Charly y sus teclados

Un recorrido por la obra infinita del músico a 70 años de su natalicio desde tres instrumentos que en sus manos cambiaron la historia de la música en Argentina.

Un 23 de octubre hace 70 años nacía Carlos Alberto García Moreno en la Ciudad de Buenos Aires que hoy celebra su vida y obra en distintos formatos con epicentro en el CCK, donde más de cien artistas desarrollarán un festejo musical en cadena entre las 14 y las 22, con paradas alternativas en el Teatro Colón con Fito Páez y la Orquesta Estable recreando parte de su repertorio, además de actividades en Tecnópolis.

En FM La Patriada hicimos un recorrido por la obra infinita del músico desde tres instrumentos musicales que en las manos de Charly cambiaron la historia de la música en Argentina.

Un piano de juguete

En el principio fue un regalo. Fue su abuela materna quien le compró un pequeño piano de juguete luego de observar el interés que mostraba su nieto de dos años al escuchar música.

Al año siguiente, su madre, Carmen Moreno, descubrió que ‘Carlitos’ había aprendido a tocar la melodía de una caja musical que estaba dando vueltas por la casa y decidió comprarle un piano.

A los cinco años Charly García ingresó al Conservatorio Thibaud-Piazzini de Buenos Aires, donde se formó como profesor de piano, teoría musical y solfeo, títulos que alcanzó a sus 13 años.   

Desde esa formación clásica, Charly se abrió camino para romper todo lo que había aprendido en sus años de estudio. “Con el tiempo me di cuenta de que hacer un par de movimientos rendía más que tener buena digitación”, dijo en algún reportaje. 

El día que Los Beatles llegaron a su oído prodigio Charly descubrió una síntesis perfecta entre la complejidad de la música clásica y la novedad disruptiva del rock. “Si alguien me dice que no le gustan tanto Los Beatles, ya no confío tanto en él”, dijo sobre la banda británica que en reiteradas oportunidades definió como una gran referencia para su trabajo.

En distintas entrevistas, Charly reconoció haber compuesto la mayoría de sus canciones entre los 15 y 20 años. Fueron esos años la génesis de una obra infinita que sigue recreándose a sí misma y que comenzó, como tantas otras historias, con una mirada atenta y un juguete. 

La máquina de hacer melodías y el Minimoog viajero

A fines de la década del 60, Charly fundó junto a Nito Mestre la banda Sui Generis y sus presentaciones se vieron interrumpidas por el llamado a cumplir con el servicio militar obligatorio que le llegó a García en 1969. 

“Mami: esto es una cagada. Pero dentro de todo es horrible”, decía la carta que le escribió a su madre a los pocos días de estar confinado en Campo de Mayo. 

Luego de varios intentos fallidos para escapar del servicio militar, Charly desobedeció al pedido de una enfermera y trasladó un cadáver que debía ir a la morgue hasta el casino de oficiales, acto que significó su boleto de salida, luego de que le diagnosticaran trastorno bipolar con personalidad esquizoide. 

Ya en libertad, Charly se reencontró con Nito para sacar su primer disco ‘Vida y el dúo se consolidó en octubre de 1973 al editar el segundo trabajo discográfico ‘Confesiones de invierno’. El 16 de diciembre de 1974 salió a la luz Pequeñas anécdotas sobre las instituciones’, el último disco de estudio de Sui Generis, luego del cual Charly abandonó el grupo.

El siguiente proyecto de García, luego de un breve paso en la formación PorSuiGieco y su Banda de Avestruces, integrada por Raúl Porchetto, Nito Mestre, León Gieco y María Rosa Yorio, fue ‘La Máquina de Hacer Pájaros’ -nombre que tomó de una historieta del dibujante Crist-, con Carlos Cutaia en teclados, Gustavo Bazterrica en guitarra y coros, José Luis Fernández en bajo y coros y Oscar Moro en batería y percusión.

La Máquina fue el intento más complejo y profundo de rock sinfónico progresivo en la Argentina, y en él, García introdujo la novedad de dos tecladistas simultáneos. Con un sonido que se adelantó varios años en el tiempo, Charly rockeó el sintetizador analógico Minimoog Voyager que lo acompañó también en el proyecto musical que vendría después: Serú Girán.

El Minimoog Voyager fue el primer sintetizador portátil monofónico -lo que significa que suena una sola nota a la vez-.  Es un instrumento que tiene carácter grueso y timbre cálido y se encuentra, por ejemplo, en la melodía final de Eiti Leda, pero también en buena parte del disco en vivo ‘Adiós Sui Generis’. 

Yamaha CP 70 o el piano de los 600 millones

Quizá el instrumento más importante de la carrera de Charly fue el Yamaha CP 70 que compró en cuotas en 1978 por 600 millones de pesos que en esos años en Argentina significaban unos 4 mil dólares. 

Según cuenta Roque Di Pietro en su libro ‘Esta noche toca Charly’ antes de que García se comprara el CP 70, en Argentina sólo tenían ese piano Horacio Salgán y los Vitale.

El sonidista de Serú Girán hasta 1980, Héctor Starc, dijo alguna vez que a Charly ese piano “le cambió la carrera”. 

“En Sui Generis usaba un piano vertical que tenía en la casa que pesaba mil kilos y luego se compró el Rhodes con el que nunca se sintió cómodo, porque no tiene ataque, no es agresivo. El invento del CP 70 a Charly le salvó la vida, porque si no, no sé qué hubiese tocado en Serú Girán”, dijo Starc.

El Yamaha CP 70 es un piano electroacústico portátil de un cuarto de cola con 73 notas y cuenta con una característica única: se desarma; el arpa por un lado y el teclado y los martillos por el otro. A diferencia del piano electroacústico Rhodes en el que se golpean placas metálicas, en el CP 70 los martillos golpean cuerdas como en cualquier piano acústico. La introducción de ‘Canción de dos por tres’ permite percibir la sonoridad del CP 70 que está en buena parte de la obra de Charly, en casi todo el disco 'Yendo' o en el tema 'Salir de la melancolía' de Serú Girán, por nombrar sólo algunos ejemplos.

Serú Girán se formó a fines de la década del 70 y estuvo integrada por Charly García en voz y teclados, David Lebón en voz y guitarras, Pedro Aznar en bajo y voz y Oscar Moro en batería. Fue, de las bandas de Charly, la que más se sostuvo en el tiempo y con la que publicó cinco discos de estudio. 

Ya para los Luna Park de mayo de 1985 en los que Charly presentó ‘Piano bar’, su tercer disco de estudio como solista, no había un CP 70 sino dos, ubicados uno frente a otro en el escenario, para que los dedos kilométricos de Charly pudieran alcanzarlos al mismo tiempo con cada mano.

Charly publicó más de diez discos como solista, entre los que se destacaron Yendo de la cama al living, Clics modernos,  Piano Bar, Filosofía barata y zapatos de goma, Say no more e Influencia. En todos ellos, volvieron a aparecer, el Minimoog, el Yamaha CP 70 y otros instrumentos de teclas como el Fender Rhodes, el Roland JX 3P y el ARP Solina String Ensemble, entre los más de 20 que se registraron entre las grabaciones de los discos de estudio y sus conciertos a partir de la década del 90.

Ya sea de manera explícita o con juegos del lenguaje según el nivel de censura oficial de la época, Charly siempre tuvo la capacidad de narrar el mundo que veía a su alrededor. Su obra es un viaje majestuoso que guarda en su interior las complejidades de la historia argentina y guarda también el amor de aquel piano de juguete que llegó en el momento justo para cambiarlo todo. 

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