Barajar y dar de nuevo

El Rechazo a la reforma constitucional en Chile impactó de lleno en el gobierno de Boric, bajo la traducción de que el saldo fue un plebiscito a su gestión. | Por Augusto Taglioni

Chile votó categóricamente en contra del nuevo texto constitucional. El 62 por ciento eligió la opción Rechazo contra un 38 que se inclinó por el Apruebo. La pregunta es cómo se pasó del 80-20 del plebiscito de entrada al 38-62 del domingo.

Las razones pueden ser varias y exceden a las repetidas teorías de las fake news y las campañas de desprestigio que, desde ya, ocurrieron. El fondo del problema pareciera girar en tres direcciones.

El primero está ligado a un notorio aumento de la participación que, al ser sufragio obligatorio, trepó al 86 por ciento. El aumento de la participación y las facilidades de distancia y logística para votar se suponía que beneficiaría al Apruebo. Sin embargo, pasó todo lo contrario. El Apruebo bajó de 5.892.832 votos en 2020 a 4.860.093, mientras que el Rechazo pasó de 1.635.164 a 7.882.958. Es decir, el Apruebo perdió en el camino más de un millón de votos y el Rechazo ganó más de 6.

Este votante no estuvo en ninguno de los procesos electorales del último tiempo y le añade complejidad a la hora de pensar las respuestas para las demandas que se expresan con fuerza desde el estallido de octubre de 2019. La necesaria conexión con este sector será uno de los desafíos más importantes para aquellos que pretenden que Chile se encamine a un proceso de cambio.

Es evidente, y acá talla la segunda razón, que la propuesta no convenció, ni en sus formas, ni en su contenido. Esto tiene que ver con una mala estrategia de comunicación pero también, y especialmente, con una lógica partisana que excluyó y dividió antes que sumar y unir.

¿Esto es culpa del Partido Comunista y los sectores radicalizados de la Convención Constitucional? No necesariamente. Los convencionales fueron elegidos por el voto popular. En todo caso, el problema radicó en la dinámica adquirida, el apuro de sumar agendas históricamente excluidas y la narrativa identitaria que impidió una convocatoria más amplia.

Uno de los reclamos a la Convención fue la poca presencia de empresarios y grupos no identificados con la izquierda y la (casi) nula autocrítica de los más entusiastas defensores del Apruebo. ¿Por qué un empresario minero con concesión de tierra no puede discutir la posición en la que terminarán quedando sus intereses en el nuevo diseño institucional? Este es uno de los tantos interrogantes que se plantean como posibles razones de pérdida de representada de la nueva Constitución.

El último tiene que ver con el Gobierno. Terminada la luna de miel de los primeros días, la imagen de Gabriel Boric viene en caída. Un 54 por ciento no aprueban su gestión y las críticas apuntan a su entorno de confianza, por no haber sido lo suficientemente inteligente para tejer acuerdos y hacer poco para abordar la violencia en la Araucanía y la situación de inseguridad. Temas que fueron parte importante de la campaña electoral pero que Boric nunca pudo resolver.

Por eso, de alguna manera y sin buscarlo, lo que se plebiscitó también fue el rumbo del gobierno chileno, que desde el primer momento trató de no atar su suerte a la de la Constitución a pesar de ser el piso para encarar muchas de las reformas prometidas.

Boric fue audaz cuando firmó el apoyo a la puesta en funcionamiento de la Convención, aún frente a las diferencias de sus aliados del comunismo.

El rol de la CC para pacificar el país y cuidar la institucionalidad fue clave. Por eso, el Presidente deberá acudir a esa astucia política para pensar otra salida, tal vez menos genuina y horizontal  o con menos carga simbólica que fue rechazada, pero más enfocada en la revitalización de instituciones como el Congreso.

El proceso no terminó. Sigue su curso y será la política la que le aporte creatividad para que los cambios demandados finalmente se produzcan. Entender que una Constitución democrática tiene que salir del amplio consenso y la heterogeneidad sectorial será una de las misiones de los que buscan vivir en un Chile mejor, junto con la revisión respecto de si asuntos tan importantes para la vida democrática de un país merecen ser sometidos a plebiscito.

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