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Rodríguez Larreta, al borde del colapso

Por Pablo Dipierri | Entre la disputa por la centralidad que lo somete a una refriega no deseada con Mauricio Macri en Juntos por el Cambio y la desidia de sus políticas sanitarias, el Jefe de Gobierno porteño empieza a desgastarse. Las pifias de sus principales escuderos y la demanda onírica de la derecha trasnochada.

Como al final del segundo round de la pelea crucial de Rocky IV, cuando el personaje de Sylvester Stallone se percata de que el ruso Iván Drago sangra porque es de carne y hueso, el Frente de Todos cayó en la cuenta ahora de que Horacio Rodríguez Larreta no es una máquina y su gobierno sufre el mismo desgaste que cualquiera.

Por más que goce del blindaje mediático, la escalada de contagios por Covid en el AMBA y las taras de su gabinete para el camuflaje de sus trastadas con stories de Instagram despabilaron a los sectores más silvestres del kirchnerismo porteño y los cuadros técnicos del peronismo de salón suspendieron la fascinación por la supuesta impermeabilidad de la imagen pública del macrismo local.

Mientras los directores médicos que tributan al oficialismo sostienen que todavía no hay saturación del sistema sanitario en la Ciudad, como el doctor a cargo del Hospital Fernández, Ignacio José Previgliano, los trabajadores de ATE-Capital advierten sobre el estrés desde que arrancó la pandemia y sus voces empezaron a repercutir en organizaciones gremiales primas, con las que no siempre se han entendido bien, como el caso de Sutecba. Al borde del colapso, los errores y la indiferencia de las autoridades favorece la constelación de sus adversarios.

A través de un comunicado, el sindicato conducido por Daniel Catalano reclamó hoy mayores restricciones a la circulación, la conformación de una mesa para la discusión de las condiciones de trabajo en los nosocomios, el cumplimiento del cronograma de vacunación del personal de salud y ampliación de la cantidad de médicos y enfermeros para que se evite la sobrecarga de quienes aguantan la responsabilidad sobre sus espaldas sin licencias desde 2020. “Estamos a las puertas de la segunda ola COVID-19 con cepas aún más agresivas y picos de contagios diarios mayores a los que se vivieron en la primera ola, pero en CABA se está subestimando la situación y se subestiman las consecuencias traumáticas que tuvo este año en el cuerpo y la mente de lxs compañerxs que están en primera línea”, expresó la conducción del gremio en el parte de prensa.

“La situación es alarmante y muy cruel, hay mucha gente haciendo cola”

Por otro lado, el delegado de Sutecba en el Hospital Ramos Mejía, Claudio Gómez, relató en declaraciones a FM La Patriada que “la situación es alarmante y muy cruel, hay mucha gente haciendo cola”. “Se ha duplicado la cantidad de camas ocupadas en terapia intensiva”, dijo.

Ante la consulta sobre cómo impactó el decreto de la administración porteña para la refuncionalización de los hospitales, una doctora del servicio de dermatología del Penna graficó que los dos pisos destinados a camas para cirugía se ocuparon con pacientes Covid. En tanto, uno de los trabajadores más experimentados de la guardia del Hospital Muñiz le comentó a este medio que desde el lunes tienen un 97 por ciento de ocupación en la unidad de terapia intensiva (UTI) y hubo que rechazar la atención de pacientes que llegaban en ambulancias del SAME. Dicho de otro modo, ya hay enfermos que no pueden recibir atención, más allá de que el sistema funcione de manera integrada y algunos establecimientos sanitarios absorban la demanda de aquellos que no puedan cubrirla. Si la espiral sigue su camino ascendente, terminará rebasando la capacidad total de la jurisdicción.

No duele, no duele, no duele

La crisis ya impactó al interior del gabinete de Rodríguez Larreta, quien intenta que el agua no le llegue al cuello con iniciativas que le acercan o ideas que se le ocurren pero naufragan en sus propias limitaciones, la líbido reaccionaria de los que financiarían su eventual aventura presidencial o la curiosa lista de funcionarios que no funcionan. Que esa trama no se revele o emerja en pequeñas dosis no significa que no exista pero valen como muestra las broncas que varios dirigentes de JxC expresaron ante las ceremonias de entrega de patrulleros de la Policía de la Ciudad en variados distritos del país, con el patrocinio del vicejefe y, a la sazón, ministro de Seguridad porteño, Diego Santilli.

El jefe de la cartera sanitaria habría deslizado en una reunión telemática del “equipo de colaboradores” del intendente que, si los contagios siguen trepando, habría que pensar en suspender las clases presenciales en las escuelas.

Igual tesitura acredita el cruce disimulado entre el ministro de Salud, Fernán González Bernaldo de Quirós, con su par de Educación, Soledad Acuña. El jefe de la cartera sanitaria habría deslizado en una reunión telemática del “equipo de colaboradores” del intendente que, si los contagios siguen trepando, habría que pensar en suspender las clases presenciales en las escuelas. La pretoriana preceptora del sistema educativo puso el grito en el cielo.

Al paso que esas narraciones se susurran en palacio o se agitan por Twitter, este cronista recogió extramuros testimonios del descontento de asesores o empleados de diferentes ministerios o despachos parlamentarios macristas que tienen que asumir tareas en el despliegue de los enclaves para testeos o los vacunatorios comunales. Uno de ellos concedió un diálogo en off para que se supiera que la tensión jala en diversas direcciones: en el predio de la Sociedad Rural de Palermo, se inoculan entre 1500 y 1800 personas diarias pero el elenco administrativo que acude como apoyo reclama hacia adentro recursos y mecanismos de prevención del contagio. Para colmo, la fuente reveló que el desorden es tal que “los que están derivados de las diferentes áreas de gobierno para colaborar” entran en contacto “con muchísima gente todos los días y ninguno está vacunado”. “Ni siquiera nos testean”, ilustra.

Si se le pregunta por qué no pueden tramitar pedidos de cuidado y reconocimiento a partir de sus jefes directos para que cursen la solicitud a Quirós o el propio Rodríguez Larreta, contesta que “el vacunatorio lo está manejando la gente del Ministerio de Cultura”, así como “el del Centro Islámico lo maneja Cultos”. La Patriada se comunicó con la vocería del ministro de Salud y allí se sólo concedió que las otras reparticiones estatales acuden a “modo de asistencia”. Sin embargo, el interlocutor deslizó que para conocer más detalles sobre el criterio habría que elevarle la pregunta a los responsables de la calle Uspallata en Parque Patricios, sede del gobierno local. Pasando en limpio, no haría falta ir en búsqueda de mayor información a las oficinas cercanas a la del alcalde si el vacunatorio estuviera bajo control de Quirós pero, después de lo que dijo en el programa televisivo de Romina Manguel cuando admitió que mantiene una distancia de metro y medio de aire con sus hijos y refirió que su esposa los envuelve con una sábana cuando experimenta irrefrenable deseos de besarlos, es probable que Rodríguez Larreta haya perdido la confianza en el funcionario que medía para que encabezara la lista de diputados en las próximas elecciones.

Tales reyertas se adicionan a las pifias cotidianas del doctor graduado con honores en la UBA, descendiente de una dinastía de médicos. Cuando le facturaron el destrato a los adultos mayores en el Luna Park, una productora teatral le recordó a este periodista que Quirós fue personalmente al histórico estadio del bajo porteño para enterarse cara a cara con la gerenta comercial y booking del coloso edificio, María García, sobre los detalles del protocolo para la reapertura. “Recorrió el estadio, le mostraron las entradas y salidas, la disposición de butacas y escenario, todo”, sostuvo. La querella acerca de si se olvidó de lo que vio o no comprendió lo que le explicaron en esa ocasión para reutilizarlo y que el operativo de inmunización no fuese un fiasco carece de importancia porque, de cualquier manera, el desparpajo institucional frente a los ancianos resultó inocultable. “Por fuera, se ve bastante organizado todo pero adentro, como siempre, están los tirones y la desorganización de algo improvisado”, expuso otro colaborador conchabado en un despacho amarillo.

La frutilla del postre sería, en este contexto, el acuerdo al que se vio elegantemente forzado el jefe comunal por el presidente Alberto Fernández para admitir que el PAMI también vacunará en su distrito. Desde el entorno de la directora ejecutiva de la entidad, Luana Volnovich, comentaron que el primer mandatario instruyó a la funcionaria “para que avanzara en los detalles y la estructura necesaria para la vacunación en los lugares donde más se necesita”, y añadieron: “la realidad es que Ciudad tiene vacunas y está tardando mucho”.

Guionistas de la Guerra Fría

La aparente invulnerabilidad que solía atribuírsele al premier porteño se descascara paulatinamente. Sobre todo, porque su intención de recortarse como el ala moderada de la derecha enerva los ánimos de su antiguo jefe, que no le cede el cetro y con cada gesto o en cada reunión por Zoom le marca la cancha aunque aparezca con la almohada pegada a la cara.

Eso explicaría la firma de Rodríguez Larreta, más allá de su innegable y gozosa pertenencia a JxC, en el comunicado que denostaba ayer cualquier tipo de restricción para evitar la propagación exponencial de los contagios por coronavirus. La pregunta de esta hora es si los financistas del proyecto político opositor al Frente de Todos serán lo suficientemente generosos como para que Rodríguez Larreta y ciertos sectores del Pro y el radicalismo se animen a desempeñarse en la arena política con algún margen de autonomía o les reclamarán devoción y cumplimiento a rajatabla del papel que para cada uno escribieron los guionistas de una película que repite gags de la Guerra Fría y segrega el veneno de las distopías berretas de Netflix.

En ese trance, el colapso en ciernes podría ser la prueba de fuego para que la franja conservadora del sistema político y los profetas de la desinhibición neoliberal constaten la talla del hombre que anhela representarlos desde que Macri perdió en 2019.

 

*Por Pablo Dipierri.

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