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Recorrido por Nodaléctica

Marina Llaó recorre el camino de escritura trazado entre los últimos tres libros del filósofo cordobés, Roque Farrán y explica por qué la defensa del pensamiento forma parte de la tarea política y ética de resistencia al neoliberalismo.

Por Marina Llaó*

 

Nodaléctica, el libro como tal, probablemente requiere de al menos dos lecturas previas, si la búsqueda en la lectura es en clave de formación filosófica y conceptual. Una lectura previa, que podría sugerirse, remite a Lacan, en específico al Lacan de R-S-I, seminario en el cual usa el nudo borromeo para pensar la categoría del sujeto comprometiendo en una mutua implicancia a los diferentes registros. La otra lectura sugerida es al mismísimo Farrán, al Farrán previo a Nodaléctica, el libro. Ya que se trata de un asunto que viene trabajando fuertemente: una apuesta ético-ontológica e ideológico-política por el nudo borromeo, en tanto estructura y movimiento, que dispone a la hora de trabajar los conceptos, y que no arranca en este libro.

No ha de tomarse esta lectura como un imperativo, sino como un planteo, un modo de decir, o advertir, que no se trata de un libro que es presentado sino de una obra que es introducida, cuyas aristas, puertas de acceso, son múltiples y simultáneas. Lo cual tiene sus consecuencias en Nodaléctica, el libro, ya que en su desarrollo hay ciertos deslizamientos en el estilo de escritura (fragmentaria y sistemática a la vez) de los cuales el autor debe ser exonerado. ¿Medita? ¿Enseña? ¿Manifiesta? ¿Responde a una entrevista? ¿Por qué habla en singular? ¿Por qué se involucra así con pasajes personales? Son preguntas que mejor ni hacerse (o no hacerse a priori si no se entiende la implicación material dispar que opera en este asunto).

 

Lo cierto es que tenemos el nudo y el anudamiento, la diferencia entre el nudo y el movimiento de anudamiento, algo que puede captarse a lo largo de la obra de Farrán, mirándola con cierta perspectiva transversal. Por eso Nodaléctica es un libro recomendable de leerse junto a otros dos libros: Nodal. Método, estado, sujeto (La cebra/Palinodia, 2016) y El uso de los saberes. Filosofía, psicoanálisis, política (Borde Perdido, 2018). Esos cambios de posición de paralaje sobre el nudo, son legibles en los acentos que tiene cada libro. A continuación entonces intentaré hacer brevemente un recorrido por dicha trilogía, caracterizando los modos en que la nodalidad es expuesta en cada uno de ellos.

 

Nodal y la introducción al uso de la topología en el trabajo con conceptos

En Nodal, el primer libro de la trilogía, el nudo y la cuestión nodal aparecen principalmente como un asunto de intersecciones, mientras que en Nodaléctica la apuesta es por el movimiento de anudamiento, la trenza. En Nodal toman centralidad las intersecciones, en tanto mutuas implicancias y contaminaciones, a la par de un fuerte trabajo de desambiguación conceptual. La flor de tres hojas que corona el cuarto nudo. En este libro se efectúa un recorrido que trabaja sobre las solidaridades conceptuales entre categorías, conceptos muy amplios, fundantes: método, sujeto y Estado. El autor los trabaja tanto en sus bifurcaciones como en sus imbricaciones específicas, dando por resultante la producción materialista de un pensamiento crítico que trabaja conceptos en los que convergen los dispositivos de pensamiento disponibles de la escena francesa. Con una fuerte destreza inscripta en las herencias de Althusser, Foucault y Badiou, nombres claves de la filosofía, Roque genera las condiciones para decir que el sujeto es el método, que el método es la política y que el Estado es el estado de situación, sin volverlos equivalentes, sino demostrando como los desplazamientos complejizan los conceptos. Alcanza a puntuar un campo de problemas en las intersecciones entre el sujeto y el Estado, sin por eso abandonar la pregunta por los territorios más puros de estos conceptos, campo donde encuentra elementos que lo conducen de regreso al mutuo compromiso entre ambas categorías, al punto de volverlas casi indiscernibles. Lo cual le permite reafirmar su apuesta por el método como la reflexión sobre los modos de implicación material. Ahí la cuestión es el nudo en tanto forma, el método como una formalización material.

 

El uso de los saberes y el enredo de vivir en comunidad

En El uso de los saberes, lo que encontramos es un recorrido, el de un autor ciudadano cuyo pensamiento transita por problemas casi cotidianos y reflexiona sobre las implicancias civiles del pensamiento crítico. Es un ejercicio de rectificación subjetiva en la vida con otres. Lo que importa es el recorrido mismo, el modo, lo que se pone en la escena es un asunto de ética. Los usos, los modos: cómo se practica el saber, qué hacer con el lugar del sujeto supuesto de saber, semblante del que el autor se siente responsable. Si bien también aparecen aquí los nombres propios con los que robustece sus planteos y hay un fuerte trabajo de anudar Foucault a Lacan. Lo que me interesa resaltar es que, mientras en Nodal el asunto era el nudo, como necesidad de situar, topológicamente hablando, las conexiones entre conceptos, y hay allí una fuerte tarea de pensamiento, creatividad, reordenamiento, enriqueciendo el uranio existente en los bordes de las intersecciones, y fundando allí, en lo que excede, categorías algo menores, pero no por eso menos potentes, como por ejemplo la de semblante; en El uso de los saberes el acento es otro. Hay una autorización, en tanto ética de sí mismo, a recurrir a múltiples prácticas. Y quizás allí se vuelve más evidente otra autorización, un poco más mundana, al uso de las multi-plataformas que alojan ese recorrido en tanto prácticas conceptuales inacabadas y en vías de desarrollo.

Es aquí, a esta altura de su obra donde en anudamiento empieza a tener nombre de movimiento: “nodaléctica”, excediendo sus bordes de práctica teórica e ingresando al terreno de la pura práctica, de un modo de vida. En El uso de los saberes podemos imaginar el nudo sin que nos lo dibuje, porque lo que se expresa allí es el recorrido moebiano por los diferentes registros y bordes. Esto explica por qué aparecen citadas algunas figuras de la cotidianidad: el libro arranca en una escena donde su hija le hace una pregunta por el trabajo, y termina con un Roque ratificando su deseo de transmisión filosófica y conceptual. Allí del nudo tenemos rastros en los movimientos del sujeto autor, es eso, su apuesta diaria lo que está en escena. El nudo es una cinta de Moebius que se recorre, brindando parajes, siendo entonces la ética del recorrido la prueba de que hay una discusión en permanente reactualización. Uno podría decir, en clave de época, que mientras el sentido común nos invita a pensar “esto también va a pasar” Roque insiste en que no debemos desentendernos de “cómo eso pasará”. Nos habla, de un transitar responsable.

Un detalle no menor es que a la par de que en El uso de los saberes se invocan las nociones de Foucault, también hay una práctica muy concreta que las ejercita: un buen ejercicio cotidiano del gobierno de sí mismo en redes sociales, soportando comentarios de seguidores y pusilánimes (y esta vez sin bloquearlos). Esta práctica fuerte de trabajar conceptos de manera pública, abierta y ciudadana, donde los comentarios son tomados y digeridos, habilitando discusiones y revisiones, es, a mi entender, una nítida crítica al sistema científico que intenta encorsetar la generación de saberes. Roque hace de su muro de Facebook un lugar predilecto para su trabajo teórico-conceptual, lejos del recelo. Un lugar donde sus publicaciones hilvanan futuros papers, como una suerte de sistema pre-print, distintivo del método convencional de evaluación científica académica, poniendo en riesgo inclusive su evaluabilidad dentro de los parámetros convencionales, por producir conocimiento en terrenos no estipulados para ello, incumpliendo con el mandato de clausura que tanto sofoca la creatividad y el pensamiento de los científicos en carrera. Dibuja, manda videos, performatiza su propia búsqueda y, por primera vez quizás, se evidencia que se preocupa por la estética que inviste todo este asunto, como cierta comprensible necesidad de generar “audiencias” más allá del cerco de la academia. En consecuencia, el nudo empieza a tener sus resonancias, algunas lúcidas, otras no tanto, como suele suceder hasta en las mejores tradiciones. El nudo alcanza su clímax ingresando como el tercero en cuestión en algunas mènage à trois teóricas que sus seguidores en redes sociales le acercan. Lejos de ponerse conservador, él alienta esos usos y apropiaciones y habilita el proceso de aprendizaje en quien está ejercitando el trabajar de este modo con los conceptos. Hay quienes aprendemos de esta actitud, como de su sentido del humor, el cual es lo suficientemente retorcido como para alojar estas cuestiones, pero que además se reafirma con una fuerza ética marcial que vuelve a orientar la patada e identificar el uso espurio como enemigo del pensamiento: la impostura y por supuesto, cualquier pretensión de sofocamiento del pensamiento material y de izquierda. Aparecen, pululan, nuevas apropiaciones teóricas en torno a su trabajo conceptual, emergen escrituras hermanadas, producciones en comunidad, invitaciones a revistas de divulgación. Todo este aire renovado es francamente contra-cíclico al clima de época, y no somos pocos los que encontramos allí, además de una invitación diaria a la actualización filosófica, algo de distracción. Distracción saludable y amplia, apta para pasivos, activos, voyeristas y exhibicionistas, todes elles siempre interesades en teorizar algunas cuestiones.

Sin dudas esto creó las condiciones, o fundó la necesidad, de acopiar lo que se cosecha. Nodaléctica nace ahí. No el libro, sino el neologismo que sigue sin existir en Wikipedia. Nodaléctica, cual semblante, es la palabra que viene a cubrir el vacío fundante que rodea toda esta energía conceptual flotante. Nodaléctica, primero como gesto de soberbia del que inventa algo en tiempos donde parecía que estaba todo inventado. Nodaléctica, la necesidad vertebradora de un trabajo  muy vasto que sale de la cripta académica. Nodaléctica, finalmente como caja de herramientas, para que quien quiera aprender aprenda.

Consecuentemente, surgen preguntas que hilan más fino: ¿cómo se hace? ¿Cuándo se hace? ¿Si me dedico a las encuestas puedo hacerlo? ¿Sirve como fundamento metodológico en un proyecto para Conicet? ¿Es citable? ¿Publicable?

La sensibilidad del autor frente a todas estas inquietudes de su entorno es notoria. Y su respuesta lo es más, aún. Roque responde ante las inquietudes con una decisión marcial: trabajar los conceptos con aún mayor rigurosidad. Lo que a cualquiera le daría mucha paja hacer, él lo hace, revisa sus propios textos, soporta re-leerse. Vuelve a Badiou y Lacan, para mejorarlo, vuelve a Nodal, para mejorarlo. Vuelve a Foucault para incorporarlo aún más y mejor.

 

Nodaléctica, el libro

Nodaléctica, el libro, es producto de ese movimiento de retorno y de avance: Repetición, diferencia, apertura. Un retorno que requiere de una mayor rigurosidad, o mejor dicho, de una expresión más acabada de la misma ética de siempre. Como un maestro marcial, él esta vez hace el movimiento en cámara lenta y delante de todes. Avanza y retrocede hasta que quede bien claro por dónde va la cosa; habita lo que escribe y por eso, de a ratos, el libro pareciera un juego al estilo “María la paz la paz la paz”, ya que no son sorteables los vaivenes, las derivas, la polifonía en el formato, y todo eso que hace más compleja la tarea de hilar.

Una vez más, a la luz de pleno día, y en medio de una escena de coyuntura asociable al caos, Roque reformula los conceptos con los que trabaja, y en la repetición que esta reformulación le ofrece, aparece la diferencia. Diferencia que hace el método, ya no como topología sino como movimiento. Nodaléctica entonces, es un libro en el cual el nudo ha sido introyectado. Su eficacia reside en que, varianzas teóricas de por medio, se alcanza una triple operación: formular conceptos, dar cuenta de que el movimiento también es con el cuerpo, y ponerle un nombre a un método que prospera y se enriquece ad-infinitum.

Y, por si fuera poco, en Nodaléctica hay una novedad: se habilita otro modo de lectura posible, porque en este libro es más abundante que en otros el material estrictamente coyuntural. El autor habla de política, se mete en los gestos, en la agenda, explicita lo que piensa de eventos que están en una lista de sucesiones, corriendo el riesgo permanente de la re-escritura o la reinterpretación. Sella con sus interpretaciones la lectura de tales eventos; de todo ello, mi capitulo favorito es, por lejos, Cristina en Arsenal. Sin ánimos de spoilear el libro quisiera detenerme en esto último, poner en valor que en Nodaléctica hay una gran lectura política de los acontecimientos, y es posible leerlo en dicha clave.

Nodaléctica entonces tiene mucho de filosofía, algo de psicoanálisis, pero sobre todo tiene política. O, al menos para mí, en la política aparece la clave más potente sobre lo que está por venir en la producción teórica del autor, sobre cómo piensa valerse del nudo, ahora que el nudo es una trenza de métodos (ontológicos, ideológicos y éticos) que se tuercen como las cadenas de su ADN y que le dan a la política la misma relevancia que a la filosofía y el psicoanálisis. Roque parece resolver a lo largo de este libro algo más que el escollo filosófico-conceptual sobre el que tan rigurosamente ha venido trabajando, la coyuntura lo atraviesa y así lo asume, brindándonos inclusive el testimonio, nada más y nada menos, que de su pase analítico, fielmente reflejado en el libro. Inscribe y sitúa en ejemplos el uso en el campo de la política de un método de trabajo que históricamente estuvo subyugado al psicoanálisis. Por todo eso sospecho que este libro marca una dirección, que nos señala cómo pone el cuerpo su autor, cómo permite que las balas entren, cómo enfrenta sin temor los atravesamientos fantasmales. “Las practicas no suelen coincidir consigo mismas” (p. 137), nos advierte y le hace frente a las “estériles distinciones esquemáticas”. Lo que hace causa aquí, en la carne, es la política. Con la política el movimiento del nudo se vuelve una imperiosa necesidad, con la política vemos a Roque salir del laberinto del nudo y hacerlo nada más y nada menos que por la vía de la deconstrucción. En Nodaléctica hay, sin embargo, cierta topología pero esta vez es estrictamente territorial, se trata de ganar los espacios, de generarlos. Nodaléctica es la tierra fundante, mas nunca firme, en la cual su fundador clava la bandera y traza una diagonal. Nodaléctica es una puesta en acto del pensamiento crítico que es el reverso del nombre propio de Farrán. La manera más amable que encuentra el autor de correrse de la escena para que su herencia lo exceda, sin que por ello vaya a descuidar la frontera que es la guerra por el sentido y la subjetivación, sin que por ello vaya abandonar el riguroso trabajo con los conceptos. Nodaléctica, un nudo, una trenza, una diagonal en tiempos más que aptos para estas trazas. Diagonal y transversal, sinónimos en el gesto político, fue lo que otrora Néstor vino a hacer. Así es como Nodaléctica deja entrever el deseo de política como un deseo de volver sobre los conceptos, pero si se trata de volver, se ha de volver mejores, aprendiendo de los errores de la “sintonía fina” en Badiou y Lacan.

* Investigadora, Universidad Nacional de Córdoba-Conicet.

 

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