¿Alguien quiere una guerra en Ucrania?

La política doméstica norteamericana tienta a Biden a tirar del mantel ucraniano en un escenario con fuertes tensiones. Francia y Alemania toman distancia y buscan mediar con Putin. | Por Augusto Taglioni.

La tensión entre Rusia y Ucrania ha copado buena parte de la agenda internacional. No es para menos, dado que se habla de una invasión “inminente” en territorio ucraniano que, en caso de ocurrir, podría llevarse puesto a terceros y cuartos actores.

Pero vayamos por parte y pongamos un poco de contexto. El conflicto entre Moscú y Kiev se remonte al 2014 cuando luego de varios días de movilizaciones con la Plaza de Maidan como epicentro, el entonces presidente de Ucrania Viktor Yanukovic tuvo que renunciar a su cargo.

En una jugada que le salió mal, Yanukovic coqueteó con la OTAN y la Unión Europea para negociar en mejor posición con Vladimir Putin pero el tiro le salió por la culata. Cuando quiso volver sobre sus pasos, una masiva manifestación reunida durante días terminó eyectándolo.

Rápido de reflejos, Putin apadrinó un referéndum en la estratégica península de Crimea (base de operaciones militares rusa) que aprobó con una amplísima mayoría la anexión a la Federación Rusa. Este es el principio de un conflicto que aún no encuentra solución, ya que, mientras Moscú reivindica su soberanía histórica, Ucrania denuncia ocupación militar ilegal. Digamos que hay un poco de ambas cosas.

Lo que siguió luego del movimiento de piezas en Crimea es la guerra civil en la región del Donbás, al este ucraniano, se convirtió en un teatro de operaciones entre milicias armadas y ejército. Los grupos separatistas, presuntamente amparados por el Kremlin, luchan por la constitución de dos repúblicas independientes: Lugansk y Donestk.

La transición post Yanukovic trajo dos presidenciales antirusas: Pero Poroshenko (2015-2019) y el actual mandatario, Volodimir Zelensky. Crimea y Donbás se volvieron ejes centrales de la política de estado. La comunidad internacional tuvo dos intentos de mediación que fracasaron: el acuerdo de Minsk 1 y 2.

¿Qué es lo que desata esta nueva crisis? Ucrania denuncio que Rusia movilizó 100 mil solados en la frontera, lo que activó un movimiento similar de la OTAN en las viejas repúblicas soviéticas y la preocupación de Estados Unidos.

Desde entonces, la supuesta inminencia de la guerra se instaló en todos los medios y en las declaraciones de los funcionarios. Joe Biden es el más entusiasta respecto de esta hipótesis y una lectura posible es que le sirve, al menos en el corto plazo, para instalar una agenda alternativa que sea capaz de tapar la crisis en Estados Unidos. La inflación histórica y la baja popularidad podrían afectar notoriamente en las elecciones legislativas de noviembre y, como ha ocurrido en otros momentos, un conflicto externo siempre ayuda.

Pero al mismo tiempo, ¿le sirve a la Casa Blanca una incursión militar luego del fracaso en Afganistán? Evidentemente no, por eso parece una táctica efectista y de corto plazo.

Las afirmaciones de altos funcionarios de Washington sobre la inminente invasión logró lo que los acuerdos de Minsk no pudieron en 8 años, que haya coincidencias entre Zelensky y Putin, ya que, ambos pidieron pruebas.

Si llegara a darse un enfrentamiento bélico, el escenario afectado sería Europa. ¿Cuál es su postura entonces? Cada cual atiende su juego. Reino Unido, España e Italia se plegaron a la estrategia estadounidense y Francia y Alemania tomaron distancia para ofrecerse como mediadores.

El caso alemán es lógico porque viene de acordar el Nord Stream 2, un proyecto estratégico para los intereses de Vladimir Putin con críticas de los países de ultraderecha de Europa Oriental, Ucrania y Estados Unidos, porque acentúa la dependencia europea del gas ruso.

Esta inversión de 12.000 millones de dólares fue utilizada por la administración Donald Trump para tensionar con Angela Merkel y reforzó las prevenciones de quienes consideran a Rusia un enemigo de Occidente.

El Nord Stream 2 construye un puente directo entre Rusia y Alemania y deja aislado a Ucrania, que puede perder 1.500 millones de dólares al año por el tránsito del gas ruso y se queda sin ese elemento como factor de negociación tanto con el bloque europeo como con Putin.  El factor gas es clave también.

Quien también está jugando sus cartas para salir ganando es Emmanuel Macron que decididamente se autoproclamó como mediador del conflicto. El francés está en campaña para las elecciones de abril y desde la salida de Merkel que trata de heredar el liderazgo europeo.

La escalada continúa y el fuego cruzado en términos narrativos es cada vez más inquietante. Resulta impensado tanto la posibilidad de una invasión rusa como el ingreso de Ucrania a la OTAN, pero el mundo nos tiene acostumbrados a las sorpresas desagradables.

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