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¿Ruptura del campo de opinión progresista? El desafío de la organización, la banalidad de ciertas críticas y la amenaza de la deuda

Roque Farrán reflexiona sobre los desafíos del presente para la recomposición de un campo intelectual democrático y popular, en el marco de las crecientes manifestaciones de odio y racismo que amenazan América Latina.

Por Roque Farrán*

I. Nominaciones. ¿Fascismo neoliberal, neoliberalismo posfascista, autoritarismo libertario, autoritarismo estatista, derecha democrática? Pareciera como si nos costara nombrar lo que nos está pasando, como si las categorías y conceptos políticos no solo se revelasen inadecuados para pensar lo que acontece, sino que el marco mismo donde podrían lograr alguna inteligibilidad ha devenido imposible, un desquicio total. Hay que asumir muy seriamente que estamos ante una crisis radical que atañe no solo a la política y las relaciones de poder, sino a los saberes y dispositivos de transmisión, los modos de subjetivación queen torno a ellos se configuran, incluidos los así llamados “sujetos críticos”. La posibilidad misma de la crítica está en cuestión. Los dispositivos tecnológicos proliferan pero no sabemos qué uso darles. Prevalecen el trolleo, el malentendido constante y el juicio sumario. Las redes sociales son un ejemplo de eso. El síntoma capital se sitúa en torno a la organización.

La organización vence al tiempo”, decía Perón. Pero hoy el tiempo está desquiciado, es múltiple y variable, con abundantes ritornellos, loops, anticipaciones y retroacciones; entonces el modo de organización tiene que asumir esa multiplicidad, su anudamiento inteligente y práctico, para vencer. Por eso me ha parecido crucial proponer no solo la idea sino la práctica efectiva del anudamiento, excediendo el ámbito clínico donde se la confina habitualmente y la metaforicidad generalizada donde se la diluye en forma banal. Se trata de una apuesta decisiva por reconfigurar el marco mismo donde pensarnos nuevamente y modalizar los saberes, poderes y procesos de subjetivación que necesitamos para vencer el tiempo. Sobre todo se trata de un modo que tematiza la instancia misma de transmisión, cualquiera sea el medio donde se despliega, porque lo implica. Aunque no espero nada, como decía Lacan, aguardo más gestos que retomen el anudamiento para vencer el tiempo que resta. No queda mucho más.

II. Crisis y críticas. Lo que yo veo es que la crisis generalizada y la fragmentación social, la ruptura con las formas democráticas más elementales y la reactivación exacerbada de las peores pasiones, abren no obstante la posibilidad de constituirnos desde otro lugar o pliegue de la razón moderna (en vez de renegar de ella): uno que tenga en cuenta la integralidad de nuestros saberes y poderes, la diversidad y rigurosidad para pensar los afectos en todos los sentidos posibles; para pensarnos también comoparte constitutiva de la Naturaleza; para entender nuestra potencia creativa y tecnológica en inmanencia con ella; para crear así nuevos dispositivos, instituciones y formas de Estado, más amplios e inclusivos, etc. Por ahí pasa mi apuesta integral: por devenir lo que habremos sido para lo que estamos llegando a ser en este planeta, y no por el sueño apocalíptico de su fin, el retorno a las cavernas míticas o la alucinación con comunidades extraterrestres.

En términos intelectuales y comunicacionales, necesitamos ser mucho más generosos y abiertos; por eso aun nos siguen bombardeando con estupideces y enredándonos en ellas, sirviéndose de nuestras propias contradicciones y necesidades de infatuación. ¿Qué necesidad hay de repetir lo dicho una y otra vez, o de convocar una y otra vez a los mismos nombres de siempre para decirlo? ¿Qué necesidad hay de responder a todo como si uno siempre dijese cosas interesantes y oportunas? ¿Por qué no derivan, por qué no abren el escenario y hacen circular la palabra, porque no habilitan otras transferencias? Es clave a partir de ahora cómo jugamos en el plano de la comunicación y la transmisión de saberes. ¡Más transferencias de trabajo repartidas igualitariamente y menos “sujetos supuestos saber” a idealizar o menospreciar según la ocasión!

En ese sentido, la desafortunada intervención de Segato sobre el golpe en Bolivia me hizo acordar a la de Del Barco sobre el no matarás, en ambos casos se produjo una rápida partición de las opiniones en la que todxs necesitaban decir algo, por idealización o por defecto. Pero, independientemente de la posición que uno tome al respecto, y que se lamente o no el deplorable estado de nuestros debates intelectuales cuando la política siempre pasa por otros carriles, eso refleja claramente un estado de la cuestión: el límite de pensar en común. Hay que parar entonces un poco con la crítica sibilina, la deconstrucción sofisticada, el psicoanálisis y sus síntomas, los monumentales congresos, los informes inaplazables, la poesía inerme, el ingenio bobo de las palabras prestadas. Hay que parar un poco con todo esto porque vienen matando en serio y estamos demasiado enfrascados en las mismas discusiones de siempre, como si nada. Están golpeando las puertas y los cuerpos en los países vecinos, hermanos, y ya pronto vendrán por nosotros. ¿Qué esperamos para organizarnos? ¡Organicemos nuestro pesimismo! O mejor: ¡Organicemos nuestros narcisismos! (hechos para las heridas).

III. Odio y deuda. ¡Y acabar con la queja o la burla boba! Desde un primer momento lo dije: Macri no vino a gobernar, Macri ha sido en rigor un no-presidente, él simplemente dejó hacer y benefició, por supuesto, los negocios de amigos y familiares. Lo sabía, se le veía en su rostro incrédulo cuando ganó, no tiene ningún sentido quejarse por sus vacaciones eternas o llamarlo “domador de reposeras”, etc. Macri habrá sido ese emergente impensable, incluso para los de su propia clase, que llegó al poder gracias a la grieta y el odio entre los argentinos. Sabemos muy bien que el odio es casi un deporte nacional, no lo vamos a suspender ni suprimir, pero al menos entendamos cuál ha sido la causa próxima, real y material, por la cual alguien tan incompetente como Macri llegó al poder y destruyó al país en tan poco tiempo. Después podemos jugar todo lo que quieran al River/Boca, troskos versus kirchneristas, etc., pero hay que saber por dónde se opera con los afectos más básicos.

Por último, vamos a tener que trabajar fuertemente y en todos los niveles posibles el tema de la deuda. Quiero decir, no va a ser solo una cuestión económica, sino eminentemente subjetiva y cultural que atraviese incluso los estilos retóricos, los modos de transmisión y el uso de los saberes. Para despegarnos de esta tremenda deuda que nos han legado y ya nos viene aplastando, a nosotros, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, vamos a tener que movilizar todos los medios y recursos posibles. Mínimo la creación de un Ministerio de la Deuda Pública y sus temas eternos.

Y habilitar la cuestión clave de la nominación: Cuando un presidente elegido democráticamente, nos guste o no, es obligado a renunciar, tenemos que poder decir que es un golpe. Cuando un país constituido soberanamente, nos guste o no, es obligado a tomar deuda, tenemos que poder decir que es neoliberalismo. Cuando un sujeto investido libidinalmente, nos guste o no, es obligado a tener relaciones sexuales, tenemos que poder decir que es un abuso. Cualquier caracterización es secundaria y justifica la violencia o debilidad ética. Para que podamos actuar de manera justa y no punitivista tenemos que poder llamar, en primera instancia, las cosas por su nombre.

*Psicoanalista, Doctor en Filosofía e Investigador de Conicet.

Ilustración: Muammer Olcay, Turquía.

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