Boric, el nuevo tiempo y el fino equilibrio para gobernar Chile

El flamante Presidente de Chile ante el desafío de afrontar una compleja agenda de transformaciones. | Por Augusto Taglioni.

Gabriel Boric es el nuevo presidente de Chile. Las expectativas generadas alrededor de su figura son tan inmensas como sus desafíos. El jefe de estado más joven del mundo (36 años) ha sabido moverse estratégicamente en tiempos de campaña y manejar como nadie las gestualidades. 

Gabinete paritario, tope para los sueldos de los funcionarios, restricciones para la designación de familiares, la primera edecán mujer, entre otros puntos que se han visto en estos dos meses desde la segunda vuelta.

Sin embargo, gobernar es más complejo y todo lo que hizo bien hasta acá puede borrarse completamente con el difícil ejercicio de la política y la administración del Estado.

Boric tiene que demostrar que la nueva generación que representa es diferente a la clase política que gobernó las últimas décadas en Chile. Para eso tiene el deber, desde la perspectiva de su base de sustento, de recoger las demandas que salieron a luz con el estallido social de octubre de 2019.

El presidente y su equipo son hijos de las experiencias callejeras de 2011 en la Federación de Estudiantes y no pueden traicionar esa agenda generacional histórica. El fuego de las bases se hará sentir si eso ocurre y los movimientos sociales querrán tener un lugar de protagonismo. Pero con eso no alcanza.

Boric pretende llevar a cabo una reforma integral del sistema de salud, un nuevo sistema de jubilaciones y pensiones que reemplace a las AFP y cambios en materia de educación. Son transformaciones ambiciosas que necesitan financiamiento y acuerdos políticos.

Lo primero estará a cargo de Mario Marcel, un economista moderado cercano al Partido Socialista que ocupó la presidencia del Banco Central. Para el alcalde de Recoleta y candidato a presidente del Partido Comunista en la primaria con Boric, Daniel Jadue, Marcel defiende un “programa neoliberal”.

Al mismo tiempo, El presidente del PC, Guillermo Teillier, dijo, ante la pregunta por el ministro de Economía Mario Marcel, que "no lo conocía", en un claro intento de ninguneo a quien ejerce la presidencia del Banco Central desde hace más de un lustro.

Lo segundo es político y por eso, las tensiones con el PC no son un dato para dejar pasar. Presionaron para ocupar más lugares en el Gabinete y dejaron claro en hacer valer el peso de ser el partido mayoritario de Apruebo Dignidad.

Sin embargo, en la distribución de los 24 ministerios, el PC sólo obtuvo tres (la vocería en manos de Camila Vallejo, Trabajo y Ciencia y Tecnología. La pulseada es con los partidos de la ex Concertación, sobre todo el Partido Socialista que tiene un excelente vínculo con el Frente Amplio.

Siguiendo con el plano político, las posibles tensiones con los aliados incluyen las dimensiones de las concesiones que pongan en riesgo la propuesta programática inicial. Boric necesita acuerdos en el Congreso para sacar las reformas pero para lograr los votos de la ex Concertación tendrá que moderarse. El nivel de giro al centro que requieran esos pactos definirán las tensiones internas en la coalición.

La seguridad es otro de los temas que el nuevo gobierno deberá afrontar, sobre todo en la Araucanía. Aquí habrá que ver cómo conviven las miradas integradoras y progresistas del Gobierno para con la comunidad mapuche con la presión por aplicar mano dura de los actores en el territorio y buena parte del sistema político.

Por último, está la Convención Constituyente que está redactando contrarreloj una nueva Constitución. Boric dejó en claro que ese proceso será la base de sustento de su gobierno pero la amplitud de la composición y la demora de la redacción de sus principales artículos generan una demora en decisiones claves que provocan incertidumbre.

Por ejemplo, desde el empresariado miran con recelo algunos debates vinculados con los permisos de explotación de tierras mineras. El sector minero está disconforme, no con los cambios que pueden ocurrir sino con la falta de espacios para discutir cuestiones que pueden afectar derechos adquiridos. El plebiscito de salida es en junio y esto aún no está procesado.

En el escenario internacional, Boric decidió diferenciarse de las posiciones históricas de la izquierda latinoamericana y cuestionar las democracias en Cuba y Venezuela y condenar de manera firme la invasión rusa en Ucrania.

La canciller Antonia Urrejola anticipó que la política exterior será esencialmente feminista, ecológica y enfocada a la promoción de la democracia. Su experiencia en la OEA es un antecedente que confirma la posición del gobierno respecto de la violacion a los derechos humanos. Al mismo tiempo, Boric tendrá una muy buena relación con Alberto Fernández y, si las diferencias históricas con Bolivia se aminoran y Castillo logra continuar en el cargo en Perú, seguramente habrá un entendimiento que, con una eventual victoria de Lula, tenderá a reconfigurar una suerte de eje progresista, sin la intensidad de antaño pero con la voluntad política de pensar colectivamente.

Con Estados Unidos y China difícilmente haya fricciones. Uno porque cuenta con una agenda global vinculada al cambio climático que los acerca y el otro porque es el principal socio comercial.

Como vemos, la expectativa es tan imponente como la incertidumbre de una nueva etapa que puede ser sustancial para las próximas décadas en Chile.

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