas alimenticias como Daniel Funes de Rioja. Esa mesa, de la cual fueron excluidas algunas representaciones del campo sindical y empresarial, como la CTA y varias entidades pymes, definió un plan de operaciones centrado únicamente en la reapertura de paritarias.

Si bien este instrumento tiene una tradición virtuosa en la Argentina para defender los intereses de los asalariados, la posibilidad de reapertura en la mayoría de los casos ya estaba incluida en alguna cláusula de lo firmado entre obreros y patrones. De modo tal que no era extraordinario su aporte para resolver la situación de emergencia. Esa es la cuestión: la anomalía de un mundo que, al salir de la pandemia, empezó a transitar una guerra de veras que obliga a abandonar la alegoría fácil. Las negociaciones paritarias rama por rama, si bien afectan sólo al mundo laboral registrado, son adecuadas en contextos de relativa normalidad. Siempre resultan más bienvenidas que los aumentos de suma fija al interior de los trabajadores con convenio porque allí los pobres, que los hay, son minoría. Desde el punto de vista corporativo, los porcentajes acordados en paritaria garpan más que las sumas que levantan el piso, pero afectan menos a medida que se asciende en la pirámide salarial. Esos aumentos de monto uniforme, que no son bonos en tanto quedan incorporados al salario, son los que utilizó Néstor Kirchner al comienzo de su gobierno para rescatar los ingresos de la caída posconvertibilidad y también Alberto Fernández en el primer trimestre de su gobierno.  Tras la pérdida de un quinto del salario real después de la debacle macrista y ante el escenario de crisis que atraviesa el mercado de alimentos, las recetas de la normalidad, aunque sean necesarias, pueden resultar insuficientes.

Salario que alcanza, pierde

El panorama de las discusiones salariales de este 2022 muestra dos movimientos. Uno que ubicó alrededor del 45 por ciento los primeros acuerdos. Y otro que acomodó los guarismos en torno al 60. Entre los más grandes, el sector de la construcción, por ejemplo, cerró un aumento del 62 por ciento en ocho tramos. El de la alimentación, del 59 en cuatro. El mismo porcentaje que Sanidad obtuvo en cinco cuotas. Gastronómicos y bancarios, igual que los estatales bonaerenses y porteños, se ubicaron en el 60 por ciento. Comercio, 59,5 por ciento en siete episodios. Camioneros optó por un incremento semestral del 31. Los que aún mantienen el primer número tendrán que revisar en los próximos meses lo acordado. La Paritaria Nacional Docente se reabrió esta semana. Sin embargo, el alineamiento no está tan alineado.

La decisión de no acompañar las reaperturas de las paritarias con otros instrumentos de distribución del ingreso, en un contexto de alta inflación, tuvo como efecto el aumento de las brechas salariales y la pérdida de poder adquisitivo. En primer lugar, porque la inflación no es igual para todos los salarios. Los peldaños más bajos de las escalas salariales sufren un doble impacto del aumento de precios actual. El primer golpe lo recibe todo aquel sin capacidad de ahorro. Ese es más afectado por la inflación que el resto. El segundo porrazo viene cuando sus ingresos se destinan mayoritariamente a alimentos, que es el rubro más afectado por el incremento de precios. Es decir, para los que menos ganan la inflación pega más, como lo mostraba durante el cuatrienio macrista el Instituto Estadístico de los Trabajadores con sus datos desagregados por deciles.

Y hay más. A diferencia de la máxima burrera que afirma “caballo que alcanza, gana”, en la carrera de precios y salarios la ecuación es al revés: salario que alcanza, pierde. Como pone en claro el informe de la consultora CELAG, dirigida por Alfredo Serrano Mansilla, aunque los salarios registrados al final de la paritaria alcancen el monto de la inflación, en el transcurso, quedan varios meses por debajo y eso representa una pérdida salarial. En el caso del Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM), el cálculo de este centro de estudios indica que, aunque haya alcanzado la inflación generada desde el inicio del gobierno del Frente de Todos, la pérdida acumulada en estos 22 meses equivale a 2,4 salarios mínimos.

De hecho, el SMVM se adelantó unos meses para tocar en mayo los 45.540 pesos, en lugar de revisarse. Su número, cercano a la línea de indigencia para un hogar de cuatro personas, establecido para abril en 42.527 pesos, afecta además a los subsidios y programas sociales como el Potenciar Trabajo, fijado en la mitad: 22.770 pesos. La afirmación del funcionario a cargo de la mayor parte de estas asignaciones sobre que no hay trabajadores registrados pobres como había señalado CFK, es desmentida por el estudio de las economistas Mariana González y Ana Laura Fernández, que encuentra que un 14 por ciento de los hogares de asalariados registrados no cubre la Canasta Básica Total. Claro que este número es bajo si se lo compara con el 44 por ciento de pobreza entre los hogares de asalariados no registrados o el 42 entre los trabajadores independientes no profesionales que señala el mismo estudio. Este fenómeno, a diferencia de otros momentos históricos, se produce en un contexto de crecimiento del empleo. Los datos compilados en el informe de coyuntura de mayo elaborado por el Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía, vinculado a economistas de la Universidad de Rosario, observa un crecimiento de 320 mil empleos en el actual período gubernamental. Sin embargo, el mismo informe sostiene que la inflación continúa deteriorando el poder adquisitivo. Es decir, aún sin la presión de un ejército de reserva empujando los salarios a la baja, estos se reducen en términos reales y esa reducción es, a su vez, desigual.

El Informe de CIFRA-CTA sobre la situación mercado laboral presentado en mayo concluye que datos como los descriptos en la puja precios, salarios y empleo explican un proceso de transferencia de ingresos del trabajo hacia el capital. Al comparar el salario medio con la productividad, ese centro de investigación advierte que “entre 2018 y 2021 se dio una transferencia de $ 7,7 billones desde los asalariados hacia el capital, que equivalen al 46% de la masa salarial y al 19,6% del valor agregado de 2021”. El salario promedio de las y los trabajadores registrados tuvo en marzo de 2022 un poder de compra 20% menor al de 2015, y logró empatar al nivel prepandemia. Sin embargo, si lo medimos en función de los precios de alimentos, los salarios se encuentran un 8% por debajo de diciembre de 2019. En 2021, pese a la recuperación pospandemia, el consumo anual de carne vacuna fue de 47 kilos por persona, el valor más bajo de la historia. No resulta extraño que el consumo pierda peso en el PBI a expensas de las exportaciones.

El presidente de la Cámara de la Construcción, Gustavo Weiss, se quejaba a fines de abril porque a pesar de suscribir el Plan Empalme para incentivar el empleo formal, la dificultad es que “la gente no quiere dejar los planes”. Un hombre de negocios avezado como Weiss debería sospechar que, si los empresarios del sector no logran conseguir personal, es porque sus salarios rondan la línea de pobreza. Claro que para sus intereses es más conveniente eliminar los planes.

La lapicera sin tinta

La contraparte de este panorama salarial está en las góndolas. Los sectores del trabajo y la producción cuya exclusión de la mesa de arena se mencionaba al comienzo de este artículo fueron recibidos esta semana por Guillermo Hang, reemplazante de Feletti en Comercio Interior. Fueron a verlo con propuestas similares a las que presentaron a su antecesor. El espacio que nuclea a organizaciones sindicales como la CTA y la Corriente Federal de la CGT, una gran cantidad de entidades de la pequeña y mediana empresa, cooperativas y movimientos sociales propuso transparentar cadenas de valor, costos y precios, de productos y servicios de incidencia central en la canasta familiar, para lo cual es imprescindible reconstruir la capacidad de la Secretaría de Comercio desmantelada en la gestión de Macri con el despido de cientos de cuadros técnicos. A la vez, los representantes empresariales y sindicales reclamaron desacoplar los precios de productos de producción local de los internacionales, como están haciendo todos los países productores, supervisar y combatir las ventajas monopólicas u oligopólicas que se evidencian en relación a productos y servicios clave, fortificar el programa “Precios Cuidados” y lanzar uno nuevo de “Insumos Cuidados”, que implique acuerdos y supervisión de insumos centrales en las cadenas de valor de las pymes y los sectores productivos nacionales en general. También exigieron “la aplicación estricta de las leyes de Abastecimiento, de Defensa del Consumidor y la Competencia y la Ley de Góndolas, claves para terminar con la inercia de los que intentan maniatar al Gobierno nacional ante los poderosos”.

De acuerdo a la percepción de los dirigentes que participaron del encuentro, el funcionario mostró buena predisposición e intenciones pero, para usar la figura de CFK en el centésimo cumpleaños de YPF, no les aseguró que tenga tinta su lapicera.

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